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21 de Jan de 2021

Geraldine Emiliani

Columnistas

El enamoramiento en la vejez

Cuando el enamoramiento es en la vejez hay aspectos que son realmente curiosos

El enamoramiento en la vejez
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Cuando el enamoramiento es en la vejez hay aspectos que son realmente curiosos. En un sondeo aplicado a 50 personas del sexo masculino sin compromisos conyugales y entre los 65 y 85 años de edad, se les preguntó: ‘¿Está usted en la disposición de enamorarse nuevamente?’. Cuarenta y siete (47) respondieron con un ‘sí’ rotundo. Los tres restantes dijeron que no, debido a que no desean pasar por ‘ridículos’.

A los que afirmaron ‘sí deseo enamorarme nuevamente’ se les hizo la siguiente pregunta: ‘¿Si tiene la oportunidad de enamorarse nuevamente, se interesaría por una mujer que no pase de los 30 años?’. Veintiocho (28) respondieron ‘sí’; cuatro (4) se ubican entre las de 30 y 40 años; cinco (5) escogieron a las que están entre los 40 y 50; diez (10) las desean entre los 50 y 60 años. Ninguno optaría por mujeres de más de 60 años, salvo que estén físicamente atractivas, sexualmente activas y, que sean ‘inteligentes’. Todos coincidieron en que el atractivo físico, la inteligencia y la disposición al sexo, es fundamental. El 60 por ciento de los encuestados las prefiere que ‘hablen poco’.

No obstante, el 85 por ciento se refirió a la falta de tolerancia para enamorarse nuevamente de parte de sus hijos, nietos y la sociedad. Todos reconocieron que al estar en una edad de adulto mayor, el atractivo, la seducción y la amabilidad son los ingredientes fundamentales para caerle a cualquier mujer y, que ellos cumplen con estos requisitos.

Del varón y la mujer adultos mayores se espera sensatez, mesura, realismo, serenidad. Pero, en algunos existe un prejuicio en relación al tema: Miguel, de 73 años, protestó ante las preguntas sobre su versatilidad en cuestiones amorosas: ‘No ando de payaso buscando enamorarme. Se corre el riesgo de serlo en la vejez y entonces uno se vuelve ridículo’. O, como dicen los españoles: ‘Vejez enamorada, locura declarada’.

Según estadísticas, el 50 % de las parejas casadas de toda la vida envejecen juntas sin problemas. La otra mitad convive en medio de un infierno pequeño, mediano o grande, con diversos grados de separación bajo el mismo techo hasta en camas separadas. Se señala, además, que la presencia de los hijos llega a postergar los conflictos conyugales, y cuando ya no están, los conflictos aparecen. Claro está, que en un matrimonio sano, esto no es así.

La fascinación de los adultos mayores por las más jóvenes, no obedece tan solo a un modelo de belleza exclusivo de la juventud; la inteligencia y una gran dosis de madurez emocional son otros atractivos importantes que influyen afectivamente y sexualmente en ellos, haciendo que conserven y perfeccionen su cuerpo gracias a la sustitución hormonal, las dietas y el ejercicio. Una verdad al respecto: ‘No se puede evitar la muerte, pero se puede vivir mejor antes que llegue’.

En relación a la sexualidad de la pareja otoñal puede expresarse en toda su plenitud. La idea de que la primera etapa de matrimonio busca el sexo, la segunda los hijos y la tercera solo la compañía, no es del todo cierta. Hay nuevas fórmulas para el amor y la sexualidad del adulto mayor. Algunas creencias erróneas contribuyen a obstaculizar el esperado disfrute de una adecuada sexualidad en la vejez. Que a su vez, favorece que la persona no haga esfuerzos por buscar soluciones. Estas creencias causan y mantienen el problema. Veamos algunas de ellas: la vejez se asocia inevitablemente al declive del interés sexual; la menopausia disminuye la atracción sexual; es indecente, de mal gusto, que las personas mayores se interesen por el sexo; la actividad íntima, es cosa de jóvenes; el sexo es básicamente, el coito, otro tipo de relaciones sexuales son extrañas e inadecuadas; la actividad sexual en la vejez no es apropiada para la salud, debilita a las personas mayores; el adulto mayor ya no necesita, como los jóvenes, mantener relaciones amatorias.

El proceso de envejecimiento no puede evitarse, pero sí se puede retrasar su velocidad y la probabilidad de aparición de enfermedades, aumentando la esperanza y calidad de vida durante los años previos a esta condición de vida, consiguiendo con ello ampliar la expectativa de vida activa o el alcance de una vejez con éxito.

PSICÓLOGA