24 de Feb de 2020

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Mireya Lasso

Columnistas

Nuestra beligerante clase media

Desde el punto de vista socioeconómico, las sociedades son divididas en clases alta-rica, media, y baja-pobre. Algunos incluyen otra clase

Nuestra beligerante clase media
Nuestra beligerante clase media

Desde el punto de vista socioeconómico, las sociedades son divididas en clases alta-rica, media, y baja-pobre. Algunos incluyen otra clase, ‘vulnerables,' que lograron salir de la pobreza, pero sin la suficiente seguridad para permanecer fuera de ella. A grosso modo, según el Banco Mundial, en Panamá el 56% de la población pertenece a las clases pobre y vulnerable, cerca del 40% a la clase media y cerca del 4% a la clase alta. Cada gobierno debería implementar políticas especiales para elevar a clase media ese 56% pobre y vulnerable, sin descuidar la protección de la calidad de vida del 40% que es ya clase media.

La eminente doctora Georgina Jiménez de López, reconocida socióloga panameña, nos ilustró a mediados del siglo pasado, sobre los orígenes, constitución y dimensión de nuestra clase media, y sobre cómo se formó y desarrolló durante en la primera mitad de aquel siglo. Su interesante tesis explicaría las sempiternas inquietudes políticas, belicosidad y agresividad de esa clase socioeconómica.

Resultan interesantes esos orígenes que ella planteó. Según ella fue con la realización del Canal cuando se forma el nuevo grupo social que se podría calificar como clase media, conformado por artesanos, pequeños comerciantes, empleados públicos, agentes auxiliares del comercio, tales como corredores, comisionistas e intermediarios, pequeños rentistas, profesionales, algunos empleados del comercio y de la banca. Era, según la doctora Jiménez de López, un ‘grupo heterogéneo sin conciencia de su posición intermedia en la estratificación social del país, porque sabe que no está incluido ni dentro de la clase alta ni en la baja, pero que, precisamente, por estar en proceso de formación, todavía no ha alcanzado una estabilidad social perfecta, sin esperanza de alcanzar la clase alta ni el temor de caer en la clase baja.' Calculó que entonces esa clase abarcaba un 25% de la población urbana.

Con el transcurso del tiempo algunos factores hicieron que ese grupo heterogéneo comenzara a tener conciencia de ser clase media moderna. Entre ellos, la inmigración en un país abierto a todas las corrientes foráneas, expuesto a la influencia de culturas y civilizaciones extrañas de pobladores extranjeros procedentes de Europa, especialmente españoles, norteamericanos e inclusive un porcentaje de suramericanos y de Centroamérica que vinieron a engrosar nuestra clase media. En un momento cerca de la quinta parte de la población urbana era nacida en el extranjero.

Algunos extranjeros lograron escalar a la clase alta ya fuera por su dinero o por matrimonios, pero el extranjero que no pasó a la clase adinerada tendió a mezclarse con la imprecisa clase media nativa y le infundió su impronta política: servir de estímulo al nativo para sacudir su natural indiferencia y su tendencia a la pasividad de una vida casi contemplativa. Esa disconformidad siempre manifestada especialmente por la clase media puede tener su origen en esas oleadas de extranjeros de otras épocas.

El propósito de todo gobierno responsable es aumentar, fortalecer y resguardar la clase media, y sumar la mayor cantidad de pobres y vulnerables a la clase media. Entonces el problema crítico se centra en evitar que las clases vulnerable y media sufran los rigores de los pesos y obstáculos que les hagan sucumbir. Las quejas de nuestra beligerante clase media son generalizadas: el costo de los alimentos, medicinas y servicios médicos; la ineficiente educación de sus hijos; el precio del combustible, del transporte, de la energía eléctrica, de la vivienda; la deficiente dotación de agua potable; el alto costo de créditos personales o hipotecarios. Esas quejas se aplacarán únicamente mediante el conjunto de esfuerzos en que participen todos, nativos y extranjeros, en las soluciones.

EX DIPUTADA