Temas Especiales

21 de Jan de 2021

Eduardo A. Reyes Vargas

Columnistas

Nuestros trabajadores: entornos no saludables

Un elemento señalado como causas muy singular es nuestra deficiente educación

Es frecuente escuchar a servidores públicos de alta jerarquía y voceros de los empresarios señalar el problema de las limitadas competencias y productividad de nuestros trabajadores en general. Me refiero a profesionales y no profesionales.

No dudamos de que sus aseveraciones estén respaldas por la experiencia cotidiana. En lo personal, lo observamos a todos los niveles. Sin embargo, por ser sus causas complejas y diversas, así son sus soluciones: complejas e integrales.

Un elemento señalado como causas muy singular es nuestra deficiente educación. En definitiva la nuestra no obedece a las necesidades reales de nuestro país.

Después de tantas mesas redondas sobre educación realizadas que buscan las adecuaciones del sistema educativo en Panamá, se permanece en el mundo de la hermosa y ensoñadora retórica que choca con la lamentable realidad.

Además de ese elemento importante para mejorar a nuestros trabajadores existe un entorno creado, avalado y potenciado por Gobierno y empresa privada, que propicia el placer y la irresponsabilidad excesiva como metas y objetivos primarios del trabajador panameño, lo que avasalla y obstaculiza ese deseo de superación académica y los valores fundamentales de una sociedad responsable y disciplinada.

Ha penetrado en profundidad a la mejor escuela: la familia.

Así como existen ambientes obesogénicos que propician la obesidad, como son las ofertas de comida chatarras, azúcares en exceso o el sedentarismo, etc., podríamos hablar (violentando nuestra lengua española más allá de lo que lo hacen ciertos medios o educadores), de ambientes ‘chupogénico', ‘vagogénico', ‘irresponsablegénico' y ‘deshonestogénico', entre otros. Igual influye la ausencia mayoritaria en nuestros entornos laborales del trabajo decente, como lo señala la OIT.

No es de extrañar que esta sociedad se queje de violencia doméstica, de crímenes y embarazos precoces, además de las faltas de competencias y productividad de los trabajadores a todos los niveles. Al final tienen orígenes estructurales similares y comunes que tímidamente se desean cambiar.

Cada importante actor esboza soluciones, pero cuidándose de que no le afecte su interés personal. Son parchecitos para una gran herida social. Entonces, Gobierno, sociedad civil, religiosa, empresarial y clase trabajadora uníos para hacer reformas profundas a corto, mediano y largo plazo que erradiquen estas indeseables causas que nos tienen viviendo una nación casi colapsada, carente de los más elementales principios éticos y morales.

Que no se enarbolen egoístas derechos de unos y otros, para impedir esta necesaria y urgente renovación.

De lo contrario, seguirán pasando quinquenios, lustros, siglos, etc. y la nación panameña seguirá sumida en su permanente tercermundismo de todo tipo. ¿O es que estamos convencido de que somos del primer mundo?

MÉDICO INTERNISTA.