Temas Especiales

31 de Ene de 2023

  • Vicente A. Caballero Díaz

Columnistas

América Latina vive una emergencia educativa

En conclusión, esta emergencia educativa debe indicarnos qué es lo que tenemos que salvar

En primer lugar debo expresar mis agradecimientos a la Diócesis de Santiago de Veraguas y a la Comisión por el fortalecimiento de la Educación en Veraguas, por la preciosa oportunidad brindada para asistir a una interesante exposición del cardenal José Luis Lacunza, evento socioeducativo realizado en el Centro Regional Universitario de Santiago.

El tema, muy subjetivo por cierto, se titulaba Educación: reto y desafío , ante un mundo cambiante y flexible que tiene que caminar a la par de la educación y, por ende, de las escuelas. Un tema que lo hizo atractivo por ese especial don de oratoria, la actualidad del tema y el compromiso que la sociedad se impone hacer suyo. Podemos hablar de muchos retos y desafíos, pero fundamentalmente, nuestro expositor como invitado de lujo, concretó o puntualizó de manera tajante algunos conceptos que quiero compartir con los amables lectores, una difícil tarea.

El expositor hizo una apretada síntesis de la Educación en el Documento de la reunión de Obispos en Aparecida, Brasil, en donde se manifestó que la Región Latinoamericana vive ‘una delicada emergencia educativa' y, por supuesto, nuestro país no se escapa de esta controversial realidad que, a mi juicio, ha generado una serie de improvisaciones y parches en los programas y planes de estudios. Y, por los años que estuve en el engranaje educativo, pude apreciar esta realidad. Si bien es cierto que el mundo demanda creatividad para ir a tono con los cambios, una realidad es que las escuelas continúan en la rutina, diríamos descontextualizada, por lo que demandan cambios curriculares apropiados de la época en que vivimos.

Y estos cambios que vienen de afuera, conformaron las reformas educacionales de América, aparecen enfocadas primordialmente en la adquisición de conocimientos y habilidades y un reduccionismo antropológico. Se dejó por fuera el corazón, los valores y actitudes, pues se concibió la educación en función de la producción o del mercado, la competitividad y el mercado, para insertarse en el mundo de la producción. Esta concepción trajo consigo el adiestramiento, no la educación. Estos cambios, señaló bien el expositor, afecta lo cultural. Lo que nos convierte en una sociedad inestable y en transición. En conclusión, esta emergencia educativa debe indicarnos qué es lo que tenemos que salvar.

Por otro lado, hay una crisis de sentido: no sabemos muchas veces para dónde vamos, qué es lo que tenemos que hacer, hacia dónde voy, en fin, hay una ausencia de análisis. Se adiciona a este fenómeno la falta de educación en el amor y debilitamiento de la familia. La familia ha perdido su rol protagónico, lo que ha traído consecuencias por falta de autoridad.

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