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29 de May de 2020

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Juan Bosco Bernal

Columnistas

Desarrollo multidimensional, progreso y equidad social

Panamá está clasificado en el décimo lugar de los 14 países más desiguales del mundo

Una mirada profunda e integral de las condiciones de vida de los diferentes grupos humanos en Panamá, nos lleva a pensar que, otra forma de hacer políticas públicas es posible; como lo es, igualmente, la opción diferente de distribuir los recursos financieros y el capital educativo y social del país. Por ser un país que ha tenido, por lo menos, en los últimos diez años (2006 al 2016), un crecimiento del producto interno bruto, considerado envidiable por la mayor parte de las naciones del planeta (entre el 12.4 y el 5.6 %), parece no justificarse la persistencia de niños, mujeres, jóvenes y personas adultas en condiciones de desnutrición, pobreza extrema y exclusión de los servicios educativos y de salud. Panamá está clasificado en el décimo lugar de los 14 países más desiguales del mundo (Banco Mundial, 2015).

Esta mirada también indica que no es suficiente crecer en ingresos sí, al mismo tiempo, el país carece de decisiones y acciones que contribuyan a lograr mayor equidad en la distribución de los beneficios generados por esa riqueza entre todas las personas. Pero, de manera prioritaria, los pueblos indígenas, urbano marginales y rurales son los que mayormente cargan con los efectos de la pobreza y la marginalidad social. Es frecuente encontrar al lado de grandes torres y edificios modernos, personas que habitan en viviendas inseguras, carentes de electricidad, agua potable, atención médica, de alimentos, escuelas dignas y condiciones elementales para la sobrevivencia humana.

Cualquier amenaza, fragilidad y disminución de los derechos fundamentales de las personas y de las comunidades, entran dentro del paraguas de la afectación del desarrollo multidimensional y, como tal, debe ser estudiada y atendida. En el caso de Panamá: ¿cómo lograr superar las causas que contribuyen a la exclusión de las oportunidades de los cuidados de la primera infancia, la niñez y a la juventud con discapacidad y necesidades educativas especiales; aumentar la cobertura, permanencia exitosa y la calidad de la educación para todas las personas en todas las escuelas el país?

Así mismo, ¿cómo incrementar los cuidados de las personas adultas mayores del país, mejorar la sostenibilidad ambiental, el reconocimiento a la diversidad étnica de los pueblos aborígenes y afropanameños, la seguridad ciudadana en los hogares y comunidades, actuar contra la violencia de género y otras acciones que menoscaben los derechos de las mujeres, consolidar la resiliencia frente a los riesgos y fenómenos naturales y aumentar la capacidad de organización y participación de las personas y comunidades?

En la educación formal, por ejemplo, el 90 % de la población está alfabetizada en la mayoría de las provincias, exceptuando Bocas del Toro y Darién, en tanto que las comarcas representa bajo el 80 % de alfabetismo. Esto significa que, alrededor de una persona sobre cinco es analfabeta en esas comunidades. La asistencia escolar se registra una media nacional de 75 %. La población en general tiene un promedio de escolaridad de 9.4 años; sin embargo, los años de escolaridad presentan valores menores de 6 años para la Comarcas, entre 7 y 9 para la mayor parte de las provincias, sobresaliendo Colón con 10 y Panamá con 11 años de educación en promedio (IDHP, PNUD, 2015). El flujo de estudiantes a lo largo del sistema educativo, también deja mucho que desear. La calidad de la educación y de los aprendizajes mantienen desde hace unos dos decenios, por lo menos, en jaque a nuestro sistema educativo. Los resultados de las pruebas regionales e internacionales como el TERCE y PISA han mostrado el bajo desempeño de los alumnos de nuestro sistema educativo. El TERCE (2015) es una prueba que se aplicó a estudiantes de tercero (matemática y lectura) y de sexto grado (matemática, lectura y ciencias) de escuelas primarias, de 15 países de América Latina y el Caribe, públicas y particulares. En Panamá, resultó por debajo de países como Chile, Uruguay, Argentina, Costa Rica y Colombia. En la prueba PISA, aplicada en el 2009, a estudiantes de 15 años en países de la OCDE, que examinó destrezas en matemática, lectura y ciencias naturales, Panamá ocupó el lugar 62 de 65 países (Bernal, UDELAS, 2016).

Esfuerzos recientes del Gobierno nacional, el Ministerio de Educación y de la propia sociedad civil (Excelencia Educativa, Educación Éxito Seguro, entre otros) han permitido apuntar a mejorar algunos aspectos de esta inconsistencia.

Las dependencias del Estado y de la sociedad en general, responsables de estas políticas y programas son débiles, inmediatistas, poco cohesionadas y desarticuladas para apuntar a la solución de estos problemas. Se carece de un plan de mediano y largo plazo con políticas públicas sostenibles, con mecanismos de seguimiento, monitoreo y de evaluación, para asegurar el cumplimiento de sus metas y objetivos. Por ello, es imprescindible trabajar con un enfoque multidimensional del desarrollo, pues es una tarea obligante, para encaminar la sociedad hacia mayores niveles de progreso con equidad social.

DOCENTE UNIVERSITARIO.