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02 de Apr de 2020

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Modesto A. Tuñón F.

Columnistas

Los árboles de la ciudad

Un consolidado plan frente a un panorama que se acerca a niveles críticos y proyectar sus acciones en el tiempo.

Una mirada panorámica a la ciudad de Panamá permite constatar su vertiginosa expansión y la diferencia de aquella urbe con un nudo central y muchas fincas privadas a su alrededor con el estado actual de múltiples urbanizaciones y la alta tasa de edificios de más de veinte pisos; la mayor de la región. Ella concentra el conjunto de las actividades más importantes del país; por tanto, es asiento de un incesante flujo socioeconómico que pesa en su estructura.

La realidad pasada y presente nos da un saldo con toda la complejidad que se agolpa sobre los hombros de quienes viven, trabajan, administran la gobernanza, brindan servicios y demandan de ellos. Todo eso en un único espacio que se comparte cotidianamente con sus altos niveles de interrelación en ciertos momentos y tranquilidad cuando la gente descansa o se ha retirado de las labores diarias.

Pero ¿qué sucede si tratamos de mirar hacia el futuro para definir o precisar la imagen de los capitalinos en el perímetro de ese espacio que va desde las calles primera San Felipe y 27 de El Chorrillo hasta Pacora o desde el río Chagres hasta la avenida Balboa y su prolongación que nos separa del océano Pacífico? Aquí cada uno esbozará una opinión, según el aforismo aquel de que cada quien habla de la fiesta según le fue en ella.

Algunos no precisan que en el fondo existe una relación de los individuos con el ambiente que les rodea. Quienes habitan en un espacio urbano también están inmersos en mutua dependencia con los recursos naturales, que le son característicos a la zona. La expansión de la ciudad desde el Casco Antiguo, supuso ocupar los territorios, colinas y extensiones bajas y planas de la costa, colmadas de manglares y desembocaduras de ríos y quebradas.

El crecimiento tuvo que afectar lógicamente dicha correspondencia entre humanos y el contorno y uno de los aspectos, se vincula con la cobertura forestal. Lógicamente que la construcción incide en una realidad existente, la cambia, la modifica con la finalidad de hacer coherente el desenvolvimiento de los grupos, los inquilinos y todo aquel que vive acá. Esto le da una fisonomía al trazado y al conjunto para generar mayores beneficios a todos.

Esto tiene un impacto en la población boscosa y una de las estrategias o política que debe establecer la administración que regula el Gobierno municipal, supone crear condiciones para ajustar ese crecimiento con una equilibrada coexistencia con el patrimonio natural. Implica también fomentar las áreas verdes y vincular a la población con niveles de conciencia sobre su importancia y repercusiones.

La Alcaldía de Panamá organizó en la Universidad de Panamá un encuentro para dialogar sobre la arborización urbana y presentó allí sus planes que involucran la cooperación con esa casa de estudios, además con el Colegio de Ingenieros Forestales y científicos del Instituto Smithsonian de Investigaciones Tropicales. Un consolidado plan frente a un panorama que se acerca a niveles críticos y proyectar sus acciones en el tiempo.

Esto no es fácil. Ha requerido reestructurar la institucionalidad y crear condiciones administrativas en medio de la interacción de varias entidades con competencias específicas. Además, una población que demanda acciones concretas frente a un árbol que corre peligro; un río que se crece, las emanaciones de una fábrica en la vecindad o el paso de sus camiones, entre otros fenómenos diarios.

Este diálogo de la Alcaldía de Panamá debe multiplicarse y construir con sus resultados la agenda ambiental que defina una política con amplio apoyo de la comunidad. El saldo es incluir esta convivencia de los capitalinos y su entorno en la vida cotidiana para una mayor conciencia que nos servirá al definir una ciudad sostenible para el futuro.

PERIODISTA Y DOCENTE UNIVERSITARIO.