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29 de Nov de 2020

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Rafael Carles

Columnistas

Cerebros susceptibles

Los estudios que se han realizado en diferentes tipos de población reflejan que, en general, un tercio de las personas tiene un cerebro altamente susceptible a los alimentos adictivos

Durante muchos años hemos abogado por la ingesta de alimentos saludables. Y esto nos ha dado el gran privilegio de ayudar a miles de personas a mejorar su dieta y, en muchos casos, su salud y sus vidas. A lo largo de todo este tiempo, hemos visto un gran número de personas inspiradas a comer de una manera más natural y experimentar resultados sorprendentes de salud, más allá de lo imaginado. Pero igualmente hay otros que han luchado y en el camino han fracasado en adquirir hábitos de alimentación saludables, a pesar de tener las mejores intenciones. Tienen suficientes conocimientos, son personas altamente educadas, parecieran tener fuerza de voluntad y realmente desean hacer cambios en sus estilos de vida, pero se encuentran una y otra vez sucumbiendo antes las tentaciones.

La pregunta que surge aquí es, ¿cómo es posible que cuando se trata de comida, mucha gente es incapaz de actuar en beneficio de sus propios intereses? ¿Por qué esta gente inteligente y educada come de forma impulsiva y se encuentra en la miseria, incluso tocando la puerta de una muerte prematura? La respuesta representa el meollo del asunto porque la realidad es que el cerebro de las personas funciona de una forma diferente cuando se trata de comida y responde fundamentalmente de una manera muy particular y específica.

Básicamente, algunos cerebros se vuelven fácilmente adictos y otros no. Los estudios que se han realizado en diferentes tipos de población reflejan que, en general, un tercio de las personas tiene un cerebro altamente susceptible a los alimentos adictivos, un tercio es moderadamente susceptible y otro tercio no es susceptible. Estos últimos pueden comer helados y dulces sin ningún problema y decir ‘ya es suficiente' o incluso no probar bocado de postres teniéndolos al frente de sus propios ojos. El cerebro de otras personas respondería absolutamente diferente y diría ‘no solo necesito comer más helados y dulces', sino que al final no sentiría ningún remordimiento de comérselo todo.

Y ese es el quid, que algunos cerebros tienen diferente plasticidad. Es decir, se alteran rápidamente frente a diversos estímulos. Si su cerebro es como ese, pudiera tener una enorme ventaja evolutiva pero, en este entorno de abundancia de comida procesada, resulta una profunda desventaja porque el cerebro está permanentemente enganchado a los alimentos adictivos. Y ese es el problema básico de estos tiempos.

Todos sabemos que la metanfetamina, la marihuana y la cocaína pertenecen al club de las sustancias adictas. Pero hemos visto que no existe nada más difícil que administrar una adicción a la comida. Esto es una verdad triste para muchas personas porque el azúcar y la harina están en todos lados. Supongo que no éramos tan jóvenes nada cuando nos dimos cuenta de que teníamos un cerebro susceptible y que todavía hoy recordamos claramente el enganche que teníamos con el azúcar y los dulces. Abríamos el armario y cogíamos pastillas y chocolates cuando no había adultos mirando, y comíamos helados y paletas de forma desaforada y compulsiva. Y en el camino desarrollamos un problema de esconder los impulsos y las emociones.

Somos de la teoría que estar delgado no es bueno, si no somos felices. Eso no significa que las personas delgadas no pueden ser felices y libres de obsesión, libres de la tiranía de la balanza, indiferentes a los alimenticios hiperprocesados y azucarados, libres de necesitar hacer ejercicio tres horas al día para quemar la pinta de helado que comieron la noche anterior. La clave depende del tipo de cerebro que tenemos y cuán susceptible somos al entorno de alimentación. Porque si tenemos un cerebro moderada o altamente susceptible, la libertad va a provenir de la disciplina y estructura que tenemos. Es fundamental planificar para dejar de comer alimentos adictivos. Nunca podremos comerlos con moderación. Es como si fumaras tres paquetes de cigarrillos al día y trataras de estar sano yendo a un programa de moderación de la nicotina. Simplemente hay que dejar de fumar.

Para los que tienen un cerebro susceptible, con todos sus defectos y adicciones, tenemos una buena noticia: hay mucha salud si siguen reglas claras. Reglas como, por ejemplo, no comer alimentos procesados y azucarados. Reglas que la mayoría de la gente no quiere oír, pero que cada día están calando y empezando a abrirse en toda la sociedad, porque nada de lo que se ha intentado con pastillas y cirugías les ha funcionado.

EL AUTOR ES EMPRESARIO, CONSULTOR DE NUTRICIÓN Y ASESOR EN SALUD PÚBLICA.