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31 de May de 2020

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Mireya Lasso

Columnistas

CSS, hay que salvar el IVM

Corresponde a toda la sociedad, bajo el liderazgo del Gobierno, velar por la tranquilidad de quienes han concluido su etapa de vida productiva

En las últimas décadas ha habido una especial preocupación por la viabilidad del programa IVM del Seguro Social, destinado a proveer un disfrute seguro y pacífico al final de nuestra vida productiva. Al inicio de los 90 se constató la urgencia de apuntalar el sistema dándole un corto respiro y ganar tiempo para armar una solución duradera. Desafortunadamente nada se hizo hasta el año 2005, cuando se presentaron medidas de más largo plazo a la Asamblea Nacional, a la cual pertenecí.

Parte de esas reformas consistían en la creación de un nuevo sistema mixto de cuentas individuales y en la limitación del sistema de beneficio definido o solidario. Mientras la reserva del sistema mixto cada año aumenta porque todavía no se han otorgado jubilaciones bajo ese sistema, en cambio el fondo del sistema de beneficio definido se ha venido reduciendo porque cada año aumentan los desembolsos a los nuevos jubilados y se reducen los aportes solidarios. La reforma de 2005 previó que parte de ese déficit sería sufragado del Presupuesto General del Estado y otros medios, pero ya se anuncia que las reservas del IVM se agotarán en el 2014 y que es necesario arbitrar medidas para garantizar su sostenibilidad, por lo menos hasta el 2065.

Según un reciente informe del Fondo Monetario Internacional, al agotarse dentro de diez años las reservas del sistema de beneficio definido, el aporte anual del Estado podría oscilar entre US$500 millones y US$1000 millones y ‘sería necesario introducir reformas para hacer frente de manera total a las obligaciones no cubiertas del sistema de pensiones, con el fin de evitar presiones' sobre otros gastos que son muy necesarios.

El país con la economía más desarrollada del mundo confronta un dilema similar, con su sistema de jubilaciones que requiere revisiones periódicas. Se comenta que el sistema norteamericano comenzará a fallar dentro de dieciocho años porque, mientras que hace cuarenta años la relación de trabajadores que aportaban a la seguridad social era de 3.5 trabajadores por cada beneficiario, hoy la relación es de 2.8. Como esos aportes no son suficientes, el balance proviene de un fondo de reserva creado en 1984, que se debe agotar en el 2034.

Se adelantan muchas soluciones. Se han propuesto varias combinaciones para no hacer recaer el peso en pocos sectores. Se sugiere, por ejemplo, una mezcla de dos, tres o varias medidas en conjunto: aumento de 1 % anual a los aportes desde 2022 al 2041 o aumento del 12.4 % a 13 % para el 2024; aumento de edad de jubilación a 70 años hacia el 2032 o aumento de edad de un mes cada dos años o aumento de edad de 67 a 69 años para el 2022; aumento de años de cotización de 35 a 40 años; reducción del ajuste por costo de vida a partir de 2017, etcétera.

En Panamá se han sugerido medidas parecidas: edades de jubilaciones, las cuotas obrero-patronales, el aporte del Gobierno, los rendimientos de la reserva del programa de jubilaciones y pensiones, y los ingresos del Canal. Lamentablemente aún no podemos identificar medidas eficientes en tanto se carezca de estudios actuariales y financieros sobre la realidad de las finanzas del programa.

Lo cierto es que estos son temas espinosos cuya solución requiere una dosis de buena voluntad, sacrificios y cooperación de muchos. Requiere de participaciones ofrecidas con espíritu solidario y de esfuerzos personales de quienes deben responsabilizarse por su propio futuro. Corresponde a toda la sociedad, bajo el liderazgo del Gobierno, velar por la tranquilidad de quienes han concluido su etapa de vida productiva.

EXDIPUTADA