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08 de Mar de 2021

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Modesto A. Tuñón F.

Columnistas

La paz colombiana, al fin

Este documento puso fin a hostilidades de más de cincuenta años, que habían conmovido a ese país

Hace varios días hubo un anuncio trascendente en La Habana. El Gobierno de Colombia y las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) anunciaron el esperado acuerdo de paz. Este documento puso fin a hostilidades de más de cincuenta años, que habían conmovido a ese país, como parte de conflictos entre las autoridades oficiales, el ejército y grupos insurgentes con saldos mortales de algo más de un cuarto de millón de ciudadanos.

La firma de este pacto determinará no solo el futuro del proceso de discusión que tiene varios años; sino además abre las perspectivas históricas para que esa sociedad alcance la prosperidad que no encontró en un siglo y que por el contrario, conmovió todas las regiones al generar muerte, varios millones de nacionales desplazados y el empeoramiento de las condiciones de vida en comunidades en la ciudad y el campo.

El Gobierno colombiano tuvo que esforzarse en doble articulación. Hacia dentro, los incrédulos que cuestionaban las acciones del Ejecutivo y que sustentaban sus argumentos en críticas a las concesiones que ponían en peligro la norma constitucional y dejan sin proceso de la justicia a quienes cometieron delitos. Por el otro lado, la negociación en Cuba con el grupo guerrillero que procuraba alcanzar la mayor cantidad de canonjías.

Cualquier resolución que se adopte como producto de las negociaciones, debe considerar las causas originales de las diferencias. Estas no son de ahora ni se asentaron en esa gran nación hace poco. Quizá la mayoría de los analistas, los críticos y quienes expresan sus opiniones influidas por los crudos capítulos que hemos atestiguado a través de los medios de comunicación en los últimos tiempos, desconocen el porqué de estos hechos dolorosos.

Lógicamente que la guerra de los Mil Días dejó profundas diferencias entre liberales y conservadores; sendas concepciones diferentes del desarrollo, que en las primeras décadas del siglo XX afloraron y dieron como consecuencia una desigual opción a la bonanza. El investigador Erich Saumeth Cadavid considera que hay dos causas fundamentales de los conflictos, la violencia política y las luchas por la defensa de un territorio.

Tales circunstancias crearon escenarios para buscar salidas independientes a esa realidad de una democracia ‘ejemplar '. En 1948 es asesinado el político Jorge Eliécer Gaitán y luego surge una descomunal etapa de persecución hacia organizaciones campesinas y propician el surgimiento de los primeros grupos revolucionarios; algunos de ellos acogen la ideología del movimiento rebelde cubano como modelo.

La presión del sector oficial ante el levantamiento en comunidades rurales y la estructuración de verdaderos ejércitos que empiezan a captar el interés de las poblaciones, recrudecen la migración del campo a ciudades y adquiere dimensiones colosales que superan cualquier contraofensiva política, porque este sector no había resuelto sus diferencias de varias décadas, necesaria para la construcción de una verdadera democracia equitativa.

Algunas variables y el fortalecimiento del bandolerismo, acciones de actores como ejércitos paralelos, auspiciados por las fuerzas armadas militares y el narcotráfico empeoran este accidentado tránsito de la sociedad colombiana y agudizan las contradicciones. El resultado, más muerte, desplazados internos y un intenso movimiento migratorio que busca opciones diferentes a las perspectivas que se ciernen sobre el país.

Independientemente de estos indicadores, existen emprendimientos que han creado una poderosa economía por el talento de industriales y un sector de la población que se inserta en las posibilidades de una productividad estimulante, que exporta flores, café, licor, plantas hidropónicas, textiles, entre un sinfín de opciones para el mercado.

Hay ahora que hacer más participativa e inclusiva esta capacidad y fortalecer la población más vulnerable. El final de la guerra interna, brindó lecciones sociopolíticas que deben estar en las primeras estrategias que orientan el futuro colombiano. Olvidar este aprendizaje doloroso, sería contraproducente para todos.

PERIODISTA Y DOCENTE UNIVERSITARIO.