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18 de Oct de 2019

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Virginia Arango Durling

Columnistas

De librerías y libreros en el Día del Libro

El Día Internacional del Libro se celebra el 23 de abril, aunque los países han instituido otras fechas desde 1926, como sucede con Panamá

El Día Internacional del Libro se celebra el 23 de abril, aunque los países han instituido otras fechas desde 1926, como sucede con Panamá o España, siendo una tradición la celebración de la Semana del Libro, o el regalar una rosa roja, pues en este último caso coincide con la fecha de san Jorge. Además, ese día es significativo porque se recuerda a tres grandes escritores, William Shakespeare, Miguel de Cervantes e Inca Garcilaso de la Vega.

Según la Unesco, el libro se constituye como un punto de encuentro de libertad de expresión, de creatividad, donde se realza la escritura, la lectura, la publicación y el derecho de autor. En el libro, decía el Dr. Gregorio Marañón (1953), ‘se encuentra el pasado, el presente, el porvenir, todo lo que fue y todo lo que supo su autor, y su vida, y la de su tiempo, todo esta allí, y la palabra hablada está encerrada, para siempre en la cárcel del espacio y del tiempo, pues el libro la hace universal e inmortal'.

Adentrarnos al mundo del libro implica conocer a esas personas que contribuyen con su creación y tienen afición por los mismos autores, bibliotecarios, editores y libreros. Y en lo que toca al librero, es un oficio antiguo, del cual daba testimonio Cervantes, de su amigo Juan Villarroe de la calle Atocha, y de otros donde acudía para solventar sus deudas con sus manuscritos, aunque también este noble oficio lleva el nombre de una calle en Madrid, llamada así por la cantidad de librerías que se dedicaban a vender libros usados.

El oficio del librero exige vocación, esmero y profesionalidad, como así lo decía Marcial Pons Abejer (1915-2011), que expresaba que las librerías son como una catedral, punto de culto, de encuentro, donde se rastrea el patrimonio cultural. En ese orden se mencionan como librerías muy bonitas, el Ateneo de Buenos Aires, la Librería Pública de Nueva York, la Biblioteca de Alejandría, siendo Buenos Aires la capital mundial de las librerías y donde abundan los libreros. Situación distinta ocurre en Panamá, donde no hay librerías ni bonitas ni feas, en realidad no abundan.

Siendo, entonces, las librerías templos de sabiduría, el librero, se constituye en el guía espiritual de esos lectores, transmitiéndoles su pasión a los que acuden en búsqueda de libros, de lo cual podemos dar testimonio, porque no más llegar a Madrid, estamos a un paso de la Librería Marcial Pons, especializada en Historia y Derecho.

Con ello el librero que nos atiende, con familiaridad por el transcurso del tiempo, comparte con nosotros esa pasión por los libros, buscando y recomendando esos libros que requerimos, con entusiasmo y, amabilidad, mientras a la vez viajamos por las ‘estanterías de libros apretados que solo están esperando a que alguien los tome y abra sus páginas' como decía Gregorio Marañón. Y al final de esa travesía, no solo obtenemos nuestra recompensa, sino que terminamos cargados con otros, que en el camino descubrimos.

¿Quieres aprender? Lee un libro. Todo el mundo debería estar consciente de su importancia y de todos aquellos que contribuyen a su creación y transmiten su pasión, puesto que decía Cervantes, ‘en algún lugar de un libro hay una frase esperándonos para darle un sentido a nuestra existencia'.

CATEDRÁTICA DE DERECHO PENAL, UP.