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03 de Jul de 2022

  • Belisario Herrera A.

Columnistas

Castro: bandera sin politiquería

Pero los pioneros no se quedaron quietos, siguieron luchando, ya que la mayoría contaba con magros recursos

Informaciones tardías me dan cuenta del reciente fallecimiento de ese gran luchador Florentino Castro, que hizo causa común con numerosas familias que se trasladaron del terruño rural, junto a no pocas del área urbana y suburbana, acosados por el interés de superar su situación económica, sin tierras para alcanzar el sustento, los primeros y los últimos asediados por los lanzamientos de los caseros, invasión que ocurrió en la década del 50. Lo que es hoy San Miguelito, que se componía entonces de numerosos potreros, sumado a la existencia de terratenientes que, apegados a sus intereses, desataron toda clase de atropellos contra cientos de gentes humildes que, con legítimo derecho humano, procuraban, desesperadamente, levantar viviendas improvisadas, en ese entonces llamadas ‘casas brujas'.

Castro y una enorme colectividad de urgidos por toda clase de necesidades para su subsistencia, tuvieron que enfrentarse fieramente a la naturaleza, derribando con hacha y machete gruesos árboles, matando culebras de todo tipo y combatiendo toda clase de alimañas, en tanto los llamados ‘cuidadores', escopeta en mano, siempre amenazantes, contando sus propietarios con el refuerzo de la Policía Nacional, los perseguían implacablemente, y a los que consideraban más sediciosos los arrestaban, aunque pronto eran puestos en libertad por la presión de organizaciones cívicas, sindicales y de políticos en procura de ganar simpatías.

Todos esos primeros moradores que, junto a Castro, lograron por fin levantar sus viviendas, ya tranquilos, sin persecución alguna, cuando se creó el Instituto de Vivienda y Urbanismo (IVU) durante la Administración del presidente Roberto F. Chiari y surgió la llamada Alianza para el Progreso, nacida en el Gobierno norteamericano de Kennedy, fue cuando tuvieron un avance realmente urbanístico. Pero los pioneros no se quedaron quietos, siguieron luchando, ya que la mayoría contaba con magros recursos. Allí hubo otra lucha en que Castro y cientos de moradores humildes lograron que los intereses en concepto de préstamo de materiales para sus construcciones que les proporcionaba el IVU les fueran rebajados.

El libro escrito por Herasto Reyes, titulado LA HISTORIA DE SAN MIGUELITO, da cuenta fehacientemente de estas luchas y en que el hoy desaparecido Florentino Castro le dio el nombre a esa populosa comunidad, cuando levantó su mano en una competencia deportiva, muy concurrida, portando un refresco dijo: ‘Hay muchos San Miguel Adentro, ¡BRINDEMOS POR SAN MIGUELITO!'. El distrito vino después, gracias al Gobierno Revolucionario de Omar Torrijos. Esta lucha fue encabezada por otra generación, de la que el suscrito formó parte. Esta es otra historia que está por escribirse.

ABOGADO Y PERIODISTA.