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15 de Jan de 2021

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Jaime Raúl Molina

Columnistas

Racionalidad acotada

‘[...] no necesariamente las mejores decisiones son las que se hacen tomando en cuenta la mayor información posible'

Algunos problemas en ciencias sociales presentan modelos de racionalidad que, si bien son atractivos desde un punto de vista lógico, no parecen corresponder con la realidad empírica observada de cómo los seres humanos toman decisiones. Esto ha llevado a la consideración de que las personas toman decisiones de forma emotiva y, por tanto, irracional (según dicha perspectiva). Esa equiparación de lo emocional con lo irracional, sin embargo, lleva una premisa implícita que no hay que aceptar tan fácilmente.

Gerd Gigerenzer, psicólogo estudioso y protagonista en las últimas tres décadas del debate académico sobre la racionalidad humana, propone que la idea de que el ser humano es poco racional en sus decisiones responde más, muchas veces, a una equivocada idea de racionalidad que a defectos sistemáticos en la cognición y procesos de toma de decisiones del ser humano.

Gigerenzer, junto con sus coautores en el artículo ‘Los buenos juicios no requieren cognición compleja' (Marewski et al. Good judgments do not require complex cognition, Cogn Process [2010] 11:103-121), dan como ejemplo el problema de cómo atrapar una pelota de béisbol. Señalan que Richard Dawkins en ‘El gen egoísta', asume que el jardinero de béisbol resuelve en el plano inconsciente, el equivalente a los cálculos matemáticos requeridos para estimar la trayectoria de la pelota y, con ella, dónde caerá, para así poder entonces determinar la mejor trayectoria que él, como jardinero, debe recorrer con el objeto de atrapar la pelota en el aire. Sin embargo, quien haya jugado béisbol sabe intuitivamente que jamás ha hecho cálculos semejantes. El problema, de hecho, es computacionalmente intratable, pues son demasiadas variables que habrían de ser computadas (velocidad de la pelota, trayectoria, aceleración debida a la gravedad terrestre, dirección y velocidad del viento, velocidad del jardinero, etc.) para hacer el cálculo en cosa de segundos (asumiendo que sepa cómo hacer el cálculo).

¿Cómo resuelve el problema un jardinero de béisbol en la vida real? En el caso de una pelota elevada (fly-ball), se ha observado en el laboratorio que los jardineros experimentados utilizan la heurística de la mirada (gaze heuristic), que consiste en que, una vez la pelota está elevada en el aire, el jugador debe fijar su mirada en la pelota y ajustar su propia trayectoria (corriendo) de tal manera que el ángulo de la mirada hacia la pelota en el aire se mantenga constante. Pero hay algo más: en esta heurística, el pelotero jamás estima el sitio donde va a caer la pelota, sino que simplemente busca estar en el sitio necesario para atrapar la pelota con su guante cuando esta vaya hacia el suelo. La idea del pelotero como un calculador subconsciente de ecuaciones cinemáticas complejas se basa así en una definición equivocada del problema, y esto es importante: los problemas que encuentra el hombre en su ambiente no son abstractos, y por tanto sus soluciones no son abstractas. Son problemas muy concretos que requieren soluciones concretas. El problema del pelotero es atrapar la pelota en el aire, no determinar dónde va a caer la pelota. La distinción parece sutil, pero las implicaciones para la toma de decisiones son enormes.

Elemento fundamental aquí es que en la heurística de la mirada el pelotero no está tomando en cuenta toda la información disponible. De hecho, muy al contrario, se está concentrando en una sola cosa: mantener la mirada en la pelota en un ángulo constante y ajustar su velocidad y trayectoria de carrera en consecuencia. El pelotero está desechando una gran cantidad de información disponible para concentrarse en un solo criterio. Alguien podría sugerir que si el pelotero tomase en cuenta más elementos (como la velocidad del viento, etc.), podría incluso lograr mayor efectividad en atrapar la pelota, pero la realidad observada indica que es precisamente la concentración del pelotero en una sola cosa lo que otorga a esta heurística un óptimo de eficacia.

Aquí entonces una lección clave: en un mundo complejo que exige la toma constante de muchas decisiones, no necesariamente las mejores decisiones son las que se hacen tomando en cuenta la mayor información posible. Todo proceso decisorio tiene un óptimo de información a tomar en cuenta (dependiendo de la decisión de que se trate y del entorno), y una vez alcanzado dicho óptimo, más información no solo no mejora la calidad de la decisión sino que la empeora. Este corolario es contraintuitivo porque va en contra de todo lo que nos han dicho en sentido de que siempre hay que tomar en cuenta toda la información a nuestro alcance.

Gigerenzer explica que ‘Una heurística es rápida si permite resolver un problema en corto tiempo, y frugal si puede resolverlo con poca información… Las heurísticas funcionan en ambientes del mundo real con alta complejidad natural, donde la estrategia óptima es frecuentemente desconocida o computacionalmente intratable' (Gigerenzer. Rationality for mortals, 2010).

Las heurísticas son adaptaciones evolutivas de carácter cognitivo que sirven para resolver clases específicas de problemas que encontramos en nuestro ambiente natural. Las heurísticas, dicho de otro modo, son herramientas (cognitivas) más o menos especializadas. La mente humana viene preprogramada con lo que Gigerenzer llama una caja adaptativa de herramientas cognitivas que permiten al ser humano transitar en el mundo complejísimo y lleno de incertidumbre de su ambiente (dicho sea de paso, si alguien aún cree en la idea de la mente humana como un pizarrón en blanco —tabula rasa— al nacer, infinitamente moldeable, debe saber que dicha idea —implícita en muchas manifestaciones ideológicas modernas— es ampliamente refutada por la evidencia empírica observada).

La contemplación del sistema de heurísticas, además, tiene otro corolario importante: la calificación de irracional que damos a determinadas decisiones o conductas, puede en realidad resultar de una evaluación que mira el proceso de toma de decisiones en cuestión fuera de su contexto ambiental, y que en cambio cuando tomamos en cuenta el respectivo contexto evolutivo, muchas veces el proceso decisorio adquiere una racionalidad muy persuasiva. En próximo artículo exploraré algunas otras implicaciones prácticas, incluso desde la perspectiva de toma de decisiones en interacciones sociales.

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