La Estrella de Panamá
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18 de Oct de 2019

Berna Calvit

Columnistas

El tema del año

‘¿Es la corrupción parte de nuestra naturaleza? ¿Es inherente al ser humano? ¿O es que todo está diseñado para facilitar la corrupción?'

¡Año ingrato el 2018! Alivian los sinsabores de la vida nacional las satisfacciones personales: la hija que se gradúa, el nacimiento del primer nieto, el anillo perdido que apareció dentro de un zapato, estabilidad en el trabajo, el pago final de la hipoteca, el afecto de la familia y los amigos, etc. El año que está por terminar ha estado perturbado por continuas manifestaciones de descontento por problemas crónicos sin resolverse; pero ha sido la corrupción política el tema del año, del que más se ha ocupado la ciudadanía en general. Una definición sencilla de ‘corrupción política' es que ‘se refiere a los actos delictivos cometidos por funcionarios y autoridades públicas que abusan de su poder e influencia al hacer un mal uso intencional de los recursos financieros y humanos a los que tienen acceso, anticipando sus intereses personales y los de sus allegados para conseguir una ventaja ilegítima generalmente de forma secreta y privada'. Los intereses personales y los de sus allegados, lo estamos viendo, son familiares, socios en negocios o muy buenos y confiables amigos. Las formas más comunes de corrupción son ¡ojo!, el uso ilegítimo de información privilegiada, soborno, tráfico de influencias, extorsión, fraude, malversación, prevaricación, compadrazgo, nepotismo, impunidad. Destaco ‘prevaricación' que es ‘delito que consiste en que una autoridad, juez u otro servidor público dicta una resolución arbitraria en un asunto administrativo o judicial a sabiendas de que dicha resolución es injusta y contraria a la ley'. En semanas recientes los fallos de algunos jueces han despertado sospechas de prevaricato. La corrupción, a su vez, facilita, entre otros delitos, el lavado de dinero. Cada una de las formas antes mencionadas está presente en la corrupción desvelada en los últimos años. Según el Índice de Percepción de la Corrupción de la Organización de Transparencia Internacional, en 2017 Panamá bajó un escalón y suma cuatro (4) puntos negativos en los últimos seis años; nada de lo que podamos alardear.

¿Es la corrupción parte de nuestra naturaleza? ¿Es inherente al ser humano? ¿O es que todo está diseñado para facilitar la corrupción? Según estudiosos de este tema, la corrupción es mal antiguo. En el reinado de Ramsés IX, 1100 años a. C., un funcionario estaba en componendas con saqueadores de tumbas; el griego Demóstenes, año 324 a. C., robó dinero del Acrópolis; Pericles (el Incorruptible) se rebuscó en la construcción del Partenón; en Roma se registró una rebusca con la construcción del teatro de Nicea (hoy Iznik, ciudad de Turquía) que tenía tantas grietas que resultaba más barato destruirlo que repararlo. Este caso me suena familiar con millonarias construcciones defectuosas en Panamá. En obra sobre Julio César, dijo el autor Bertolt Brecht que ‘La ropa de sus gobernadores estaba llena de bolsillos'; el dinero ya no se guarda en bolsillos sino en bancos, preferiblemente en el extranjero para comprar propiedades, yates, aviones, helicópteros, etc., hechos que aparecen en escándalos locales. Dice la historia de la corrupción (ref. en internet) que con la llegada de la religión católica robar pasó a ser ‘pecado', pero, como con la confesión se hacía borrón y cuenta nueva, se abusó del perdón del pecado. Napoleón decía a sus ministros que les permitía robar un poco, siempre y cuando administraran con eficiencia; algo así hemos vivido en Panamá, pero sin la exigencia de ‘poco' ni de eficiencia, razón para problemas crónicos sin resolver. ¿Qué le parece que en la antigua Roma se usaba ‘la palanca' para conseguir trabajo? Con razón la frase ‘No hay nada nuevo bajo el sol'.

Sin embargo, según el profesor Sabino Perea Yébenes, en el mundo romano la corrupción pública era mal vista, pero se hacían de la vista gorda en negocios particulares. Lo más importante era el honor; para llegar a la cumbre el candidato tenía que tener currículo, haber ocupado cargos, tener educación y proceder de buena familia; también patrimonio, ya que debía presentar una fianza a principio del mandato; al final se hacían las cuentas y si había enriquecimiento tenía que devolverlo todo. Para casos de corrupción se podía aplicar el exilio o el suicidio; esta última medida ‘permitía mantener el honor'; lo del honor me alborotó las neuronas que se soltaron en carcajadas. Por lo pronto, me pregunto cuál es el antídoto de la corrupción política. Porque seriamente dudo de poder oír algún día algo parecido a lo que dijo Sancho Panza: ‘Yéndome desnudo, como me estoy yendo, está claro que he gobernado como un ángel'.

COMUNICADORA SOCIAL.