28 de Feb de 2020

Dorindo Jayan Cortez

Columnistas

El agua: una crisis sin olor, sabor ni color

Transitamos por una crisis real, agónica. Nos llega, esta crisis, sin olor, sabor ni color

Transitamos por una crisis real, agónica. Nos llega, esta crisis, sin olor, sabor ni color. Los panameños vivimos en carne y hueso, así como se ha dado en otros lugares, la escasez del líquido vital. Es una de las dificultades que, a lo largo de la República, han afectado a miles de familias cuya angustia se hace sentir cada mañana al percatarse que de las regaderas, de los grifos, no se obtiene nada. Ahora, la crisis pareciera tener síntomas de caos que pone en riesgo todo aquello que de ella depende.

Sumado a que la población panameña no recibe agua potable, está el 27 y 35 % que la obtiene de manera irregular. Estas cifras se han incrementado. Son numerosas las familias que viven en el ‘corre corre' para llenar galones y tanques. Y cuando llega algo de líquido, hay que madrugar a llenar vasijas antes de que se vaya. Es un panorama caracterizado por la incomodidad y que hoy, ante los desastres naturales y ausencia de política pública, se nos presenta como un verdadero caos que amplía el problema a nivel nacional. En el arco seco (región central), el agua ya escasea en el mismo subsuelo teniendo las excavaciones que ser más profundas y aun así no se obtiene el líquido (de los más de setenta pozos perforados recientemente, 27 no reportaron agua).

Los medios de comunicación reportan el panorama incierto que incluye la desesperación generalizada de la población; también el Gobierno nacional ha puesto luz roja y con el Plan Hídrico busca definir alternativas para enfrentar el problema. Si observamos lo que ocurre en el mundo con las sequías y las inundaciones, sumado a la falta de políticas públicas pertinentes, todo esto hace pensar que las desigualdades existentes en el manejo del agua (y su escasez propiamente tal) pueden ser generadoras de devastadores conflictos. Las alternativas ya no pueden ser coyunturalista, la planificación tiene que hacerse con luces largas.

Que cada familia panameña goce del beneficio del agua potable resulta necesidad primaria, vital para su desenvolvimiento. También lo es para la economía. La escasez del agua, o falta de presión, representa un dolor de cabeza que encarece los costos de las actividades y que, al final, se trasladan a la población. Si antes, como me comentara un inversionista de la construcción, era urgente definir una política para la eficiencia del IDAAN, ahora se agotan los espacios de espera para lograr una estrategia nacional del agua que enfatice una política de respuestas continua, no coyuntural, como lo fue en el 2003 el programa ‘agua para todos'. Tenemos que mirarnos en el espejo de otras realidades y tomar en serio las recomendaciones, como las del Foro Mundial del Agua, en el que se propuso un marco de exigencias para enfrentar el flagelo.

En dicho Foro se recomendó: (a) el agua es un derecho humano fundamental, debe garantizarse su acceso en calidad y continuidad; (b) que la sociedad civil participe en la toma de decisiones; (c) que las comunidades rurales cuenten con fuentes seguras de abastecimientos de agua; (d) que nuestros bosques, sabanas, humedales, se conserven como fábricas de agua y se desarrolle una gestión y conservación integrada de las cuencas hidrográficas. Además de estas recomendaciones, creemos que una política nacional, que incluya soporte técnico, recursos suficientes, continuidad administrativa sin politiquería, una visión a larga duración con respuestas permanentes y previsibles, es lo que necesita Panamá para superar esta grave crisis incolora.

PRESIDENTE DEL PARLACEN.