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19 de Apr de 2021

Domingo Latorraca M.

Columnistas

Economía bajo el palo de mango

La mejora en la calificación de riesgo de la deuda soberana de Panamá por parte de la empresa Moody puede traer por lo menos dos beneficios potencialmente.

Hay experiencias que trascienden y que nos traen importantes lecciones, no importa el momento o la posición que uno ocupa, y personas que generan un impacto positivo en tu vida, y que siempre debes valorar. Así mismo, las decisiones en materia de política económica; casi nunca son inmediatas, pero pueden trascender en el tiempo y tener efectos a largo plazo. A menos de un mes de las elecciones, es difícil diferenciar entre lo importante y lo que importa, ya que naturalmente existe demasiado ruido, y lo bueno puede pasar desapercibido. Creo que este es el caso de la mejora en la calificación de riesgo de la deuda soberana de Panamá, y el anuncio que hiciera una de las tres evaluadoras hace varias semanas.

Es importante reconocer que, a pesar de los grandes retos que enfrenta nuestro país (educación, educación, educación, por mencionar algunos), a partir del momento en que Panamá incursionó en los mercados internacionales de capitales para la obtención de parte de su financiamiento a mediados de los años noventa, se ha logrado poco a poco avanzar y generar las condiciones para que hoy el país sea reconocido como un puerto seguro para la inversión— la deuda soberana está catalogada como grado de inversión. Paso a paso, con sus aciertos y errores, el país ha logrado avanzar, y hoy en día se distingue entre las economías más robustas y resistentes en Latinoamérica.

La mejora en la calificación de riesgo de la deuda soberana de Panamá por parte de la empresa Moody puede traer por lo menos dos beneficios potencialmente. En primer lugar, el costo del financiamiento para las inversiones en el sector público puede disminuir (se reduce la tasa de interés). Por ejemplo, una obra como el cuarto puente sobre el Canal de Panamá, cuyo costo digamos que es de aproximadamente $1400 millones; suponiendo que Panamá financiara el 90 %, unos $1260 millones, el costo de ese financiamiento, producto de la mejora en la calificación de riesgo, pudiera liberar potencialmente millones de dólares en el pago de intereses al año. Estos millones de dólares que se dejarían de pagar en intereses pudieran invertirse o ahorrarse.

Por otro lado, las empresas y fondos de inversión extranjeros evalúan a los países en donde invierten en aspectos relacionados con su estabilidad económica, seguridad jurídica, posición geográfica, y por supuesto su propia necesidad. También, evalúan qué dicen las calificadoras de riesgo sobre esos países, o invierten solo en países con ciertas evaluaciones— a mejor evaluación, mejor calidad de inversionista. Panamá recibió el año pasado unos $5500 millones en inversión directa extranjera al año, mucha de la cual es reinversión en el país— esto por la confianza que el país genera a los inversionistas. La inversión directa extranjera es importante entre otros aspectos, por la generación de empleo, usualmente bien calificado. Sin embargo, a pesar de ser un puerto seguro, Panamá cuenta con un inmenso reto relacionado con su Capital Humano.

Recientemente, en el marco de Expocomer 2019, la Cámara de Comercio, Industrias y Agricultura de Panamá organizó un Foro Económico, donde, como moderador, fui testigo de la discusión sobre los retos en materia de política económica entre dos reconocidos economistas de la talla de Marco Fernández y Catín Vásquez. Concluyo que algunos de los retos más significativos que tiene Panamá están relacionados con el Capital Humano y sus habilidades para enfrentar la competencia global; la productividad de algunos sectores que permitan continuar en el sendero de crecimiento; y cómo alcanzar entre un 5.5 y 6 por ciento de crecimiento anual— para poder general el nivel de empleo necesario. De igual forma, el concepto de ‘exportar para crecer', que escuché por primera vez en una conversación con Marco Fernández, hace casi 20 años, bajo un palo de mango, debe traducirse en el norte de nuestras políticas públicas con relación al potencial de convertirnos en un país exportador de bienes (productos agropecuarios y productos con valor agregado, por ejemplo), utilizando nuestra plataforma logística ya existente.

La reorganización del sistema de educación pública es imperativo, de manera que en el mediano plazo nuestro Capital Humano desarrolle las competencias para aspirar a ser parte de la fórmula que aumente la productividad del país. Fortalecer las instituciones a través de la capacitación de su personal, mejorando los procesos e introduciendo la tecnología adecuada, y procurando analizar las grandes cantidades de datos que hoy se almacenan sin mayor uso, son retos permanentes, y que pueden resultar en importantes ahorros para el Estado, y un incremento en la productividad— vital para poder competir globalmente.

El éxito relativo que Panamá ha tenido hasta ahora no asegura el futuro; la debilidad institucional limita la competitividad del país, y no le permite explotar todo su potencial. El mejoramiento de nuestro Capital Humano está en el centro de la fórmula para consolidarnos como nación, derrotar la debilidad institucional, y convertir el crecimiento en desarrollo humano.

INGENIERO INDUSTRIAL (PHD).