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01 de Jun de 2020

Bolívar González

Columnistas

Mondongos para el señor obispo

‘Los diecinueve cuentos que contiene este libro han sido escritos con ese buen humor, con el detalle de la gente de nuestros pueblos...’.

Con motivo del Centenario de la República de Panamá, el Círculo de Lectura de la USMA editó el libro cuyo título encabeza este comentario. Su autora la doctora Marisín Villalaz de Arias. Es una antología de cuentos sencillos, llenos de sabiduría, de enseñanzas, de ocurrencias.

Me lo había perdido, pues en su momento no supe de la existencia del mismo, pero recientemente lo he leído y releído. Me he reído y divertido hasta más no poder, hasta me brotaron lágrimas de emoción y tristeza al recordar hechos de la infancia contenidos en esta maravillosa obra de cuentos pueblerinos, que sin duda es la obra de quien conoce a profundidad las vivencias, tradiciones, costumbres e idiosincrasia del campesino panameño, en especial las de los de la Región del Canajagua.

Los diecinueve cuentos que contiene este libro han sido escritos con ese buen humor, con el detalle de la gente de nuestros pueblos, con esa refrescante y típica picardía de la mujer campesina. Muchas veces me encontré con la ingenuidad y sutileza de quienes, más por respeto, que por ignorancia, dejan pasar situaciones que producen no solo risa, sino simpatía por los personajes, hasta un poco de cabanga sentí, tal vez, por la sencillez y candidez de los personajes dentro de los argumentos de cada cuento.

La doctora Marisín, como manifiesto, conoce a profundidad la vida del campo, sus vivencias, sus tradiciones y el respeto por el folclor religioso, mismo que deja claro a lo largo de los escritos de este libro; hace gala del conocimiento de esas creencias, ‘juega’ con las situaciones chuscas a veces, pero que son propias de nuestra gente de Los Santos, especialmente de Las Tablas y sus pueblos; manejándolas con maestría. Esto se debe a que, como ella misma me cuenta, gran parte de su niñez, la compartió con sus abuelos en Las Tablas, en el barrio de Punta Fogón, en donde forjó amistades para toda la vida y su abuelo, que era un gran ‘echador de cuentos’, en cierta forma le enseñó este difícil arte. Participó en primera fila en actividades propias de nuestra región, como los paseos en carretas a la playa en el mes de agosto, en las celebraciones del Carnaval, de la Semana Santa; mismas que son un verdadero acontecimiento en aquel y en muchos otros pueblos de nuestro interior del país.

Este libro, tan fácil de leer por la maestría y sencillez con que ha sido escrito, merece un lugar, no en las bibliotecas de cada hogar panameño o de los extranjeros que residen y desean conocer un poco el Panamá verdadero, deben mantenerlo en sus mesas de noche al alcance de la mano, para disfrutarlo repetidas veces. No puedo comprender cómo un libro de una prosa amena, tan diáfana y sencilla, que cuenta historias bonitas de nuestra campiña, no ha sido incorporado al arsenal literario que recomienda o debe recomendar el Ministerio de Educación en la preparación académica de nuestros estudiantes.

Se hace imperativo que MONDONGOS PARA EL SEÑOR OBISPO, igual que otros nuevos libros, sean incorporados como ‘obligatorios’, para que sean leídos y comentados por los estudiantes en nuestras escuelas.

Tenemos en este país, una pléyade de médicos escritores, que, como la doctora Marisín, han dedicado sus esfuerzos literarios a resaltar, darle vida y valor a nuestros campesinos, a las tradiciones, a nuestra historia de luchas por la subsistencia y por nuestra propia identidad de panameños. Menciono solo algunos de ellos que vienen a mi mente, tales como: El inolvidable José María Núñez, Herminio Carrizo, Manuel Fernando Zárate y al muy querido doctor Sergio González Ruiz, entre otros. Profesionales de la Medicina que sacrificaron sus horas de descanso, para dedicarlas a la investigación de las actividades propias de nuestros campos, en los eventos folclóricos de sus regiones, como el Festival del Manito en Ocú, las fiestas de Santa Librada en Las Tablas, el Festival de la Mejorana de Guararé y otros que, aunque de menor reconocimiento nacional, no dejan de ser representativos e importantes.

Otros grandes autores se suman a la temática de los cuentos campesinos como: Carlos F. Changmarín, Mario Augusto Rodríguez, Ignacio de J. Valdés, Rogelio Sinán y muchos otros, como Ramón H. Jurado y Joaquín Beleño C., que expresaron en sus escritos identificación, respeto y admiración por el campesinado panameño.

Finalmente, luego de haber disfrutado MONDONGOS PARA EL SEÑOR OBISPO, solo me queda recomendarles que dispongan de unas horas, de un par de tazas del buen café del Canajagua, una buena hamaca y disfruten de esta magnífica lectura.

ESCRITOR