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25 de Nov de 2020

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Ernesto A. Holder

Columnistas

Las posibilidades del olvido

Es difícil abstenerse de opinar sobre los temas tan sensibles que en la actualidad afectan la cosa nacional.

Las posibilidades del olvido
Las posibilidades del olvido

Es difícil abstenerse de opinar sobre los temas tan sensibles que en la actualidad afectan la cosa nacional. Me formo opiniones sobre acontecimientos como el de la semana pasada: la muerte de María del Rosario Cayetana Fitz-James Stuart y Silva, XVIII Duquesa de Alba y lo relevante de sus tantos títulos de la llamada ‘nobleza’, el seguimiento que mucha gente le da a esas cosas de la realeza, sus vidas y toda la exorbitante riqueza que acumulan y disfrutan haciendo nada realmente significativo por el resto de la humanidad. Me pregunto si sabrán en realidad lo que cuesta la vida diaria para muchos ‘innobles’ del resto del mundo.

Dos esgrimistas del equipo panameño tuvieron diferencias; se liaron a golpes y fueron sancionadas con la expulsión de la delegación que nos representa en México. Eso es bueno: ‘certeza del castigo’. Así se instituye orden y disciplina. Es tema a desarrollar ante tantas oportunidades que otros obtienen cuando quebrantan los reglamentos y las leyes una o repetitivamente.

Nadie puede negar que exista un halo de escepticismo respecto a los casos de corrupción que salen a la luz pública. También es bueno que se esté conociendo lo extenso de tanto descaro. Pero nadie se atreve a apostar a que los involucrados van a pagar justamente el delito cometido, como las esgrimistas. Y mucho menos, que los ‘cocotudos’, como se les dice popularmente, serán señalados, juzgados e irán a la cárcel.

Después de un tiempo prudencial, seguirán disfrutando de lo que han mal obtenido y nos seguirán mirando con desprecio histórico; así son, así siempre ha sido: corruptos y despreciativos. Pero por el momento hay que pensar que es posible cobrarles la deuda del descaro y de la burla.

Este país hay que echarlo para adelante; pero si no hacemos una pausa —completa—, seguiremos en un espiral destructivo que puede llevarnos a los niveles de violencia que algunos países del continente experimentan en estos momentos. Pausar con mucho cuidado. Sucede que en la develación de actos de corrupción, corren peligro los resultados finales; entre las consideraciones y cálculos para que los casos no se caigan... producto de tecnicismos legales y mientras se espera el nombramiento de un nuevo procurador y contralor de la República.

En las escuelas de negocio y las culturas empresariales de innovación la máxima superior es que se ‘piense fuera de la caja’ (‘think out of the box’); y esta propuesta de concentrarse en el asunto de recuperar los bienes de la Nación, y poner a buen recaudo a los corruptos, cae dentro de ese marco de pensamiento. Pero les propongo otra línea de pensamiento para que evaluemos seriamente dónde nos encontramos ante tanta desvergüenza.

Si alguien pudiera hacer el trabajo de averiguar ¿cuántas personas (niños, jóvenes, ancianos) murieron en los últimos cinco años como consecuencia de la falta de medicamentos en los hospitales y centros de salud alrededor del país?, ¿cuánta gente murió como consecuencia de la falta de equipo médico-hospitalario para realizar operaciones o atenderla adecuadamente?, ¿cuántos jóvenes talentosos perdieron la oportunidad de educarse en alguna buena universidad a nivel internacional —por ejemplo— pagado por el Estado para garantizar una generación que pueda llevar adelante el país desde las bases de las capas medias y los más pobres... y no solo los hijos o sobrinos de los más acaudalados?, ¿cuánto es que se estima se han robado estos ex servidores públicos?, ¿cuánta gente pudiéramos salvar de la pobreza? Esas eran las posibilidades.

En este país, Manuel Antonio Noriega está preso por causas en la desaparición de varias personas; incluyendo el cura Héctor Gallegos y otros asesinatos sin resolver. No me toca defender a Noriega; pero si se hace la investigación de las preguntas planteadas en el párrafo anterior, el Gobierno y el Estado tienen la obligación de meterlos presos: no por peculado, sino por la muerte de tanta gente humilde bajo las premisas presentadas. Pensemos fuera de la caja y encontraremos la indignación para no renunciar hasta que se haga justicia.

Lo temerario es que queden por allí... andando por la calle, como si nada hubieran hecho; algunos, expresando opiniones en los medios de comunicación sobre los asuntos públicos, metidos a religiosos. O que al morir, se les traten como nobleza... cuando el olvido histórico haya sido su mejor cómplice. Esa también es una posibilidad.

COMUNICADOR