La Estrella de Panamá
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14 de Oct de 2019

Valerio Araúz Aguirre

Columnistas

EL poder de las creencias, para bien o para mal

Era una de las pocas novedades en el día o la noche, en un mundo donde la hora tampoco importaba

Acto N°1: 
A sus pequeños oídos llegaba la Danza Húngara No. 5 de Johannes Brahms. Entre los compases de la alegre sinfonía podía distinguir las voces de su madre y la de un hombre que le resultaba familiar, su padre seguramente. En forma casi misteriosa el alimento nunca faltaba. El oxígeno vital llegaba sin respirar ¿Cómo puede ser esto? En su ambiente acuoso con una calidez acogedora, 37°C para ser precisos, la vida transcurría plácidamente. A veces había una que otra sacudida repentina. Era una de las pocas novedades en el día o la noche, en un mundo donde la hora tampoco importaba. Han transcurrido solo 34 semanas pero ha sido toda una vida. En unos pocos días, todo habrá cambiado para este bebé que se llamará Manuel.

¿Qué ocurriría si pudiéramos tener una conversación con él? Me imagino algo así: ¿Sabes? Dentro de unos 15 días, saldrás de aquí y llegarás a un mundo nuevo. Allí encontrarás un cielo azul con hermosas nubes blancas, bosques y selvas con ríos cristalinos y espectaculares caídas de agua; habitarás en un apartamento donde habrá una linda cuna para ti, jugarás con otros niños parecidos a ti; tus padres te llevarán los domingos a la iglesia y a comer afuera. ¿Qué te parece? El bebé de esta hipotética conversación nos diría: “crees que yo soy tonto como para creer esas historias. Lo que hay aquí es lo que existe, no hay nada más”. El final del diálogo irá acompañado de una sonrisa burlona propia del tipo más listo del barrio.

Acto N°2:

45 años más tarde ocurre una conversación parecida y será algo como esto: Manuel, ¿Cómo te va? El hombre arrugando la frente, torciendo la boca y como tratando de enfocar unos ojos tristes y ojerosos, cruza los brazos y responde ahora mirando el suelo: “Aquí como el yo-yo, unas veces arriba y otras veces abajo…la cosa pinta dura…tengo un trabajo que no me gusta, pagan mal y es de horario rotativo”. Al recuperar la compostura y subir la mirada, se nota que la respuesta lo envejeció un poco más en unos cuantos segundos.

Con gran entusiasmo le puedes hablar de  tu gran descubrimiento: “Manuel, todos hemos pasado por allí. Puedes intentar algo distinto ya que haciendo lo mismo nunca tendrás un cambio. Un grupo de amigos y yo, estamos incursionado en una oportunidad de negocios dentro de la llamada Economía Colaborativa donde el bienestar de cada uno depende del VALOR que cada uno aporte a la sociedad en forma de bienestar a otros. Se trata de construir un ACTIVO que produzca el dinero que tú y yo necesitamos en vez de trabajar de la forma convencional.  Eso nos dará independencia financiera, o sea tiempo y dinero, para poder disfrutar y realizar nuestros sueños en unos pocos años. ¿Te gustaría saber más del tema? Ante esta pregunta 8 de cada 10 personas dirán lo que nuestro personaje dice: “crees que yo soy un tonto como para creer esas historias…esto que tú ves es lo que hay y no existe nada más…la vida real es dura y no estoy para fantasías…es más, te recomiendo que busques un trabajo real”. Todo esto irá acompañado, nuevamente, de una sonrisa burlona propia del tipo más listo del barrio.

La primera historia ha sido creada dramatizando un hecho. La otra, es el comportamiento usual de la mayoría de las personas que por falta de conocimiento, de una pobre auto estima y la ausencia de habilidades predictivas, las tres, tienen como consecuencia el anclaje irracional en una fatal “Zona de Confort”. Una persona estacionada en este punto, no estará dispuesta a tomar el riesgo que requiere cualquier cambio. Analicemos los hechos.

Acto N°3:

La falta de conocimiento. Se refiere a la ausencia total de educación (lo que sería un fenómeno muy raro en esta época) y a la situación más frecuente: se tiene mucho conocimiento intelectual, repletos de datos y cifras muy interesantes pero, que no tienen utilidad práctica y poco o ninguna contribución al desarrollo de la inteligencia emocional necesaria para soñar, planear y hacer. Para ver más allá del “día a día”, para empinarse sobre las circunstancias y darle forma a lo que todavía no existe. El conocimiento nos hace libres y la falta de él debe lograr exactamente lo contrario.

