Temas Especiales

07 de Jun de 2020

Juan Manuel Castulovich

Columnistas

Felipe V, Felipe VI y el modelo de Estado

Felipe VI no tendrá que enfrentar una guerra de sucesión, pero también deberá luchar para conservar su trono y la unidad de España

Después del ‘interregno’ republicano-franquista, iniciado con la proclamación de la Segunda República Española, en 1931, tras la partida del rey Alfonso XIII, y cerrado en 1975, con la muerte de Franco y la ascensión al trono de Juan Carlos I, España volvió a ser una monarquía. Así lo había dejado, ‘atado y bien atado’, ‘el Caudillo’, en la Ley de Sucesión en la Jefatura del Estado. Los Borbones retornaron al trono que venían ocupando desde que Felipe V, inauguró la dinastía, hace ahora 300 años.

Los Borbones accedieron al trono español en 1713. El último de los Habsburgo, Carlos II, murió sin descendencia y su muerte desató la ‘Guerra de Sucesión española’, que terminó decidiéndose a favor del que vino a ser Felipe V, nieto del Rey Sol, Luis XIV, de Francia.

Felipe V era hijo del Delfín de Francia (el príncipe heredero) y, en consecuencia estaba supuesto a sucederle, pero la muerte prematura de su padre trasladó la sucesión a su tío, el futuro Luis XV. Descartado para el trono de Francia, su abuelo reclamó para él el trono español, en virtud de que era nieto de la hija de Felipe IV, de España y porque Carlos II, en su testamento, lo designó para sucederle.

La Guerra de Sucesión Española, entre Francia, por un lado e Inglaterra, Portugal, Austria, los Países Bajos, por el otro, unidos en una alianza antiborbónica, fue zanjada por el Tratado de Utrecht, de 1713. Felipe V fue coronado como rey de España, pero tuvo que comprometerse a mantener separadas las coronas francesas y españolas y, además, ceder varios territorios y posesiones, entre ellas, los Países Bajos a Austria y Gibraltar, a los ingleses.

Felipe VI no tendrá que enfrentar una guerra de sucesión, pero también deberá luchar para conservar su trono y la unidad de España, amenazada por movimientos separatistas y por los retos impuestos por la crisis económica que la sacude desde hace más de un lustro y que tiene como su secuela más visible el más alto índice de desempleo de la Europa comunitaria, especialmente de los jóvenes.

La sucesión en la corona española será posible, porque los partidos tradicionalmente más fuertes, el gobernante PP y el opositor PSOE, consideran que la monarquía todavía puede contribuir a la unidad y estabilidad política del país.

Hace 39 años, cuando Juan Carlos I, asumió el trono, todas las fuerzas políticas, incluido el Partido Comunista, coincidieron en considerarla políticamente imprescindible; pero hoy España vive una coyuntura completamente diferente. La abdicación del rey, cuya permanencia en el trono ya se cuestionaba abiertamente, servirá para posponer, pero no por mucho tiempo, el debate sobre el modelo del Estado español.

Por la Constitución de 1978, que fue producto de un ‘acuerdo nacional’, se consolidó ‘la transición’, en la que se desmontaron los últimos resabios del franquismo y del que fueron figuras estelares los principales dirigentes políticos de la época y, en lugar cimero, el rey Juan Carlos y el recientemente fallecido, Adolfo Suárez.

Durante los gobiernos de la democracia, presididos por Suárez, González, Aznar y, en parte, en el de Rodríguez Zapatero, el país alcanzó importantísimos estadios de desarrollo y con el ingreso a la Unión Europea dejó de considerarse que ‘Europa comenzaba en los Pirineos’. Pero el ‘Acuerdo Nacional’, ya no es más. Cada fuerza política ha tomado su camino. El PP y el PSOE se han vuelto rivales encarnizados, una de las alianzas históricas más sólidas, la de Convergencia y Unión, de Cataluña, se ha fraccionado con el debate independentista; y otras autonomías también reclaman mayor reconocimiento y nuevas fuerzas políticas abogan por un modelo republicano.

Así las cosas, el horizonte del nuevo monarca, en el que muchos ven crecer el contorno de una Tercera República, se vislumbra plagado de retos casi insuperables y no son pocos los que vaticinan que con Felipe VI terminará en España la dinastía de los Borbones y la monarquía.

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