• 28/02/2012 01:00

Colón: 160 años después

La ciudad de Colón surgió por una imperiosa necesidad de tránsito. Nació como un punto geográfico de convergencia y con un perfil eminen...

La ciudad de Colón surgió por una imperiosa necesidad de tránsito. Nació como un punto geográfico de convergencia y con un perfil eminentemente cosmopolita. Fue así como sus incipientes calles alojaron a grupos humanos heterogéneos con distintos intereses e intenciones, dándole un toque distinto a este punto del país. Por tanto, desde sus orígenes, albergó múltiples contradicciones, que dieron sustento histórico a la conducta de sus hombres y mujeres, y de aquellos que han llegado para quedarse entre su gente.

No obstante, más que ahondar en aspectos históricos-geográficos, quiero abordar, en víspera de otro año de su fundación, la condición deplorable en que se encuentra la ‘segunda provincia en importancia’ de nuestro país. De ahí, que notamos con tristeza que nada ha cambiado en los últimos quince años, pues aún prevalece el estado de cosas que, más que evidenciar crecimiento económico y prosperidad, denota abandono, saqueo, incapacidad administrativa y el amiguismo que priva a la hora de nombrar a los funcionarios públicos que deben guiar la nave de la compleja estructura de una ciudad con las características sui géneris que tiene Colón.

Nuestra provincia, además de sus grandes aportes a la economía nacional, ha contribuido significativamente en la historia, en la cultura, en el deporte y, en el marco intelectual, con egregios colonenses que han sabido escribir con letras doradas sus nombres en la literatura, en la jurisprudencia, en la investigación científica, tecnológica, en el arte plástico, en el quehacer político, en el periodismo, en el arte oratorial, etc.

Entonces, indudablemente, Colón, es una pieza fundamental en el engranaje de crecimiento y de prosperidad del país. No obstante, pese a que el actual gobierno empresarial que rige la vida ‘democrática’ de nuestro país ha puntualizado su inclinación por perfilar a Colón como zona comercial, sustentando sus proyectos en la actividad portuaria, Zona Libre, ampliación del Canal, turismo, aeropuerto internacional, complejos comerciales, etc., existe una profunda contradicción entre ese macroproyecto y el estado en que está la ciudad: Destruida, despersonalizada, con carreteras en mal estado, casuchas condenadas, aguas servidas, basura y, peor aún, un colonense con una actitud pocoimporta y totalmente enajenado, carcomido; como si también le hubiesen condenado su mente, su dignidad y su espíritu de lucha.

Estamos en los albores del siglo XXI, donde inclusive los esquemas de razonamiento deben marcar la diferencia entre un ser humano bien ubicado, en el ámbito de su contexto socioexistencial, y otro que, por circunstancias extremadamente adversas, le ha tocado estar inmerso en un limbo existencial donde prevalece una actitud de espaldarazo permanente a la vida; es decir, no interesarle nada, no soñar con nada y no visualizar nada. Este es el triste caso de nuestros coterráneos.

De hecho, existe la orquestación de un plan con este propósito, lo cual puede explicar el estado situacional que se vive en Colón y la inconsistencia organizativa de sus componentes sociales: Unos adormecidos por su pelechaje político y otros, por la indiferencia que signa su andar. Estos dos componentes, se me ocurre, sirven de caldo de cultivo para que los políticos mediocres y oportunistas que operan en nuestro medio, en claro contubernio con los círculos de poder, expolien a nuestros ciudadanos, se enriquezcan y permitan al capital extranjero apropiarse de las riquezas de nuestra provincia.

Duele ver, por consiguiente, cómo se ha entregado la ciudad de Colón a foráneos, nacionalizados o nacidos aquí, pero guiados por su afán voraz por la acumulación de riqueza. Es el caso que, respondiendo a un proyecto concebido desde lustros, se han vendido globos de tierras (con poblaciones entera, escuelas y colegios adentro) con la complicidad de políticos rapaces y empresarios inescrupulosos que luego, en una suerte de catarsis, para quedar bien consigo mismos, patrocinan balones y sueños de opio a nuestra juventud.

En rigor, en el cumplimiento de un año más de su fundación, se me ocurre, llamar a la reflexión a nuestros paisanos y a la totalidad de la sociedad para que desde una perspectiva de análisis permanente, manejo de información, de interpretación mesurada de indicadores sociopolíticos, participemos como actores comprometidos con los hechos y los acontecimientos, de tal manera que estemos claros en qué queremos, hacia dónde vamos y con quién podemos contar en aras de hacer de Panamá un mejor país, donde nuestra juventud verdaderamente tenga esperanza, tenga futuro y, sobremanera, vivamos en condiciones propicias, para que crezcamos como ciudadanos honestos y con un alto sentido de patria; rompiendo así los esquemas estereotipados de nuestra clase política vigente que, de hecho, son ‘una agrupación de corruptos consuetudinarios’.

DOCENTE Y ESCRITOR.

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