Una pobre autoestima. Es la incapacidad de una persona para sentirse valiosa en lo más profundo de sí misma. Eso la hace sentirse poco valorada por las demás personas y, generalmente en forma inconsciente, la lleva a buscar en todo momento la aprobación y el reconocimiento de los demás, dejando de ser ella misma. Eso le impide aspirar en grande porque siente que no lo merece, porque no es los suficiente hábil o porque tiene miedo de fracasar. Hay varias razones para sentirse disminuido: rodearse de personas tóxicas que todo lo reprochan, lo critican o lo desvaloran. Otra causa es compararse con otras personas y sentir envidia en vez de hacer un esfuerzo para duplicar su éxito y quizás la más común, tener poca tolerancia al fracaso. Este comportamiento hace que la autoconfianza nunca llegue a desarrollarse y que en su lugar se instale la baja autoestima.

Ausencia de habilidades predictivas. Es “ese algo” que prevé un futuro posible basándose en hechos previos o relacionados, en el análisis y en posibilidades razonables, que puede deducir o predecir el comportamiento de una idea o sistema de ideas.
La ausencia momentánea o permanente de esta capacidad es la causa de la pérdida de grandes oportunidades. Le ocurre tanto a individuos como a reyes y a grandes compañías. Para explicarme bien, vamos a ver los grandes ejemplos a nivel macro: Cristóbal Colón y sus ideas fueron rechazadas en el primer minuto por el Rey Juan II de Portugal, el primer monarca en conocer de sus planes. Igualmente, Colón sería motivo de burlas – tachado de fantasioso y soñador- por los letrados de las Universidades de Córdoba y Salamanca. Fernando de Aragón, Rey de España hizo otro tanto pero, su esposa, la Reina Isabel de Castilla, siguió la opinión de su consejero, Luis de Santángel, que intercedió directamente ante ella y la convenció que había poco que perder y mucho que ganar.

Henry Ford, creador de la Ford Motors Co, comentando sobre el escepticismo de la gente de su tiempo sobre el automóvil dijo: “Si hubiera preguntado a la gente qué es lo que necesitaba, me hubieran dicho que lo que realmente querían era un caballo más rápido”. ¿Quién en su es sano juicio pensaría que “un cacharro metálico” feo y ruidoso desplazaría al caballo? A los hermanos Wilbur y Orville Wright, la gente les decía: “Si Dios hubiera querido que el hombre volara le hubiera dado alas”. Entre 1955 y 1960, la gente se reía de Ray Kroc, incluyendo los propios creadores del primer restaurante en San Bernardino, CA., Dick y Mac McDonald´s, de su idea de vender franquicias de McDonald´s por todo Estados Unidos y luego en el mundo; IBM no creyó que alguien quisiera tener una computadora en su casa y cuando reaccionó ya el mercado de computadoras personales o PC era de Compaq, Hewlett Packard, Toshiba y más tarde de Dell. Aunque fueron los creadores de la primera cámara digital, Kodak se negó a ver las posibilidades de la fotografía digital y tampoco Blockbuster quiso incursionar en la venta de películas por internet, aunque tuvo al frente la oportunidad de comprar “en baratillo” a Netflix, la empresa que los llevaría a la quiebra años más tarde. Solo para dar unos pocos ejemplos de la ausencia de habilidades predictivas, que no es más ni menos que observar hacia dónde apunta la tendencia y tomar decisiones.

A nivel micro, lo mismo les ocurre a las personas. Seguramente usted no tendrá muchas oportunidades que un Colón, Ford, Kroc, Job, Gates o Zuckerberg les cuenten sus ideas para que “se monte” en ella, pero sin la actitud adecuada, estadísticamente el 95% de las personas tampoco hubieran visto el negocio a futuro de estos campeones del emprendimiento. Las oportunidades aparecen todos los días para quien quiera o pueda verlas.

Acto N°4:

La combinación de estos tres factores (recordemos: falta de conocimiento, la baja autoestima y ausencia de capacidades predictivas) llevan a las personas a estacionarse en la llamada “Zona de Confort”, un sitio donde mantenemos todo bajo control y nuestras preocupaciones y vulnerabilidad se reducen a un nivel manejable con muy poco esfuerzo. No es que le guste ese estado pero es el que, aún con su escasez de todo, es familiar y puede racionalizarse con el famoso estribillo de nuestros abuelos: hay que ser conforme con lo que la vida te da. Los más osados, hablarán de un Dios mezquino.

En mis investigaciones me encontré con esta otra definición que me gusta mucho: “En psicología, la zona de confort se designa como un estado mental en que el individuo permanece pasivo ante los sucesos que experimenta a lo largo de su vida, desarrollando una rutina sin sobresaltos ni riesgos, pero también sin incentivos ni logros importantes”.
Esto explica por qué una persona puede pasar 20, 30 y 40 años en la rutina de no intentar nada importante o en un solo trabajo sin esperanza para mejorar ni sueños para alcanzar. Explica por qué la mayoría de las personas no ven ni aprovechan las oportunidades que se le presentan -que unos cuantos sí las ven- para luego quejarse de los logros de otros o justificarla como “buena suerte”.

