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29 de Feb de 2020

Roberto Montañez

Columnistas

Ante ultimátum, diplomacia con prudencia y firmeza

Después del reciente revés diplomático en Paris, donde recibimos ultimátum disuasivo y conminatorio de sometimiento a directrices de la OCDE

Después del reciente revés diplomático en Paris, donde recibimos ultimátum disuasivo y conminatorio de sometimiento a directrices de la OCDE, nos confirma la importancia de recurrir a una diplomacia prudente pero con mucha firmeza. El crecimiento económico y la estabilidad política están profundamente interconectados en un país de servicios financieros y marítimos como Panamá. El mundo está cambiando y estamos obligados a cambiar con él, lo que fue legal en el pasado reciente hoy es cuestionable, y el hecho de que sociedades offshore funcionen en 21 jurisdicciones del mundo ha dejado de ser argumento defensivo frente a acusaciones de prohijamientos legales a la evasión fiscal, el lavado de dinero y el desvió hacia el financiamiento del terrorismo.

Para superar la crisis de confianza y credibilidad internacional, hay que separar las denuncias de Mossack Fonseca de la defensa de la soberanía del Estado panameño. El escándalo ha lesionado el prestigio y la transparencia financiera del país, poniendo de manifiesto el amplio rechazo a prácticas legales en el ámbito internacional, un dilema entre lo sustantivo y lo procedimental que plantea un debate nacional conducente a una rectificación legislativa, que trascienda en nuestra convivencia armoniosa con el Mundo.

Para la OCDE y algunos de sus miembros, son insuficientes los tratados bilaterales realizados por Panamá en los últimos 20 años y los cambios en su legislación; por tanto, buscan fiscalizar automáticamente los movimientos de capitales y servicios del sistema bancario panameño. Ante la amenaza de un aislamiento y un boicot en las entidades de crédito y calificadoras de riesgos, Panamá tiene poco margen de maniobra diplomática para sostener el intercambio bilateral de información ante las exigencias de un sistema multilateral.

Cualesquiera que sean las explicaciones razonables, la empresa multinacional con sede en Panamá dedicada a este lucrativo negocio no distinguió a sus beneficiarios finales, lo cual ha generado consecuencias internacionales que afectan la imagen del país. No resulta casual que en el lucrativo negocio estas firmas tengan más oficinas de representaciones en el exterior que el servicio diplomático y consular de Panamá.

El Estado panameño tiene que mandar una señal inequívoca y contundente a la comunidad internacional de que se encuentra inmersa en acciones simultáneas: investigaciones a firmas locales y la determinación de reformar el régimen de sociedades; mientras que en el plano externo, se articula al servicio exterior para rechazar las acusaciones de que el sistema panameño facilita la evasión fiscal, un tema de por sí lacerante y sensitivo para nuestros vecinos.

Ante la resistencia de sectores influyentes se imponen rectificaciones legislativas a una práctica de más de 90 años, cuando está en juego el interés nacional. En el pasado reciente logramos, mediante negociaciones, la salida de bases militares, pese a la renuencia de sectores políticos y empresarios que se oponían a los Tratados del Canal, preocupados por el impacto que tendría en la economía del país, incluso esgrimían que el dólar dejaría de circular como moneda de curso legal.

En un contexto mundial cada vez más interdependiente, no se puede defender lo indefendible y seguir postergando los sagrados intereses nacionales, por lo que ante el cuestionamiento de la transparencia financiera, resulta esencial hacer prevalecer la dignidad del país. Lo aconsejable es reorientar la actividad económica sostenible; incluso ir pensando a mediano plazo en la sustitución del arrendamiento de la bandera de conveniencia para proyectar un Estado próspero y moderno, acorde con sus responsabilidades con la comunidad internacional.

Conscientes de sus fortalezas y debilidades, la realidad internacional impone dar una mirada retrospectiva de lo que hemos logrado y de lo que queremos como país, pensando en rentas sustitutivas a una actividad comercial cuestionada, ello podría despejar la incertidumbre exterior para salvaguardar la dinámica del desarrollo portuario con la ampliación del Canal, precisamos de una diplomacia preventiva con un eficiente servicio exterior profesionalizado para controlar el daño a la imagen del país.

ABOGADO Y ANALISTA INTERNACIONAL.