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08 de Feb de 2023

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    Roberto Antonio Pinnock Rodríguez

Columnistas

Papa Francisco o la negación del opio del pueblo (II)

En el segundo capítulo del libro de la Sabiduría de la tradición judeo-cristiana se plantea un escenario donde ciertos malvados  —corruptos, sin duda— cavilaban entre sí

En el segundo capítulo del libro de la Sabiduría de la tradición judeo-cristiana se plantea un escenario donde ciertos malvados —corruptos, sin duda— cavilaban entre sí: ‘Tendamos una trampa al justo, porque nos molesta y se opone a lo que hacemos; nos echa en cara nuestras violaciones a la Ley, nos reprende las faltas contra los principios en que fuimos educados. Presume de que conoce a Dios y se proclama a sí mismo hijo del Señor.

Ha llegado a convertirse en un vivo reproche de nuestro modo de pensar y su sola presencia es insufrible, porque lleva una vida distinta de los demás...'.

Evidentemente, si el profeta o líder religioso al que se alude hubiese sido complaciente con estos ‘malvados' —que además, en los casos reales se trataba de gente con poder en la sociedad hebrea—, si no hubiese denunciado la violación a la Ley —que en la cultura judeo-cristiana no es más que la ley del AMOR— entonces estaría apartando a los grupos sociales subalternos (dominados, explotados, colonizados o esclavos) de creencias que pudieran llevarlos a cuestionar el sistema de dominación vigente. En otras palabras, convirtiendo a su religión en ‘opio del pueblo'.

Fue este tipo de comportamientos de los actores religiosos el denunciado por los fundadores del marxismo, no a la religión per se, como lo mal entendieron muchos de sus posteriores seguidores. Ya comentamos el carácter socialmente revolucionario que observó Federico Engels en los primeros cristianos, respecto del sistema esclavista.

En nuestra época histórica, puede mencionarse una diversidad de monjes budistas que en el Extremo Oriente han sido martirizados por hacer denuncias que incomodaron a los regentes de poderes fácticos de sus países. A la multitud de sacerdotes, que representaron signos de liberación social, que encontraron el martirio por ser incómodos a los malvados en nuestro continente, a pastores como Martin Luther King, que denunciaron la discriminación racial, como parte de la explotación de la que eran objeto las clases pobres de etnias no solo afrodescendientes… y particularmente, cabe mencionar a quien el papa Francisco le está haciendo la justicia de no dejarlo en el olvido que muchos malvados de Latinoamérica y hasta de dentro de la propia Iglesia católica pretendieron: monseñor Oscar Arnulfo Romero, próximo miembro del santoral católico.

Tal como decía Rafael Cuevas (2010) refiriéndose a los procesos de toma de posición en favor de las clases explotadas y oprimidas: ‘En Centroamérica, esa toma de partido dio como resultado una participación activa en la organización de los sectores populares en lo que se conoció como las Comunidades Eclesiales de Base. Estas se constituyeron en verdaderos núcleos de concientización y acción revolucionaria y pasaron a convertirse, en muchas oportunidades, en el sustento de la acción insurgente.

Nos continúa describiendo Cuevas que ‘monseñor Oscar Arnulfo Romero no formó parte inicialmente de estos contingentes. Era un miembro tradicional del clero católico salvadoreño, alguien que engarzaba en el engranaje de una Iglesia al servicio de los grupos oligarcas que dominaban El Salvador. En el lapso de unos pocos años, sin embargo, fue abriendo los ojos a la realidad que le rodeaba en su pequeño país. Dicen los cristianos y teólogos que lo conocieron, que en él se realizó un verdadero proceso de conversión hacia la causa de los pobres'.

El homicidio del padre Rutilio Grande, entre otros, quien fue asesinado en 1977 por un Escuadrón de la Muerte que lo emboscó en un empolvado camino rural de El Salvador, fue como un fogonazo en la conciencia de Romero; de ahí en adelante no tuvo respiro en exigir que cesara la represión y se aclararan los crímenes que se cometían por miles.

Las palabras que pronunciaba en el momento mismo de su asesinato, y que están grabadas, hacen alusión a que estaba consciente de que esa actitud le podía llevar a la muerte, la cual le llegó bajo la forma de una certera bala en el corazón el 24 de marzo de 1980.

A pocos días pues, de culminarse un año más de este acto ignominioso de los ‘malvados' a los que alude el libro de La Sabiduría, a pocos días del papa Francisco de hacer justicia histórica, vale la pena reflexionar sobre quien fue signo de una religión cuando se convierte en Negación del opio del pueblo, san Romero de América.

SOCIÓLOGO Y DOCENTE UNIVERSITARIO.