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13 de Oct de 2019

Harry Castro Zachrisson

Columnistas

Trump: el demagogo populista

La retórica de sus propuestas dividen a los estadounidenses, reactivando la polémica política

Ni EE.UU., una Nación con un nivel de desarrollo y crecimiento asombroso, que cuenta con las mejores universidades y centros de investigación, repleto de intelectuales e investigadores, científicos y escritores, puede librarse de contar con políticos de la talla del aspirante del partido Republicano que lidera la intención de voto, Donald Trump; quien además ha dejado reducido al resto de sus contendientes a la candidatura Republicana a la Presidencia EE.UU. El pasado 1 de marzo y los días subsiguientes han sido los mejores para este aspirante a la Casa Blanca y terribles para otros precandidatos que se empantanaron; salvo Hillary Clinton, que lidera la carrera para la nominación del partido Demócrata.

La incursión de Trump en las grandes ligas políticas norteamericanas, no fue tomada en serio; hoy, se proyecta como un actor político fundamental en la escena nacional, preocupando a la clase pensante y hemos sido espectadores de cómo este gran país se pregunta cómo frenar a este individuo que ha granjeado tantos seguidores en tan corto tiempo. Trump, emerge al escenario electoral de repente, con un ‘performance' que lo hizo protagonista en las encuestas, pese a su visión estrecha de las cosas y su egoísta ceguera.

Trump, de una súbita riqueza inmobiliaria, que se ha propuesto, para mal, modificar la historia de este país, es de tono provocador y de discurso incendiario. Un candidato dañino para la convivencia pacífica de los estadounidenses y la tranquilidad del mundo. Lo hemos visto elevar dedos acusadores, transformándose en fiscal del ‘fracaso político estadounidense', mostrando una absoluta falta de respeto sobre temas que generan tanta controversia.

Su vertiginoso ascenso se debe a varios factores: primero, su rabia empata con la de muchos; su hartazgo es el hartazgo de multitudes del tipo estadounidense; su discurso político va dirigido a lo que el auditorio de ocasión así lo requiere, alimentando una población de recetas odiosas, con énfasis temáticos contra las minorías mexicanas, musulmanes y la mala negociación con Cuba —que son las preocupaciones constantes en sus prédicas.

La retórica de sus propuestas dividen a los estadounidenses, reactivando la polémica política.

Un ‘close up' de este candidato lo encuadra de arrebatos pasionales, emociones pasajeras y exabruptos temperamentales. Muchos se espantan de él y otros se entusiasman; no es un intelectual, como tampoco un hombre informado. Este candidato radical que agita la bandera del nacionalismo, es promotor de fantasías paranoicas, como la de levantar en toda la frontera con México un muro y expulsar e impedir el ingreso a todo musulmán, propuestas que inspiran admiración y condena en igual medida.

Hombre intolerante, de posturas inflexibles y de talante autoritario. Sus formas desconciertan; igual el tono, su contexto y expresión oral; bajo los reflectores ejerce su papel de experto actuando en escenarios. Es un aspirante hecho por los medios, pasando por la cirugía reconstructiva de los asesores de imágenes. No escucha a los otros actores, como tampoco los respeta. Habla sin pensar y dispara lo que piensa. Su discurso es simplista, basado en el miedo y la confrontación.

Si bien su destape ha sido apresurado y estridente y es cierto que necesita lograr el apoyo de los conservadores de su partido para convertirse en el abanderado de los republicanos, no podemos negar que, pese a que no representa ideas, sino clases e intereses, se apoderó del escenario estadounidense, operando con habilidad en la tramoya. Le lleva una distancia prudente a Cruz, sepultó a Rubio y empata con la precandidata demócrata, Hillary Clinton. El resto de los contendientes que no pudieron disputarle la candidatura, ya empiezan a endosarle sus votos.

Su ascenso al poder no sería bien recibido, pues no es la persona preparada para el puesto. El ciudadano estadounidense de este siglo debe esperar líderes que aprecien y reconozcan el valor de las vías civilizadas. En estos tiempos de desafíos cruciales, que sean capaces de desprenderse de desbordes y sin vacilaciones de las tentaciones armadas, xenófobas, nacionalistas y populistas. Que tiendan puentes de unión y no levanten muros de discordia.

Trump no es otra cosa que lo que es y lo que resulta fascinante y terrible a la vez, según quien lo mire. Estas son sus luces y sus sombras. Pasará del discurso a la realidad? Está preparado el mundo para algo semejante? ¡QUE DIOS NOS COJA CONFESADOS!

ABOGADO