20 de Feb de 2020

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Roberto Antonio Pinnock Rodríguez

Columnistas

Los estereotipos (I)

Los esterotipos buscan sostener ciertos tipos de relaciones sociales para encubrir un sistema de dominación sobre aquellos que son objeto de esta discriminación

Desde que se inventaron los estereotipos -aquellas características que tienen algunos miembros de un grupo que se les adjudica a todos los integrantes de ese grupo- el discriminador tiene una vía expedita para justificar su conducta. Desde principios del siglo XX, cuando las clases pudientes en Panamá le atribuían a todos los negros, chinos o indígenas características que ‘desmejoraban la raza' y por tanto, ‘atrasaban' al país, se justificaba entre los demás habitantes que se les discriminara con un fin infame: el de mantener un sistema de desigualdad donde el gran empresariado y los colonizadores de la zonas bananeras y canalera sacaban provecho pecuniario pagándoles salarios inferiores a los recibidos por quienes no pertenecían a esas etnias en puestos similares o de menor complejidad. A la postre, estas etnias tenían algo en común, hacían parte de las clases productivas. A ellas, los señores de la Cámara de Comercio de la época les denominaban ‘Razas indeseables'.

Algo similar a lo promovido por el nazismo contra los judíos en los años treinta y cuarenta del siglo pasado, donde el mundo europeo coincidió en que todos los judíos eran lo perverso y explotadores que algunos eran. Así como el nazismo proponía el exterminio de este grupo aduciendo razones étnicas y religiosas, mientras se apropiaba del fruto de sus trabajos con la complicidad de encumbradas empresas alemanas y norteamericanos, así mismo se planteó la eugenesia con las llamadas ‘razas indeseables' y se impuso un discriminador sistema ‘silver rol' y ‘gold rol' en la zona del canal panameño.

Los estereotipos, en su vínculo con la discriminación, están referidos a sostener tipos de relaciones sociales de explotación -que es lo que el discriminador principal encubre al resto de la población- y una vez que logra convencer a todo el mundo, hasta a los propios estereotipados, que ciertas características las posee determinado grupo y que estas son ‘Indeseables', la tarea de manipulación está resuelta en favor del sistema de dominación y explotación que le interesa sostener.

Los estereotipos no solamente operan para discriminar grupos étnicos, religiosos, de género u otros; sirven siempre al mismo propósito de base económica, que permite la transferencia de valores creados por un grupo hacia el beneficio de otro grupo que no los creó. Por tanto, en la jerga política económica también los encontramos con mucha frecuencia, por ejemplo, al encasillar comportamientos y acciones frente a respaldar tal o cual política social y económica con estereotipos de ‘Izquierdista' y ‘derechista'.

En tiempos de la administración Clinton en EE.UU., quien fuera secretario del Tesoro de ese país, Bob Rubin, acusó al destacado economista Joseph Stiglitz, de izquierdista por fomentar la lucha de clases. Esto lo basaba el magnate Rubin en el hecho de que Stiglitz y el resto del Consejo de asesores del gobierno de Clinton del que era integrante, tenían el encargo de formular la reducción de las cuantiosas sumas multimillonarias de subsidios a las grandes empresas norteamericanas, para lograr la recuperación económica del país y de aminorar la cada vez más amplia desigualdad social experimentadas en las últimas décadas.

En su obra, ‘El precio de la desigualdad', este premio nobel de economía hace mención de esta realidad que la sociedad estadounidense requiere modificar para beneficio de sus ciudadanos. Dice: ‘Durante el gran rescate de la Gran Recesión, una sola empresa, AIG, recibió más de 150 mil millones de dólares, más de lo que se había gastado en prestaciones sociales para los pobres entre 1990 y 2006' (Stiglitz, 2012).

A la sazón del tema que hemos traído aquí, en el fondo Rubin encasilló con el estereotipo de izquierdista a quien no lo era ni lo es aún; pero si convencía al resto de los actores claves de la sociedad norteamericana de que ese tipo de medidas eran propias de izquierdistas, la manipulación resultante permitiría que no se alterara el sistema de injusticia en la distribución de las riquezas de esa potencia mundial. Justo así ocurrió.

En efecto, un izquierdista de hoy se opone al sistema capitalista por definición y convicción, pero sobre todo en los principios y lógica de funcionamiento que lo rige. Eso no era pretensión ni de Stiglitz ni menos de Clinton. Pero a los Rubin, les resulta muy bien esta clase de manipulaciones para mantener la desigualdad socioeconómica (continuará).

SOCIÓLOGO Y DOCENTE UNIVERSITARIO

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Los estereotipos no solamente operan para discriminar grupos étnicos, religiosos, de género u otros; sirven siempre al mismo propósito de base económica, que permite la transferencia de valores creados por un grupo hacia el beneficio de otro grupo que no los creó.