Temas Especiales

01 de Jun de 2020

Paulino Romero C.

Columnistas

Para gobernar pensando en Panamá

Es deber gobernar pensando en Panamá. Analicemos brevemente el enunciado.

E s deber gobernar pensando en Panamá. Analicemos brevemente el enunciado. Para que un gobernante democrático trate de actuar con visión de Estado, vale decir, si entiende y está convencido de que debe dar primacía a los intereses del país y no a los intereses personales, familiares, de amistad ni a los de un grupo de presión, aunque este sea su propio bloque político o incluso su partido, es necesario que tome algunas decisiones difíciles, incluso a veces impopulares, con miras al bienestar común a largo plazo. ¡Ese es el sacrificio que debe hacer todo buen gobernante!

Los principios y valores que inspiran a un gobernante responsable determinan su manera de entender el bien común, pero no resuelven automáticamente las dificultades. Se puede estar bien inspirado y al mismo tiempo equivocarse en el diagnóstico de los problemas o escoger los instrumentos menos adecuados, para resolverlos. Para gobernar eficazmente se requiere claridad de objetivos, pero también flexibilidad en los medios para conseguirlos. En el pasado, tuvimos gobernantes y estadistas ejemplares, tales como Belisario Porras, Harmodio Arias Madrid, Enrique Adolfo Jiménez, Ernesto de la Guardia Jr. y Roberto F. Chiari. Todos ellos son gratamente recordados, porque lograron avances significativos en la consolidación institucional, social y económica de la Nación panameña, incluyendo también entre sus logros el mejoramiento de la educación nacional.

Cabe mencionar que respecto al deterioro de la educación durante los últimos 15 años, correspondiente a las administraciones de los periodos de Gobierno 1999-2004, 2004-2009 y 2009-2014, esos Gobiernos, en su intento de avanzar en el mejoramiento de la educación, transitaron por caminos llenos de baches, en los que la posibilidad de perder el rumbo ha sido muy alta. Pero las dificultades se han agravado últimamente, debido al déficit que muestran quienes dirigen los rumbos de nuestro país en materia de política educacional. Un asunto tan complejo como el de la educación, lejos de atenderse seriamente con sentido de planificación pedagógica, se ha tratado mediante reformas más bien cosméticas, que, si acaso, permiten disimular que el tema ha quedado al garete, lo que ha creado un caldo de cultivo para muchas consignas extemporáneas o simplemente demagógicas.

Ha hecho falta hablar con los maestros, profesores y estudiantes de todo el país, incluso con los padres de familia o tutores, para que todos ellos aporten y reciban información sobre los problemas educativos. Es evidente que en lo que atañe a los maestros y profesores la desinformación ha sido muy grande, y que los líderes de los gremios docentes han perdido la fe y la credibilidad en las autoridades del ramo educativo, incluyendo ministros, viceministros, directores regionales, administrativos, técnicos, incluso directores de colegios y escuelas. No cabe duda de que el país necesita un nuevo marco institucional para materializar los cambios educacionales.

Por cierto, ninguna ley resolverá los problemas de la desigualdad social, que también son causa básica de las dispares oportunidades educativas. El asunto es cómo disminuir las brechas en el sentido de mejorar sustancialmente la enseñanza en las escuelas y colegios oficiales. No bastan los discursos generales sobre la justicia social, la pobreza, la libertad o el progreso. Hay que buscar la forma específica de avanzar hacia los objetivos en las condiciones de un régimen democrático.

El Gobierno, independientemente de quien lo lidere, debe hacer los mayores esfuerzos de diálogo y entendimiento con los educadores, pero su obligación es sacar adelante las iniciativas: seguir incrementando el gasto público en educación; establecer un buen servicio de supervisión escolar; mejorar la gestión de los colegios; elevar la calidad del desempeño de los maestros y profesores; seguir dignificando la carrera docente mediante nuevas mejoras en remuneraciones; reforzar las buenas experiencias metodológicas en la sala de clases; actualizar la carrera de pedagogía, etc.

Las transformaciones educacionales son parte de la agenda social, es decir, se vinculan a la posibilidad de ensanchar el horizonte de los hijos de las familias de los estratos socioeconómicos bajo y medio, para que ellos tengan oportunidades que no tuvieron sus padres ni sus abuelos.

¡La Patria y nuestro régimen democrático reclaman con urgencia una auténtica educación integral panameña!

MAESTRO DE CIUDADANOS.