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29 de Feb de 2020

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Jorge Luis Macías Fonseca

Columnistas

Idioma español y mercadeo

Constitucionalmente el idioma español es el oficial de Panamá.

Constitucionalmente el idioma español es el oficial de Panamá. Incorporado a la sociedad hispanoamericana desde los tiempos hispánicos o coloniales, vino a constituir un factor esencialísimo de ella y diríamos el más importante de todos, en tanto y en cuanto, se convirtió en el elemento sustancial de las naciones de América Latina.

De manera que la gran tarea es la de preservar sus esencialidades, eso sin dejar de tener presente que, como una lengua viva, puede y debe ser susceptible a las innovaciones conceptuales. Ahora bien, con marcada regularidad aparecen —en razón de lo que se conoce como mercadeo— expresiones principalmente anglosajonas que buscan promover un producto o un evento, bajo el argumento de que con ello es más efectivo, para la asimilación del comprador.

No cabe ninguna duda que esa actitud conlleva a un ataque al idioma español y consecuencialmente a la mismidad de la nación. Ninguna razón de mercadeo puede llevar al convencimiento de que interviniendo el idioma puede garantizarse el éxito de la empresa. En el idioma de Cervantes hay suficientes recursos lingüísticos para impulsar una oferta y no necesariamente con la incorporación de anglicismos.

Pero el asunto adquiere ribetes interesantes cuando en los espacios educativos, principalmente en el universitario, se estimulan fórmulas como las que señalamos, pretendiendo con razones infundadas, avalarlas con la pueril excusa de que la promoción tuvo esa dirección, porque debe ir más allá de las mentes cansadas o caducas. Es importante indicar que hay una extraordinaria responsabilidad de parte de quienes tenemos la misión de informar y formar, de guiar y de construir mentes fecundas para la patria. Uno de los empeños, irrenunciable por cierto, es el de ayudar a conservar lo que es parte consustancial del país: el idioma español.

Con extrañeza, recibí los argumentos de rechazo a mi posición de negar la promoción —hecha con anglicismos— de un evento en el Centro Regional Universitario de Colón. Todos los razonamientos contrarios, sin una razón que pudiera rebatir con seriedad lo que señalo, se quedaron en una apurada defensa de la intervención del inglés en el español.

Lo triste de todo —reitero— es que se da en el claustro universitario colonense. Nadie niega la importancia del idioma inglés, como igual el de otros. Sin embargo, hay normas gramaticales que cumplir, hay formas idiomáticas que preservar. Y es el caso que los docentes tenemos que estar a la vanguardia de esto. Aceptar por el afán de ‘mercadear' el atropello al español, es asumir una actitud de complicidad frente a las actitudes que promueven su deterioro.

Dejo constancia de que todo se da en el marco de los eventos de promoción a una candidatura (CRU de Colón) al Consejo General Universitario (CGU), la cual cuenta hasta el momento con mi respaldo. No obstante, consigno mi distancia a todo —como el caso que nos ocupa— lo que vaya en la línea de irrespeto a nuestra lengua.

DOCENTE UNIVERSITARIO.