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24 de Oct de 2020

Harry Castro Zachrisson

Columnistas

Por qué fracasan los países

Lectura obligada para nuestros gobernantes y la élite empresarial criolla, ésa que controla las riquezas del país.

Por qué fracasan los países
Por qué fracasan los países

Siempre me parecieron aburridísimos los textos y tratados de economía. Los últimos economistas que leí obligado, fueron en la universidad, a eruditos economistas como Adam Smith, Paul Samuelson, Joseph Schumpeter, con sus textos explicativos acompañados de cuadros, tablas, tendencias y aproximaciones; hasta que recientemente hallé una obra excelente que cambió mi perspectiva sobre esta imprecisa ciencia: ‘POR QUÉ FRACASAN LOS PAÍSES' (‘Why Nations Fail').

Trátase esta obra de la contribución de dos reconocidos profesores universitarios, Acemoglu y Robinson, el primero nada menos de M.I.T., el segundo politólogo y economista de Harvard, que revolucionaron al mundo con sus teorías, con tan fascinante publicación. Han sido objeto de elogios y admiración de cinco (5) ganadores distintos del Premio Nobel de Economía: Arrow (1972), Solow (1987), Becker (1992), Akerlof (2001), Spence (2001) y Diamond (2010). Lectura obligada para nuestros gobernantes y la élite empresarial criolla, ésa que controla las riquezas del país. Les sugiero hojeen esta obra con detenimiento, pues los autores de este trabajo magistral, muestran cómo las ‘elites poderosas manipulan las reglas para beneficiarse en detrimento de la mayoría'. Insisten, sus autores, en que ‘en todo momento y lugar, las personas poderosas siempre procuran hacerse con el control del Gobierno, menoscabando el progreso social a favor de su propia codicia'.

El libro intenta explicar la desigualdad mundial y rechazan la teoría ampliamente aceptada de que las diferencias climáticas geográficas, culturales y la ignorancia, son las causas de la desigualdad mundial. Ni la cultura ni la geografía ni la ignorancia ni el clima pueden explicar los caminos divergentes que toman las naciones. Hay que analizar más bien las políticas dictaminadas por las instituciones de cada país. El éxito económico de los países difiere debido a las diferencias entre sus instituciones, a las reglas que influyen en cómo funciona la economía y a los incentivos que motivan a las personas. Lo que denominan instituciones económicas inclusivas (como Corea del Sur) o instituciones económicas exclusivas (como Corea del Norte). Instituciones inclusivas son las que deben ofrecer un sistema jurídico imparcial, seguridad de la propiedad privada y servicios públicos que proporcionen igualdad de condiciones y por antonomasia, instituciones exclusivas que son aquellas que no ofrecen estas condiciones (el Congo).

Agregan, que sufrimos debido a la corrupción, la opresión y la educación deficiente, por la incapacidad gubernamental para ofrecer servicios públicos y la falta de igualdad de oportunidades para su gente. Todos los impedimentos económicos a los que nos enfrentamos proceden de cómo se ejerce el poder político; poder éste último que se ha concentrado en pocas manos y se ha utilizado para crear una gran riqueza para quienes lo ostentan.

Insisten en que los países que se han hecho ricos es porque ciudadanos derrocaron a los élites que controlaban el poder y crearon una sociedad en la que los derechos políticos estaban repartidos, en la que el Gobierno debía rendir cuentas y responder a los ciudadanos y en la que la gran mayoría de la población podía aprovechar las oportunidades económicas (U.S.A.). Es una transformación política de este tipo lo que se necesita para que una sociedad pobre pase a ser rica.

Demuestran sus autores, en forma convincente, que los países se libran de la pobreza solo cuando cuentan con instituciones apropiadas, en particular, en lo referente a la competencia y propiedad privada.

Todas las afirmaciones y conclusiones a que llegan los autores, están basadas y repleta de una cuidadosa selección de ejemplos de admirable riqueza, de centenares de años de datos históricos de política y economía reveladores; paseándose por todos los continentes (Asia, África y América).

Es un libro ameno, fascinante, además de interesante e imprescindible, instructivo, claro en su escritura, elegante en su argumento y además, de ser justos con todas las corrientes políticas.

No solté el texto hasta llegar a la última página; animo a los políticos y empresarios prominentes, comprometidos con nuestro país, a convertirse en lectores apasionados de esta obra, este estudio crítico de lo más significativo, texto de gran impacto universal. Quizá con su lectura, análisis y reflexión, logremos erradicar la corrupción galopante que nos azota, decrecer la deuda externa abismal que adquirimos, frenar el desempleo que aumenta y reforzar las instituciones enfermas que agonizan.

Felicito a estos dos expertos mundiales en desarrollo, al contribuir a la función social de los escritores.

ABOGADO