Temas Especiales

10 de Apr de 2021

Demetrio Olaciregui Q.

Columnistas

Willy Cochez, el incombustible

La historia de Hilaria Frías, es emocionante. Emigró, con frustración y dolor, a la capital. Su sueño era contar con un quiosco con el cual ganars...

La historia de Hilaria Frías, es emocionante. Emigró, con frustración y dolor, a la capital. Su sueño era contar con un quiosco con el cual ganarse la vida. Pero para obtener el permiso de operación, las autoridades tableñas le exigieron una coima que, aunque hubiera tenido el dinero, no estaba dispuesta a pagar.

Llegó a Río Abajo, con su vida a cuestas. Para probar suerte, solicitó a la Alcaldía de Panamá el permiso para montar su ansiado quiosco. Para su sorpresa, en enero de 1991, sin pagar un real, obtuvo el permiso de operación.

Ese puesto de ventas, frente a la Iglesia de Piedra de Río Abajo, le cambió la vida. Con los modestos ingresos obtenidos pudo educar a sus hijos y, en la actualidad, es su fuente de sustento. Guarda como un tesoro el permiso de operación con la firma de Willy Cochez, quien entonces era el alcalde capitalino.

‘Voy a apoyar al señor Cochez para diputado, porque es un hombre honesto, porque representa lo mejor de nosotros, y me mostró que se preocupa por la gente humilde', dijo Hilaria al conocer las aspiraciones de Willy para ser elegido diputado del circuito 8-8 por el Partido Popular.

Historias como esas, se repiten con frecuencia, demostrando lo que es Willy en estado puro.

Este un panameño auténtico que ama a su país y que desea verlo prosperar como una sociedad respetuosa del individuo, donde exista igual de oportunidades, con mayor equidad en la distribución de la riqueza y se respeten los derechos fundamentales.

Ha acumulado, en sus 73 años, la experiencia y el conocimiento que se requiere para ejercer la política. A lo largo de cuatro décadas Willy ocupó todos los puestos de dirección del entonces Partido Demócrata Cristiano, fue elegido legislador en dos ocasiones, estuvo dos años al frente de la Alcaldía de Panamá y sirvió por cuatro años como embajador de Panamá ante la Organización de Estados Americanos (OEA).

Además, por más de tres décadas ha sido profesor de Derecho Comercial en la Universidad de Panamá y por cuatro décadas ha escrito en medios de prensa, nacionales e internacionales.

Willy busca —desde la Asamblea Nacional— contribuir al cambio que demanda la política, legislando dentro de parámetros de transparencia, fiscalizando al Órgano Ejecutivo y fortaleciendo la independencia del Poder Judicial.

‘Espero que esta nueva oportunidad de servir a Panamá, me pueda permitir la creación de un mejor país para todos los panameños que aspiran a vivir con más dignidad y mejores oportunidades', dijo Willy al referirse a sus aspiraciones electorales.

Heredó de su padre, no solo el nombre, sino ‘el detestar la corrupción y la trampa'. Esa verticalidad y la defensa de sus ideas políticas lo llevaron a sufrir cárcel y exilio.

Willy es un joven de espíritu, lleno de la adrenalina que lo estimula a luchar con pasión para desenmascarar a quienes se perpetúan en los puestos de elección popular comprando conciencias y explotando las necesidades de los votantes.

Cuando las elites nacionales han dado la espalda a los ciudadanos, porque se creen dueños del país, Willy ha sabido interpretar el hastío de la población. Es un político que propone, que arriesga. Es capaz de visualizar el nuevo inventario de dificultades que se presentan ante el futuro del país y lanzarse al rescate en clara sintonía con el proceso de cambios que demanda el momento actual por el que atraviesa Panamá.

En estos días de tanto descrédito y apatía hacia el quehacer político, en que los panameños demandan un cambio de dirección para evitar que Panamá entre en una deriva disfuncional, es cuando hace falta la convicción de personajes como Willy para crear la conciencia colectiva de que este es un país vivo en el que todos sus ciudadanos deben creer.

Porque no hay lucha que se le haya escapado. Lejos de dormirse en los logros del pasado, Willy ha optado por el movimiento continuo. Siempre ha estado al frente de la causa de los menos favorecidos. No le importa que lo acusen de polémico y confrontativo, ha seguido adelante, con las botas puestas, enfrentándose a los demonios que quieren adueñarse del país. Willy no le pone condiciones a Panamá. Es un ciudadano vibrante y claro, incombustible, listo para defender los intereses más sagrados de la nación panameña.

PERIODISTA