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25 de Feb de 2021

Redacción Digital La Estrella

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Tolerancia para los gitanos

‘ Escribir es entender una angustia’. Los recientes acontecimientos históricos de limpieza étnica y racismo de Estado en Francia, la des...

‘ Escribir es entender una angustia’. Los recientes acontecimientos históricos de limpieza étnica y racismo de Estado en Francia, la destrucción y desmantelación de los campamentos gitanos y la expulsión y deportación de cientos de gitanos por las autoridades francesas, hieren profundamente los principios de libertad, igualdad y fraternidad de que hace gala la Revolución Francesa.

Esta infamia constituye una vergüenza, un delito de lesa humanidad en pleno siglo XXI.

Enterradme de pie: La odisea de los gitanos, de Isabel Fonseca, es un magnifico trabajo de antropología de campo sobre los códigos de la cultura romaní producto de trece años de investigación, un intenso estudio de la historia, vida y cultura de los gitanos. Isabel es una periodista newyorkina, esposa del escritor británico Martin Amis, pasó cinco años viviendo con familias gitanas. Nunca la dejaron sola, para ellos la soledad es la peor pena concebible, no creen en la intimidad, mientras más ruidosos, mejor. A los gitanos les ofende la visión de las rodillas femeninas, los gitanos mienten muchísimo.

En esta cultura las mujeres trabajan más que los hombres, su idioma es el Romaní, no tienen libro sagrado propio, se reivindica lo colectivo, evita lo introspectivo. Se ha dicho que los gitanos son una minoría descendiente de malditos de Caín, indeseables, mendigos, parásitos, ladrones, condenados a vagar por todo el mundo recogiendo recuerdos.

Muchos esclavos gitanos se convertían en bufones, los gitanos se transmitían de padres a hijos, las gitanas eran buenas concubinas. Muchos gitanos mutilan a sus hijos para utilizarlos como mendigos.

La creciente manifestación de actitudes intolerantes, persecuciones racistas, es grave, preocupante. Este grupo minoritario perseguido tradicionalmente a través de los años ha sido esclavizado, torturado, despreciado, mantiene su condición de paria. Viven marginados. A los gitanos se les trata peor que animales. En Europa hay 400000 gitanos esclavos y 200000 están sepultados en las tinieblas de la ignorancia y la barbarie, víctimas de agresiones colectivas, producto de la xenofobia e intolerancia. La esperanza de vida es de 12 a 15 años inferior a la media. Sus casas son destruidas, cuando las reconstruyen, las vuelven a quemar sus enemigos.

Hay muchas historias ocultas, sus rostros no mienten, sufren frecuentes agresiones. Pedir es una profesión antigua. Son rechazados, viven como pueblo ambulante en profunda miseria. Algunos proxenetas gitanos promovían la prostitución infantil, pagaban sus servicios con dulces.

La sistemática deshumanización se remonta al siglo XV cuando el príncipe Vlad, Drácula, padre del empalador capturó 12000 individuos que parecían egipcios y se convirtió en el primer importador de gitanos como esclavos. Drácula capitaneó un ejército de gitanos. La historia de la esclavización de los gitanos se extendió por más de cuatro siglos. El príncipe Mircea donó 300 familias al monasterio de Cozia. Los gitanos eran posesiones humanas que podían venderse como ganado. El comercio de gitanos fue un hecho real, era la casta esclava en Europa.

Se convirtieron en un problema social con tendencia innata a la delincuencia. Todavía encontramos domadores de osos danzantes, adivinas. Durante la guerra, 36000 gitanos rumanos fueron deportados a campos de trabajo en Transilvana, regresaron solo 5000. Las purgas étnicas son expresión del odio antiguo e intolerancia. En el Valle de los Lobos incendiaron una comunidad gitana de 19 casas en represalia, porque uno de sus miembros había violado a una joven embarazada de nueve meses.

En Rumania se delimitaron zonas y sus habitantes. Algunos metían caballos en los departamentos, hacían fuegos en el piso de la sala.

La xenofobia hacia los gitanos en Europa no es nada nuevo, han sido expulsados, víctimas de la miseria, incendios, palizas masivas, asesinatos, muchos han quedado lisiados. Los ataques han tenido connotaciones étnicas. Proceden de una clase paria de la India, llevaban esclavitud en la sangre, se les situaba a la par que los animales domésticos. Algunos gitanos para mantenerse libres se perdieron de vista, escapando. Más que el miedo, les silenciaba la amargura, la humillación de pertenecer a una tribu y nación mendiga, por sangre y cultura, han sido calificados de incendiarios.

A muchos niños gitanos se les encajona automáticamente en escuelas especiales para discapacitados mentales, hijos de analfabetas.

Los gitanos, igual que los judíos, fueron perseguidos y asesinados por los nazis. En Italia hacia 1995 quedaron mutilados varios niños por ataques con bombas.

La mendicidad gitana reivindica un linaje bíblico condenado a andar errante por no haber socorrido a José y María cuando regresaron de Egipto, por descender de los asesinos de los niños de Belén y haber forjado los clavos utilizados en la crucifixión.

Una de las cantantes poetisas gitanas más grandes fue la famosa polaca Bronislawa Wajs, (1908—1987), Papusza ‘Muñeca’ nombre romaní por el que se conoció. Desde niña se empeñó en aprender a leer, acabó escribiendo una colección de extraordinarios poemas, testimonios de la historia de su pueblo. Narró la vida clandestina en los bosques durante la Guerra por esto se le consideró ‘traidora’ e impura, fue excluida del grupo, condenada a muerte en vida por haberse emancipado y convivido con los blancos, por cantar con voz propia sobre la vida gitana. Terminó recluida en un hospital psiquiátrico, sola, aislada durante 34 años hasta su muerte.

*PSICÓLOGA Y DOCENTE UNIVERSITARIA.