La Estrella de Panamá
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14 de Oct de 2019

Zakira Pineda

Columnistas

Todo sigue igual

Nunca me he llamado ‘feminista', porque no me gusta encasillarme, pero tampoco puedo considerarme ajena a la lucha de género

Nunca me he llamado ‘feminista', porque no me gusta encasillarme, pero tampoco puedo considerarme ajena a la lucha de género que es mucho más profunda de lo que se ve. La lucha de la mujer va más allá de tener las mismas condiciones laborales que los hombres, a mi consideración, el camino es que el ser humano en su aspecto femenino se sienta como dice la palabra: ‘humano', real, no como un pedazo de carne, como protector del universo, máquina de hacer bebés o la santidad personificada.

Una mujer es un ser vivo con defectos y virtudes, aunque muchos piensen que soy extremista y romántica, para mí en el fondo a la mujer se le sigue tratando de la misma forma o muy parecido a cuando iniciaron las luchas.

Sí, ahora, podemos votar, ejercer algunas profesiones y otras cuantas cosas más, muchos dirán que nos quejamos sin fundamento o que somos unas quejosas crónicas. Hay sinfines de convenios internacionales, leyes nacionales, etc. que durante toda la historia han perseguido la equidad de género, pero me pregunto si esto en realidad se ha logrado.

No sé mucho del tema, pero aún veo mujeres que sufren por serlo, padecen desde las entrañas, en las que se les cocina el cerebro con esa mentalidad absurda de que deben ser sumisas y aceptar todo por amor, por ese ‘amor' que aparece ensangrentado en los titulares con más frecuencia de la que debería, en pleno siglo XXI ser mujer sigue siendo equivalente a ser madre y esposa incondicional, mantener la compostura o la mala reputación que adquirirás en el camino alejará a todos de tu lado.

Sí, yo también me sorprendo de lo mucho que hemos avanzado y me pongo del lado de aquellos que dicen que eso de la ‘lucha de género' es solo para un grupito que no tiene en qué perder el tiempo. Al final no importa cuántos convenios, campañas internacionales o leyes existan, nada cambiará, si seguimos propagando ese gen conformista y degenerativo que hace sentir a las mujeres menos, que sigue creando individuos que no saben negarse y que no se atreven a vivir como quieren.

Después de todo, cada mal tiene su origen y el de este gen es el mismo vector de siempre: la actitud y el hogar.

ABOGADA