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24 de Oct de 2020

Aramís Averza Colamarco

Columnistas

Un edificio sin alma

'Por un segundo me pasó por la mente lo impensable, ¿una escuela sin niños?'

Hace unos días, me tocó ir al colegio de mis hijos, con el fin de ir concluyendo los arreglos para el que esperamos sea su último año, pues este año cursan el sexto año, lo que los enviste, gracias a Dios, con el título de graduandos.

Independientemente de las adecuaciones y arreglos que se le han practicado al colegio, algo que me estremeció el alma fue el silencio que experimenté al entrar en los pasillos del mismo. Acostumbrado por años a caminar en medio de un bullicio permanente, de esas mentes incansables e inquietas llamados niños, el silencio para mí fue más que aterrador.

Por un segundo me pasó por la mente lo impensable, ¿una escuela sin niños? Esto es imposible, ya que lo que le da el alma al colegio son los niños, sin ellos, por más estructura que tengas, las escuelas no existen, no tienen ningún sentido.

Ahora que nos acercamos a iniciar otro año escolar, sería bueno que los administrativos y docentes de los diferentes colegios hicieran un convivio en el cual quedara de manifiesto, y para siempre, que, sin lugar a dudas, lo más importante en cualquier colegio son los estudiantes, sin ellos los colegios simplemente no existen, no tendrían razón de ser.

Y es por ellos que tienen trabajo y salario que les permite llevar el sustento a sus hogares, entonces hay que estar agradecidos de que existen estudiantes, más si usted es buen docente y un administrador juicioso, deben trabajar para brindarles el mejor servicio posible.

Los padres de familia (en su mayoría) deseamos el bien a los profesores y administradores de los colegios de nuestros hijos, pues si a ellos les va bien, es lógico pensar que esa felicidad se verterá, de manera directa o indirecta, sobre sus estudiantes, o sea, nuestros hijos, y así esperamos que sea.

Durante los once años de colegiatura de mis hijos, me ha tocado lidiar con cualquier cantidad de docentes y administrativos, buenos, malos e incluso perversos, dignos de una película de terror, que de eso podría escribir páginas enteras; pero lo que nunca he hecho es descuidar el accionar de mis hijos dentro y fuera del colegio.

Por esto, es de suma importancia que los padres de familia estemos pendientes de nuestros estudiantes: durante la mañana motivarlos antes de entregarlos al colegio; durante el día, estar pendientes de que todo esté bien y al regreso, garantizarles una hermosa bienvenida, así como un tiempo durante el cual nos puedan contar sus vivencias del día y ayudarlos a completar sus tareas, con el fin de que estén adecuadamente preparados para la vuelta al colegio al día siguiente.

Este proceso debe ser cíclico y es el que nos garantiza el aprendizaje permanente de nuestros hijos y la continuidad del bullicio en las escuelas; porque estas sin estudiantes, no tienen razón de ser, serían solo un edificio sin alma.

BIÓLOGO MARINO.