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22 de Oct de 2019

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Modesto A. Tuñón F.

Columnistas

Sueños, bosques y vialidad

La madrugada está fría y el autobús se pone en marcha

La madrugada está fría y el autobús se pone en marcha. Los pasajeros, a medida que suben al vehículo, se dejan caer en los asientos y entran inmediatamente en un sueño que dura hasta llegar a su destino en la ciudad capital. Así se inician las jornadas de quienes viven en las comunidades al oeste del Canal de Panamá y que deben desplazarse todos los días a la urbe y al terminar su trabajo, regresar a casa.

Es una dinámica que se repite y repite; ella reduce los tiempos de permanencia en el hogar e incrementa las horas de viaje hacia las oficinas, empresas, construcciones a desarrollar las tareas de los empleos. El cansancio se refleja en los rostros apergaminados por el trajín de este recorrido que demora varias horas en promedio, cuando normalmente no debería prolongarse más de quince minutos a Arraiján y treinta y cinco a La Chorrera o sitios vecinos.

Esa es la cruda realidad de quienes han decidido vivir en este polo de crecimiento, en que la explosión demográfica le ganó la batalla a cualquier planificación regional donde se debieran organizar de forma estructurada los asentamientos y los respectivos servicios de vialidad, energía eléctrica, plomería y, sobre todo, la dotación de agua para los diferentes servicios caseros. Los cortes de suministro hídrico y electricidad son más que una mera casualidad.

Quienes deben hacer ese trayecto diariamente, invierten más o menos tres horas al día; en la semana de labor, alcanza quince y por tanto sesenta horas al mes; es decir, casi tres días. Si esto lo multiplicamos por los doce meses del año, tendremos 720 horas que constituye 30 días —un mes— en dicho desplazamiento inevitable y que se convierte en un problema social que encara cada ciudadano que se mueve con tal ritmo.

Lo alarmante es el volumen de población que se involucra en esta situación y que se le encuentra dormitando en vehículos en los estacionamientos de las instituciones antes de entrar a las faenas. Tanto en mañanas y tardes, existen impactos a la vialidad generalizada en la ciudad de Panamá, pues en horas vespertinas, todos los que quieren llegar a su vivienda, deben buscar vías para cruzar el Canal y encaminarse a sus barrios o urbanizaciones.

El gran cuello de botella está situado en dos puntos básicos. En el sector de la carretera Interamericana que va del puente de Las Américas hasta la ciudad de Arraiján y en el segmento de la avenida Omar Torrijos Herrera, situado entre Corozal y el puente Centenario. Para tal efecto, el Ministerio de Obras Públicas ha diseñado una ampliación de ambas vías en los lugares mencionados y como forma de desahogo de vehículos.

Las obras de ampliación rozan y por tanto afectan la cobertura boscosa de esas zonas. Se ha concebido un plan de compensación a la necesidad de tala de árboles que estén alineados con la ampliación vial. Por esta razón, se plantarán sustitutos en terrenos vecinos a razón de diez unidades por cada uno eliminado. De esa forma se ganará en cobertura en esta región vecina a la vía canalera.

Hay que tomar aquí una disposición. Se pueden dejar ambas arterias tal como están y salvar los árboles en el borde o, por el contrario, proceder a la construcción y beneficiar a un extenso público que se moviliza mañana y tarde de cada día. Crear este desarrollo carretero, traerá mayor holgura para compartir familiarmente y ocuparse de tareas hogareñas y comunitarias.

Es una importante decisión que debe llevar consigo el seguimiento para que sus impactos minimicen las afectaciones al ambiente. Así, sus perspectivas serán duraderas y menos viajeros dormirán en autobuses y en otros sitios extraños a sus casas.

PERIODISTA