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22 de Oct de 2019

Bernardo Kliksberg

Columnistas

Hora de terminar con las trans fat

En EE.UU., la prohibición durante varios años en áreas de New York, llevó a una fuerte declinación de los ataques cardíacos y cerebrales.

La alimentación de muchos grupos humildes del planeta contiene dosis considerable de grasas ultrasaturadas, las trans fats, aceites vegetales parcialmente hidrogenados. Aparecen con frecuencia en la industria del ‘fast food', y una de sus expresiones más frecuentes son las papas fritas hechas en base a ellas, que son comida preferida de los niños. Tienen ventajas comerciales que han incentivado su comercialización, como su bajo costo de elaboración, que conservan por más tiempo los productos, y que les facilitan mantener su color. Pero todos estos factores externos, ocultan los graves y probados daños que causan a la salud.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) termina de exigir a los países y a los productores su erradicación total para 2023. Esos productos y sus derivados directos, como la margarina, el crisco, y otros, actúan como obstructores de las arterias, suben el colesterol malo y bajan el colesterol bueno. Cobran actualmente 540 000 vidas anuales, normalmente de personas de menores recursos. No están informados del problema, y los paquetes de comida barata que se les venden no indican cuánta trans fat contienen. Las grasas ultrasaturadas contribuyen también al aumento de riesgo de diabetes Tipo 2, y a la infertilidad en mujeres.

La campaña de la OMS está siendo desarrollada en asociación con Vital Strategies, un grupo de salud pública global, apoyado por Michael Bloomberg. Cuando Bloomberg era alcalde de New York, introdujo en el 2006 la primera prohibición total de las trans fats en una ciudad. Una serie de países desarrollados los han prohibido, entre ellos Dinamarca, Suiza, Canadá, Gran Bretaña y Estados Unidos.

Sin embargo, siguen siendo muy populares en países emergentes, particularmente en el Sudeste Asiático, en áreas de África y América Latina. Allí la dieta de los pobres está limitadamente protegida por las regulaciones, y los productores de trans fat tienen terreno libre ante la indefensión de sus consumidores.

Un estudio en Pakistán mostró que los hombres tienen un 62 % de mortalidad mayor de ataques cardíacos, que sus similares de Inglaterra y Gales.

Otro, en el segundo país más poblado del mundo, India, encontró altas concentraciones de trans fat en comidas vendidas en la calle, la gran mayoría sin etiquetas informativas de los riesgos.

Contrastando, en Dinamarca, el primer país que implementó su prohibición, un reciente estudio muestra que el cambio hacia aceites saludables produjo un cambio dramático, salva 14.2 vidas cada 100 000 habitantes por año.

En EE.UU., la prohibición durante varios años en áreas de New York, llevó a una fuerte declinación de los ataques cardíacos y cerebrales.

El New York Times dedica un editorial especial al tema, exigiendo en su título que se hace muy urgente que la trans fat pase a la historia. Apoya enérgicamente la campaña abierta por la OMS que, en alianza con ONG, se propone ayudar a los países a evaluar cómo las trans fats están siendo utilizadas en los alimentos, educar a los consumidores, promover alternativas, y desarrollar políticas para eliminarlas.

Alcanzar la meta propuesta de erradicarlas para el 2023, salvaría, según anuncia la OMS, 10 000 000 de vidas. Dados los intereses económicos en juego y su peso sobre las regulaciones y su implementación, no será fácil. Los primeros investigadores médicos que denunciaron el problema en la década de los 70, fueron fuertemente hostilizados por la industria alimentaria. Hoy, la investigación es contundente, y no deja lugar a más dudas. La acción de este asesino silencioso es uno de los ‘escándalos éticos' de nuestro siglo que no puede continuar.

ASESOR ESPECIAL DE LA ONU.