La Estrella de Panamá
Panamá,25º

17 de Oct de 2019

Avatar del Maritza Mosquera de Sumich

Maritza Mosquera de Sumich

Columnistas

¿Dónde ha quedado nuestra cultura de paz?

‘La guerra es la manera más cruel de llegar a la convivencia armónica, aunque existen posturas que la defiendan'

Recuerdo con suma nostalgia cuando en nuestro país discutíamos sobre la importancia de la cultura de paz en el siglo XXI, ante un siglo XX signado por dos guerras mundiales y muchas invasiones, entre ella la nuestra. Mi pregunta es la siguiente, ¿hemos olvidado la tradición y vocación pacifista y de negociación que nos han caracterizado como nación y que tanto orgullo, alegría y elogios nos ha traído a lo largo de la historia? Sin lugar a duda, Panamá ha demostrado muchos ejemplos de paz en su vida republicana.

Recuerdo las sabias palabras de mi maestro el Dr. Daisaku Ikeda, filósofo laureado y presidente honorario de la SGI, al expresar que: ‘La guerra es atroz e inhumana. Nada es más cruel, nada es más trágico'. Él creció con los horrores de la guerra y por eso es un gran defensor de la paz. También las de Cicerón: ‘Preferiría la paz más injusta a la más justa de las guerras'.

En su relato, el Dr. Ikeda señalaba: ‘Innumerables jóvenes de mi generación fueron incitados por el Gobierno militarista a marchar orgullosamente al frente de batalla y entregar su vida'. ‘Las mujeres de las familias que quedaban atrás eran elogiadas por su sacrificio como madres militares, algo que suponía un gran honor. ¡Pero en realidad, lo que se agitaba en la profundidad de los corazones maternos era un tumulto devastador de pesar, dolor y miseria! El amor de una madre, la sabiduría de una madre es demasiado grandioso para caer bajo el engaño de frases vacías como ‘por el bien de la nación' o ‘de la democracia'.

Podemos recordar, un poquito lo que está escrito sobre la Cultura de paz, esta consiste en una serie de valores, actitudes y comportamientos, que rechazan la violencia y previenen los conflictos, tratando de solucionar los problemas mediante el diálogo y la negociación entre las personas y las naciones, teniendo en cuenta un punto muy importante que son los derechos humanos, pero así mismo respetándolos e incluyéndolos en esos tratados. El concepto fue definido por resolución de la ONU, y aprobado por la Asamblea del organismo, el 6 de octubre de 1995.

En el país recibíamos expertos de todas partes del mundo, discutíamos con frenesí, hasta se propuso incluir este módulo en el currículo. Se Hablaba de los cinco desafíos fundamentales que la humanidad tendría que enfrentar en el nuevo milenio y estos eran, la cultura de paz, desigualdad en la distribución de la riqueza, la globalización, ecología y ambiente y responsabilidad social. Hasta analizábamos la reconstrucción de países de la región asediados por las guerras, como El Salvador, Colombia y Guatemala y sus experiencias en trabajar en la cultura de paz.

Declaro con orgullo que desde hace 32 años trabajo por la paz, a través de la educación y la cultura, rechazando la guerra como medio de solucionar conflictos, porque no es cierto que lo sea. Aunque cerremos los ojos, está prohibido olvidar, como dicen en Argentina. Conocemos la tragedia de las invasiones y conflictos bélicos. ¿Estaríamos preparados para sufrir algo igual?, analicemos profundamente si deseamos lo mismo para nuestros hermanos latinos. La opinión pública no tiene memoria, es una ley, pero reflexionemos y hagamos un alto.

La guerra es la manera más cruel de llegar a la convivencia armónica, aunque existen posturas que la defiendan. Estamos transmitiendo a nuestros hijos y generación futura que somos incapaces de solucionar nuestros conflictos a través de la negociación y la mediación, que tanto enseñamos en las instituciones educativas.

DOCENTE UNIVERSITARIA, MIEMBRO DE LA SGI DE PANAMÁ, VICEPRESIDENTA DE CONFIARP.