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21 de Jan de 2021

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Ernesto A. Holder

Columnistas

Disciplina y condición humana

‘Sí, la disciplina es importante; pero la formación humanística y cultural, sin duda alguna, garantizará, en términos generales, mejores líderes y ciudadanos comprometidos'

Hubo reacciones encontradas sobre el anuncio del ministro designado de Seguridad, Rolando Mirones, sobre la reapertura del Instituto Militar General Tomás Herrera. Además del tema de la disciplina vertical y lo académico, la formación de nuevos profesionales y ciudadanos en estos tiempos de amenaza social debe estar subrayado por una formación humanística contraria a lo que el entorno promueve constantemente. Rescato algunos argumentos formulados hace unos años.

Una de las tres definiciones que da el Diccionario de la Real Academia Española (DRAE) sobre humanismo es: ‘Doctrina o actitud vital basada en una concepción integradora de los valores humanos'. El DRAE define tecnócrata como: ‘Técnico o persona especializada en alguna materia de economía, administración, etc., que ejerce su cargo público con tendencia a hallar soluciones eficaces por encima de otras consideraciones ideológicas o políticas'.

A lo largo de los años mis propuestas para redirigir los destinos de la Nación siempre se han basado en que los Gobiernos deben estar –fundamentalmente– conformados por humanistas… y los tecnócratas, ciudadanos bien preparados y de positiva disposición para servir al país; que trabajen a la par de los humanista o tal vez al servicio de la visión de estos, en aras de procurar un mejor balance social.

Aquí rigen los tecnócratas. Asesorados por los de las instituciones financieras internacionales. Juegan con los números y nos dicen que estamos a un tris de ser país de primer mundo. Pero esas determinaciones son incomprensibles, cuando, a estas alturas de nuestra historia, el problema social en todos los niveles (salud, educación, seguridad, pobreza, desempleo, corrupción, justicia) y las perspectivas de desarrollo verdadero están seriamente comprometidas y en franco cuestionamiento.

Con todos los cálculos y re-cálculos que estos hacen cada cierto tiempo, con la seriedad y seguridad con que nos lo presentan, seguros de sus predicciones para el futuro o justificando los cambios en cuanto a sus pronósticos pasados, las cosas de igual manera, no favorecen a los más necesitados. Ellos creen aportar ‘soluciones eficaces' a la hora de asignar y distribuir fondos, y como se ha definido, ‘por encima de otras consideraciones ideológicas o políticas'. Las condiciones de supervivencia cotidiana del conjunto humano nacional (los pobres y la clase media) son altamente discutibles. Solo miren las escuelas y el sistema de salud.

En cambio, a mi parecer, si conjugáramos estas planificaciones con el concurso de los humanistas, gente que mira al ser humano, sus desventajas y sus posibilidades, la puerta de desarrollo y la creación de espacios para las transformaciones sociales, serían atendidas de otra manera y con la seriedad que corresponde.

Muchos son los indicadores que nos señalan que el crecimiento intelectual de la población joven es negativo y, en los últimos 25 años, los hemos estado sacrificando, generación tras generación, por la falta de una visión holística sobre desarrollo humano.

Esa visión de desarrollo humano debe cimentarse con políticas adecuadas de desarrollo científico y tecnológico, pero sustentado por una conducta, cultura, humanística. Es muy difícil definir una visión de Estado sobre nuestro futuro, cuando no tomamos en cuenta que, como país de tránsito, nuestra condición cultural continúa redefiniéndose y enriqueciéndose con nuevas influencias y aportes.

Todavía no entendemos que, en términos generales cuando una generación se detiene a estudiar los aportes de otra del pasado, examina y en muchos casos se admira y aprende de sus aportes culturales: en la plástica, la literatura, la música y los esfuerzos sociales que realizó en favor del conjunto de la población. Más que por lo pragmático o lo técnico, las naciones son comprendidas a posteriori, cuando los investigadores dan cuenta de la sensibilidad cultural que socialmente predominó en su época.

Al parecer, este nuevo Gobierno está por crear el Ministerio de Cultura. Conjugar los objetivos de ese ministerio para darle forma a la idea expuesta por el ministro designado de Seguridad sería importante y vital para nuestro desarrollo futuro.

Una profunda reflexión sobre las amenazas a la juventud en formación (analfabetismo, pandillerismo, tráfico y consumo de drogas) debe obligarnos a explorar alternativas que alguna vez rechazamos.

El tema del desarrollo humano a través de la educación y la cultura es lo significativamente más importante para la continuidad de nuestras sociedades. Sí, la disciplina es importante; pero la formación humanística y cultural, sin duda alguna, garantizará, en términos generales, mejores líderes y ciudadanos comprometidos.

COMUNICADOR SOCIAL.