¿Qué se puede hacer? 
La investigadora y catedrática de la Universidad de Houston, Brené Brown, con notables estudios sobre la vulnerabilidad, el coraje, la vergüenza y la empatía, autora de tres Best sellers Nº 1 del New York Times: Los Dones de la Imperfección (2010), El poder de ser vulnerable (2012), y Más fuerte que nunca (2015) dice que: “uno de los peores errores que cometemos los humanos es negar nuestros miedos e inseguridades. Solamente enfrentándolos, enseñando a las nuevas generaciones a tolerar la incertidumbre y la incomodidad, podremos construir una cultura que asuma los retos sin tantas quejas y auto conmiseración”.

Acto N°5:

Quienes quieren tener realizaciones importantes en su vida, tienen que “patear la mesa” de una sola vez y tomar las rienda de su vida. Este adoctrinamiento que resultó en un estado gris donde las cosas no están ni bien ni mal (tirando más a mal) funciona como una planta parásita que roba su energía y no produce nada. La educación tradicional, la sociedad y a veces la familia en su afán de crear “buenos ciudadanos” han producido gente desfasada en los tiempos, tristes y conformes. Hoy nada es como era o como debería ser.

“Patear la mesa” significa hacer las cosas al revés y rápido: se empieza incomodándose ya y lo demás irá cambiando. Si sentarnos a ver el mundo desde una cómoda “Zona de Confort” fue consecuencia de la falta de conocimiento, que produjo una baja autoestima y la ausencia de habilidades predictivas para ver las oportunidades, la solución está asociada a una decisión firme y ruidosa que diga hasta aquí llega la pereza, el conformismo, la docilidad y el ser doméstico. Es incomodarnos a propósito. Para unos será iniciar un negocio, para otros significa cambiar de trabajo, de pareja, de casa, de ciudad, de país, bajar de peso…hacer cualquier cosa que diga su nuevo plan, el renacer de sus sueños de antaño.


Si nos ocupamos del área profesional, ahora debe obligarse a incomodarse y hacer lo que antes no hacía: lea libros de auto ayuda, de superación personal y de la grandeza del hombre. La Biblia, sobretodo, tiene palabras, ideas y consejos precisos para su vida y sus planes y ojo: haga caso. Entre los inspiradores de sueños y negocios, existe un amplio listado de obras que han cambiado la vida de millones de personas alrededor del mundo. Entre ellos: Piense y Hágase Rico de Napoleón Hill, El negocio del Siglo 21 y Escuela de Negocios de Robert Kiyosaki; Los Nuevos Profesionales de Charles W. King y James W. Robinson, Los Secretos de la Mente Millonaria de T. Harv Eker, El Arte de la Negociación de Donald Trump; Poder sin Límites y Despertando al Gigante Interior de Anthony Robbins;  La Magia de Pensar en Grande de David J. Schwartz, entre muchos otros títulos, que serán como pólvora en su mente y corazón, y que cambiarán su ánimo y su forma de ver la vida. Después de leer los primeros tres títulos, ya nada será igual.

Este tipo de lectura, alimentará la parte emocional de su cerebro. Se trata del hemisferio cerebral derecho, responsable del pensamiento creativo que crea lo que no existe, que da forma a los sueños, a las formas artísticas y desarrolla la percepción visual y espacial, visualiza las grandes realizaciones como si fueran. Es la parte del cerebro que cambia el mundo.
En este punto, su autoestima volará, su caminar será firme y erguido, la palabra imposible no estará en su vocabulario, hará lo que bien le parezca y sus capacidades predictivas para ver lo que muy pocos ven estarán en su punto más alto. El niño nacerá en su tiempo y la conversación hipotética con él se cumplirá al pie de la letra. Del hombre y la mujer escéptica, renacerá un nuevo ser al tope de sus posibilidades.
Para cerrar, le regalo este escrito que a mí me parece no solo pertinente, si no conmovedor:

IDEARIO DEL EMPRENDEDOR

● No quiero ser una persona común, tengo derecho a ser diferente. No quiero  ser mediocre, quiero trascender y superarme. Es mi derecho ser distinto porque puedo serlo y sé que lo lograré.
● Busco una oportunidad, no seguridad ni oportunismo. Quiero tomar riesgos calculados; Soñar, construir, equivocarme, cometer errores y corregirlos para luego alcanzar el éxito. Es el camino correcto.
● Me niego a cambiar incentivos por favores; prefiero los desafíos de la vida a la existencia garantizada y estable. No cambiaré libertad por beneficencia.
● Nunca me acobardaré ante nadie, ni me doblegaré ante cualquier amenaza. Es mi herencia permanecer recto, tranquilo, orgulloso y sin miedo; pensar y actuar por mí mismo, disfrutar del beneficio de mis creaciones, encarar con valor las dificultades y los obstáculos que se me presenten y poder decir:¡Lo logré, con la ayuda de Dios!