Temas Especiales

26 de Jan de 2021

Berna D. Calvit

Columnistas

Los niños N

‘Usted, funcionario, ciudadano, comerciante o político corrupto, roba a esas madres y sus niños. En Panamá no se cortan manos a los ladrones, como se hace en algunos países. Pero córteselas simbólicamente, futuro presidente Cortizo. Hágalo por todos los niños N de este país'

Lo voy a contar con vergüenza, indignación y tristeza. No quiero que al leer este relato se digan ‘qué buenas señoras', ‘qué acciones tan bonitas, qué bondadosas'. Absolutamente no, no lo hago para ganar puntos. El año pasado, como a las diez de la noche, iba hacia mi casa y vi a una mujer con cuatro niños detenida frente a un basurero; cuando me vio trató de disimular su intención; me detuve y le pregunté, extrañada por supuesto, qué hacía tan tarde en la calle con esos niños; con algo de dificultad me contestó que andaba buscando algo de comer para el día siguiente. Les pedí que me siguieran y fui a mi apartamento a ver qué podía darles; llamé a una vecina que inmediatamente procedió a preparar emparedados y entre las dos les ofrecimos lo que en ese momento teníamos a mano. Todavía, al recordar a esos niños tan contentos con lo poco que les pudimos ofrecer, ‘se me aguan los ojos' y conste que no soy tipo llorona. Le preguntamos qué más necesitaba y nos dijo que uniformes para los niños, que iban a empezar clases y no los tenían; nos dio las tallas de cada uno y le pedimos regresar a recogerlos. Pasaron varias semanas y una noche ya tarde me esperaba otra vez con los niños; volví a preguntarle por qué a esa hora con los niños en la calle y me respondió: ‘No quiero que se los lleven, que me los quiten'. Esta vez estábamos mejor preparadas y además de uniformes llevaron útiles escolares. La felicidad de esas criaturas, como decía el comercial de una tarjeta de crédito, ‘no tiene precio'.

No volví a verla durante varios meses. Hace un par de días nuevamente tarde en la noche ella y sus niños caminando con el mismo propósito; otra vez hice lo que pude, algo para comer en el momento, para llevar y también algunos artículos; mi buena vecina no estaba en casa. La madre de los niños es tímida, pero logré que me diera ciertos detalles, el nombre y edad de los niños; el porqué de su ausencia; dónde vive, su estado de salud y otros detalles. Pero hubo algo que me impresionó y logró insuflarme el maravilloso y gratificante sentimiento de que también otra persona estaba al tanto de la situación de la señora N y sus niños: la maestra X en la escuela Tal y número de celular XX. Esto me indicó que la maestra debe ser muy especial para que haya dado a esta madre el recurso para comunicarse con ella. Y en eso estoy. Llamé a la escuela y dejé mensaje para la maestra a quien deseo conocer para ver qué podemos hacer por los niños y su madre.

Dije al inicio de este escrito que siento vergüenza, indignación y tristeza porque este caso es apenas uno entre cientos, miles, en nuestro rico país con deshonroso 2º. lugar en desigualdad en América Latina. Nada de qué enorgullecernos, aunque nos halaga cacarear nuestro crecimiento económico, el 6º. lugar entre 103 países de economía emergente (El Capital Financiero 24/1/2018). El economista Eduardo Lamphrey R. ( La Estrella de Panamá 21/2/2019) señala que Panamá, ‘a pesar de tener un crecimiento económico del 5.4 % en el 2018 y estimado un 5.6 % para el 2019, es el número 10 en el mundo con la peor desigualdad, que se expresa en mayor pobreza, desempleo, baja calidad en salud, educación…'. De 2016 a 2018 la deserción escolar fue de casi 100 mil estudiantes. ¿Qué futuro espera a los niños de la señora N? ¿Qué me indigna, qué debe indignarnos ante la situación de la señora N, sus niños y de miles como ellos? Que, según las cifras de nuestra bonanza económica, no hay razón para que no tengan qué comer al día siguiente. Gran parte de la riqueza que genera el crecimiento del que nos enorgullecemos es saqueada por políticos y empresarios corruptos en planillas brujas, obras, materiales, alimentos, medicamentos, facturaciones fraudulentas, etc., con precios inflados para el % de la coima; por familias ‘botellas' viviendo de la teta gubernamental; la ‘rebusca' como estilo de vida. ¡Desvergonzados y ladrones! No hay renglón a salvo de la rapiña; los escrúpulos desechados porque ‘Así son las cosas, siempre han sido así y si no lo hago yo, lo hace otro'. Usted, funcionario, ciudadano, comerciante o político corrupto, roba a esas madres y sus niños. En Panamá no se cortan manos a los ladrones, como se hace en algunos países. Pero córteselas simbólicamente, futuro presidente Cortizo. Hágalo por todos los niños N de este país.

COMUNICADORA SOCIAL.

¿[...] qué debe indignarnos ante la situación de la señora N, sus niños y de miles como ellos? Que[...] no hay razón para que no tengan qué comer [...]'