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18 de Oct de 2019

Berna Calvit

Columnistas

Entre 500 palabras

La política, un lenguaje de trucos que se aprovecha de las debelidades y necesidades de todos nosotros

Hace pocos días mientras buscaba información sobre presidentes de Latinoamérica que han estado o están en prisión, encontré ‘por carambola' una lista de las 500 palabras más usadas en español. ‘El Corpus de Referencia del Español Actual (CREA), banco de datos de la Real Academia Española, determina las formas más frecuentes en idioma español sobre la base de un conjunto de textos, escritos y orales, de diversa procedencia'. ‘Gobierno' y ‘país' figuran entre las 100 primeras; ‘vida' está en el puesto 76, mientras que ‘muerte' ocupa el 264. Llevada por la curiosidad busqué las palabras que más utilizan los políticos. No resultó sorpresa que son las que he venido oyendo desde que jovencita empecé a interesarme en los discursos de los señores que cada período electoral sacan el mismo repertorio para endulzarnos los oídos.

Estas son algunas de las socorridas palabras que usan los políticos: promesa, pobreza, hospitales, trabajo, salud, derechos, desempleo, seguridad, pueblo, democracia, corrupción; libertad, compromiso, cumplir, futuro, valores, educación, honestidad, familia, mujeres, corrupción; inversión, responsabilidad, hombres, niños, canasta básica, leyes, confianza, corrupción; empleos, dignidad, respeto, campo, austeridad, privilegios, mano dura, oposición, gobierno, corrupción; impunidad, tráfico, influencias, esperanzas, impuestos, corrupción, etc. Si nos tomamos el trabajo de unir las palabras con los respectivos artículos, sustantivos, adjetivos, pronombres, artículos, verbos, preposiciones, adverbios, etc. veremos lo fácil que es discursear como político. Observé que entre las 500 palabras no aparece la palabra ‘corrupción' ni muchas de las usuales en discursos políticos gastados, empalagosos, trasnochados y sopeteados hasta ya no más que, por cierto, ya empezaron a taladrarnos los oídos y el cerebro. Y me pregunté por qué los políticos usan tanto la palabra ‘corrupción'. Dijo George Orwell, autor del libro ‘1984', (el del Gran Hermano, invasor espía de la intimidad de los ciudadanos) que ‘El gran enemigo del lenguaje claro es la falta de sinceridad. Cuando hay una brecha entre los objetivos reales y los declarados, se emplean casi instintivamente palabras largas y modismos desgastados, como un pulpo que expulsa tinta para esconderse'. En otra de sus obras dice que ‘el lenguaje político está diseñado para lograr que las mentiras parezcan verdades…'. El lenguaje político ha sido analizado por psicólogos, lingüistas, asesores de comunicación política, etc.; resumido ‘a mi manera' en forma muy simple, lo que dicen es que nuestro cerebro no analiza racional y fríamente los mensajes que recibe; que simplificamos y ciertas palabras nos hacen ‘clic' y con esa nos quedamos cómodos sin entrar en honduras. Esta actitud me resulta incomprensible por las consecuencias que tienen para nosotros, el pueblo. ¿Es por pereza mental, ignorancia, ingenuidad o conveniencia? El repetitivo y mentido uso de la palabra ‘corrupción' que los candidatos prometen combatir, castigar y no tolerar va en contravía con lo que nos indica la historia de nuestra política; generan desprecio y desconfianza en la ciudadanía y saben que hemos perdido la fe en la decencia política. Por la insistencia de los políticos en usar la palabra ‘corrupción' es fácil concluir que como es de esa pata que cojean, es la que nos cantaletean con promesas de combatirla. Es como un exorcismo sin resultados. No se corrigen y tampoco nosotros. Con razón se dice que ‘El hombre es el único animal que tropieza dos veces en la misma piedra'. Gran verdad porque en cada período electoral caemos en las mismas trampas.

Empezó el proceso preelectoral, están a la vista varios precandidatos y lo novedoso son las candidaturas de libre postulación que son como una esperanza de superación política aunque enfrentan muchos escollos; varios candidatos impresentables involucrados en negocios turbios de grueso calibre se amparan en el adefesio llamado ‘fuero electoral'; con histrionismo y acalorada pasión desacreditados políticos deseosos de seguir pegados a la ubre gubernamental sueltan fantasiosas promesas como caramelos de piñata. La política, apena decirlo, va por el camino de los trucos del lenguaje, de la palabra trillada y mentida; se aprovecha de nuestras debilidades y necesidades y de nuestra elasticidad moral para aceptar con benevolencia la corrupción y hasta aceptarla con excusas tales como ‘robó pero hizo'. Tropezamos con la misma piedra. En estos momentos, en un proceso inédito se juzga al expresidente Ricardo Martinelli por varios delitos; no sabemos cuál será el final de este capítulo. Solo queda confiar en que los próximos gobernantes lo tengan presente para que no tengan que transitar el áspero y tormentoso camino que llevó a un señor a un destino que nunca imaginó. Queda pendiente el recuento de gobernantes latinoamericanos en prisión por abuso del poder y corrupción, palabra que, por cierto, abundó en los discursos de estos señores.

COMUNICADORA SOCIAL

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Nuestro cerebro no analiza racional y fríamente los mensajes que recibe que simplificamos y ciertas palabras nos hacen ‘clic'