Temas Especiales

06 de Mar de 2021

Harry Castro Zachrisson

Columnistas

Democratización de la prensa escrita

Por eso debemos salvar estos diarios, que hoy luchan denodadamente por su supervivencia

Este artículo se centra en la necesidad imperiosa de difundir a la nación la continuidad con normalidad de circulación de todos los diarios del país; entendamos que así como no pueden existir escritos multimedios oficialistas, beneficiados por la jugosa pauta publicitaria gubernamental, utilizada a su vez para domesticar a los díscolos; tampoco debe regir en una nación la existencia de un solo grupo que domina la prensa escrita, que monopolice y controle la noticia, el relato del país, en fin, imponer su relato de la realidad nacional. No es aventurado suponer, por las circunstancias que atraviesa este periódico, que solo quede un gran editor de la realidad panameña. Es sano para nuestra democracia que hayan varios periódicos, ojalá muchos. Un grave retroceso provocaría la existencia del monopolio informativo. Esta es la sagrada tarea que debemos respaldar todos y así evitaremos la toma del país de un sector que imponga una sola versión de la historia y del presente, a través de un solo conglomerado de medios de comunicación escrita; y digo esto porque puede ocurrir y puede pensarse en estos duros tiempos que se atraviesan.

Panamá requiere de otros comunicadores, igual de controvertidos y emblemáticos y cronistas exquisitos, de mayores polémicas sostenidas con plumas firmes y con mordacidad e ironía provocadoras. Por eso debemos salvar estos diarios, que hoy luchan denodadamente por su supervivencia.

Recuerdo cuando se tomó las riendas de este medio impreso, se trataba de resucitar un muerto. Años después, no solo estaba vivo el diario, sino a la par de los medios más poderosos de la prensa panameña. Por fortuna, La Estrella de Panamá supo acumular respeto y prestigio, gracias a las muchas denuncias periodísticas que han venido marchitando el país y sin golpear el flanco más sensible de los medios, que es su credibilidad.

Anhelo que el periodismo nacional, genuinamente independiente, salga indemne y sin heridas de este lamentable incidente. Después de todo, los panameños aspiramos un periodismo crítico y solo comprometido con el derecho de la población a mantenerse informada objetivamente y es la bandera de la libertad de prensa. Ningún medio puede hacerse dueño del día, de la semana, de la encrucijada nacional.

Es oportuno plantear que el periodismo nace, no olvidemos, como expresión de las grandes ideas políticas, como la Revolución francesa, la americana, lo que no puede es disociarse de ellas y transformarse en empresas que defienden inconfesables mezquindades personales o corporativas.

Insisto, no podemos dar cabida a estimular la conformación de fusiones o concentraciones de medios únicos u oficiales, pues, llegado el momento, ello conduciría a desmembrar grupos ya existentes, con el objeto de reorganizar el mapa de la comunicación social, en función de los intereses políticos y económicos de turno. Esperemos que nuestro periodismo —expuesto en épocas oscuras a diversos embates— no sufra otra derrota.

Este gran diario de información general, que sus últimos años se alejó de la complicidad frívola con el poder de turno y de la abundancia de información contaminada que desorienta a la opinión pública, impuso la información fidedigna y calificada que a veces se oculta. Prevaleció, porque se contrapuso a los poderes concentrados y desenmascaró con rigor e independencia la hipocresía. Lo hizo con rigor y seriedad y se alejó de las tendencias mediáticas actuales, como el sensacionalismo, la urgencia y frivolidad. Es un medio que no se resignó al silencio ni cedió ante los compromisos. Por ello se ganó la confianza de la opinión pública. El mensaje guardó siempre su valor informativo, sin ser mutilado ni sesgado.

La Estrella de Panamá , una vieja y gran publicación tradicional de la prensa escrita panameña, supo mantener las alianzas del periodismo, fiel a su conciencia, fiel a sus lectores y fiel a la verdad; jamás perdió su norte ni rompió la brújula. Por ello, las decisiones que se adopten al respecto, tendrán una relevancia nada desdeñable en todo el país. Sería un error imperdonable no prolongar su vigencia en el mercado, permitir su desaparición o contribuir a la voracidad monopólica; por ello, todos los que leemos y ambientamos las batallas de opinión en este país, debemos salir en su defensa. Tengo la esperanza de que este diario no represente la tragedia nacional de la información, con su asfixia financiera.

ABOGADO