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09 de Apr de 2020

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Julio Yao Villalaz

Columnistas

La Estrella en mis años formativos

‘Estimado coterráneo Julio Yao: Su currículum diplomático es impresionante

La Estrella en mis años formativos
La Estrella en mis años formativos

‘Estimado coterráneo Julio Yao: Su currículum diplomático es impresionante. En usted, Ramón H. Jurado y Alfredo López Guevara, nuestro natal Pocrí de Aguadulce ha tenido tres destacados hijos: ilustres intelectuales y grandes patriotas ', Augusto Fábrega D., exembajador en la Federación de Rusia.

La Estrella se llamaba nuestro negocio familiar cuando nací en Pocrí de Aguadulce en el umbral de la Segunda Guerra, pero la Constitución racista de 1941 nos obligó a deshacernos del mismo por una bicoca.

El despojo obligó a mi padre a trabajar en la Compañía del Canal. Pero él, un hakka perseverante y orgulloso, solo se quedaría hasta ahorrar lo suficiente para independizarse y pronto abrió una abarrotería en calle 14 Oeste y calle B en Santa Ana, bautizándolo con la ‘nueva ' razón social: ¡La Estrella!

La Estrella era el principal diario. Fue a través de sus páginas que tomé contacto con la realidad nacional y mundial. Era un auxiliar de mis maestros, como Sara Sotillo —mi mentora en la Escuela Manuel José Hurtado—, ya que yo dedicaba bastante tiempo a su lectura.

La tienda, en la planta baja de nuestra casa, era contigua a la Imprenta Villalobos, a su vez adyacente a la biblioteca escolar, de modo que no había que cruzar calles para leer o ir a clases. Adosado al otro extremo de la escuela, vivía mi profesor de solfeo en el Conservatorio, el Maestro Calzudes de la Sinfónica, de tal suerte que mi niñez siempre estuvo aromatizada entre letras, olor a tinta, linotipos, papeles, libros y música.

La Imprenta Villalobos me dio mi primer trabajo: anunciar los nombres de quienes morían, pegando ‘papeletas de muertos ' en cada esquina, la Iglesia de Santa Ana en primer lugar. ¡Macabra forma de iniciarme en el periodismo! Pero también llevaba semanalmente los programas que anunciaban las películas de los ‘teatros ' Panamá, Ancón y Edison.

Me sentía tan identificado con La Estrella que llegué a ser uno de sus canillitas en la esquina de avenida A con calle 14, con lo cual sufragábamos mi hermano Carlos y yo los gastos para irnos de pesca al Canal.

Fue por La Estrella que me enteré del Tratado Filós-Hines de 1947, que motivó mi primera protesta a los ocho años.

Este asomo precoz no fue lo que definió mi rechazo a la bota extranjera. Esto ocurrió en 1950, a los once años, cuando el perro pastor alemán de un zonian me infligió mordidas tan graves que obligaron a mi operación de urgencia, ¡pero sin anestesia!, durante horas. Incapaz de caminar, ¡no pude ir a clases por cuatro meses!

Ni nuestro Gobierno, por boca del exministro Francisco Filós (negociador del Tratado y vecino mío en calle 14) ni los zonians , representados por su Corte Suprema, me hicieron justicia. Filós nos dijo a mi madre y a mí que el Gobierno no podía hacer nada ‘porque Panamá no tenía jurisdicción en la Zona '. Y, como Poncio Pilatos, Filós ¡se lavó las manos! La Corte nos mintió al decirnos que habían sacrificado al perro.

Esa primera y amarga lección de derecho internacional motivó este juramento: ¡Que dedicaría mi vida a expulsar la colonia y las bases de EE.UU.!

Mi ausencia de clases fue productiva porque leí en la Decana cada batalla de la Guerra de Corea, de 1950 a 1953, entre gringos y coreanos, lo que dio vuelo a mi vocación internacionalista.

Absorto en las escaramuzas bélicas, lejos estaba de imaginar que en esa desigual contienda al otro lado del planeta, mi hermano Yau A-Mack cumplía una labor heroica como meteorólogo y telegrafista voluntario en defensa del aeropuerto de Pyongyang, la capital, motivo por el cual fuera condecorado como Héroe Nacional de la República Popular China.

La primera vez que La Estrella publicó algo mío no fue un artículo sino mi foto en una portada de noviembre de 1956, en la que anunciaba haberme ganado el premio de un concurso del Club Rotario sobre ‘Las repúblicas latinoamericanas '.

La segunda vez fue en 1959, cuando la Página Literaria de Mario Augusto Rodríguez publicó mi ‘Estudio crítico-biográfico de Domingo Faustino Sarmiento ', ganador del Premio Único de un concurso del Gobierno argentino.

No recuerdo la fecha de mi primer artículo, pero sí haber publicado en 1960 un extenso ensayo: ‘Notas para el estudio de la Décima en Panamá ', otra de mis grandes pasiones.

¡Ha corrido mucha agua bajo el puente!

*ANALISTA INTERNACIONAL, EXASESOR DE POLÍTICA EXTERIOR Y ESCRITOR.

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‘Esa primera y amarga lección de derecho internacional motivó este juramento: ¡Que dedicaría mi vida a expulsar la colonia y las bases de EE.UU.!'