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17 de Jan de 2021

Carlos E. Russell

Columnistas

¡No seamos monos!

La ignominiosa compostura proyectada por el nuevo mandatario y sus sicofantes, las falsedades que fluyen de sus bocas son increíbles

La presunta propuesta del egomaniático y errático presidente de EE.UU., Donald J. Trump, de imponer un impuesto de 20 % a productos importados de México para financiar el costo de su muralla fronteriza debiera ser, para los países latinoamericanos, imperante motivo de consternación humana, política y económica. ¡Recordemos que la frontera mexicana no es utilizada únicamente por nacionales de México!

Lamentablemente, creo que la posibilidad de que mi sugerencia o, mejor expresado, mis deseos sean reflejados dentro de las cancillerías latinoamericanos es minúscula o no existente. El ‘pragmatismo político' neoliberal sigue dominando y castrando al progresivismo visionario de sociedades en aras de transformación.

Dicha propuesta y la xenofobia de su mentor, cuya arrogancia, racismo, misoginia, su insaciable apetito por la adquisición del ‘poderío' personal y de la nación que gobierna —tan diáfanas como gotas de cristal— son tan repugnantes que, a mi parecer, debieron haber sido reprochados en sobremanera por la colectividad de naciones al sur del río Grande. ¡Empero, no ha ocurrido! Trump sigue sonando sus trompetas de desafío y terror sin reproche colectivo de nuestra región.

En 1966, el hoy difunto senador de Alabama y miembro del Comité de Relaciones Exteriores de su país, J. William Fulbright, en su libro ‘La arrogancia del poder', escribió: ‘Defino la ‘arrogancia de poder' como una necesidad sicológica que las naciones aparentan tener para probar que son más grandes, mejores, o más fuertes que otras naciones (...). Que la fuerza militar es la última indicación de la superioridad de su civilización'.

Según Fulbright, esto incluye creencia en la superioridad de sus instituciones y su pueblo. Acordémonos de que esas palabras fueron enunciadas en 1966. ¡En 2017 Trump es presidente!

La ignominiosa compostura proyectada por el nuevo mandatario y sus sicofantes, las falsedades que fluyen de sus bocas son increíbles. Nos dice, por ejemplo, el presidente difamador de mujeres que ahora apoya 100 % a la OTAN, cuando en realidad, durante su campaña, su posición fue otra.

Dice que busca tener buenas relaciones con todos los países y CNN reporta que su embajadora ante la ONU, Nikki Haley, comentó que están tomando los nombres de aquellos países que no les están ‘cuidando las espaldas'. Estas contradicciones y otras incoherencias merecen mucho más que el silencio abrumador que hasta el momento ha emanado de Latinoamérica. ¿Será acaso, como dice el dicho, que ‘¡por la plata baila el mono!'?

¡No seamos monos!

El momento histórico actual resalta y subraya las dotes visionarias, sagacidad y acumen político del Libertador Simón Bolívar, quien, como sabemos, visualizó la existencia de una confederación de nuestros países, siendo Panamá su capital; más el aislamiento del monstruo político norteño para reducir la influencia rapiñosa y codiciosa de sus múltiples tentáculos —tanto militares como económicos.

¡Aprendamos de Bolívar! Caso tal que, si Trump, quien durante su campaña abogó por la construcción de dicha muralla y ahora como mandatario se cree obligado a cumplirlo, logra imponer los impuestos que promete introducir, vehemente opino que, en solidaridad con nuestra hermana República de México, los países de América Latina impongan, colectivamente, un impuesto similar, donde es factible, a las importaciones estadounidenses. Y que el dinero que se devengue no sea utilizado para una muralla sino para combatir la desnutrición, la pobreza y la inequidad económica que plasman a nuestros países.

Es tiempo de que ellos aprendan que no son ‘la mamá de Tarzán'.

CATEDRÁTICO, POLITÓLOGO Y ESCRITOR.