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14 de Dec de 2019

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Jorge Anel Samaniego Ríos

Columnistas

Duraron poco las máscaras...

‘Vivimos en una sociedad de clavos en la que al clavo recto, el que sobresale, siempre es al que se le golpea, mientras que a los clavos torcidos se les deja tranquilos. Así condenamos a los honestos, y premiamos a los corruptos'

E mpezaron a caer las máscaras, y mucho antes del festejo del Halloween. Las caras amables y las actitudes de poner primero al país ya no están a la vista. A poco más de dos meses de haber iniciado el ‘Buen Gobierno', la Asamblea parece otra. Los ocupantes de las curules, reelectos, salvados por cocientes, y nuevos ya actúan de la misma manera que siempre hemos conocido.

Los miembros del hemiciclo, salvo una minoría, han retomado las conocidas prácticas partidistas y de manera abrumadora dieron, a golpe de curul, tres pasos atrás con lo que se iba logrando en la Ley de Contrataciones. Escudándose en leguleyadas, quieren justificar el haberles vuelto a abrir la puerta a empresas señaladas con malas prácticas contractuales; empresas que participaron de manera comprobada en actos de corrupción y que afectaron el erario de manera directa y terrible, so pretexto de que ‘dan trabajo' a muchas personas.

Deberían considerar en el hemiciclo que, por encima de dar trabajo a muchos, las mencionadas empresas corruptas nos robaron a todos los panameños. Viéndolo con esa óptica, el beneficio del país es abrumadoramente mayor evitando que vuelvan los corruptos, sobre el beneficio que darían esas empresas pagando salarios a algunos. Y es que el dinero birlado al Estado no era repartido de manera equitativa entre los colaboradores de las empresas corruptas, no… Ese dinero iba directamente a las arcas de los accionistas, quedando poco o nada circulando localmente, y aunque sí se mantuviera circulando de manera local, es dinero sucio. Eso no hace grande a un país.

Según aquellos diputados que defienden lo indefendible, ‘los medios justifican el fin'. Dicho de otra manera, si Al Capone hubiera estado vivo y en Panamá actualmente, no solo lo hubieran dejado libre, sino que le habrían otorgado una suerte de ‘patente de corso' para que siguiera comerciando con productos ilegales, puesto que de esa actividad ilegal dependía el sustento de los que colaboraban en sus empresas.

Si cambiamos el nombre de Al Capone por ‘busitos piratas', y comercio de sustancias ilegales por ‘transporte masivo de personas' verá Usted, amigo lector, que nuestras autoridades llevan muchos años justificando lo injustificable.

De esa misma manera, nuestra Asamblea propone hoy que aquellos que ya han engañado al Estado puedan volverlo a hacer, premiando la mentira y castigando la honestidad. Y es que en Panamá la campaña de premiar los antivalores ha venido calando desde hace décadas, logrando imprimir su sello de juegavivo en la mente de la mayoría de los panameños.

Podemos poner muchos ejemplos de cómo nos han enseñado que actuar mal sí paga en Panamá. Si no pagas la placa de tu vehículo cuando te corresponde, tranquilo, no te va a pasar nada malo. Por el contrario, vendrá una moratoria y hasta te darán un descuento. Bien por el mal actuar.

Otro ejemplo, no pagaste lo que adeudas por consumo de agua en tu casa, haces lo correcto, pues meses después de no pagar puedes ir a las oficinas de la entidad gubernamental y hacer un ‘arreglo de pago' en el cual con cómodas letras pagarás lo que debes menos un descuento sobre la ya ridícula tarifa que se cobra por el agua en nuestro país.

Pero ¿qué pasa cuando nos esforzamos y pagamos a tiempo nuestras responsabilidades? La respuesta es: no pasa nada. Ni las gracias te dan, dejando claro que actuar bien no lleva recompensas, mientras premian el mal actuar.

Hay muchos ejemplos, pero limitaremos este espacio a uno más. ¿Qué sucede cuando tienes una empresa pequeña de construcción, pagas tus impuestos, te mantienes actualizado con todos los requisitos de Ley, mantienen un récord impecable de ejecución y rendimiento de cuentas? Los proyectos no deben faltarle a dicha empresa, pues los clientes privados y estatales pueden comprobar que es una empresa honesta y capaz.

La realidad es otra. El Estado prepara pliegos específicamente para mantener a las buenas empresas fuera de los actos públicos grandes, beneficiando a las empresas corruptas, puesto que ya tienen experiencia en proyectos de ese tipo. ¿Cómo puede una empresa pequeña obtener la experiencia si no la dejan participar? La respuesta es obvia: no puede, ergo, no participa, y vemos a los mismos corruptos recibiendo órdenes de proceder a montón. Estos mismos corruptos que luego entregaran obras de menor calidad que lo pactado, o que simplemente desaparecerán de la faz del país dejando obras incompletas, y a una población endeudada y sin soluciones.

En Panamá nos han enseñado que aquí se premia el delito, el engaño, y que ser honesto te mantendrá tranquilo, pero pobre. Vivimos en una sociedad de clavos en la que al clavo recto, el que sobresale, siempre es al que se le golpea, mientras que a los clavos torcidos se les deja tranquilos. Así condenamos a los honestos, y premiamos a los corruptos. Duraron poco las máscaras.

Dios nos guíe.

INGENIERO CIVIL, MIEMBRO DE SPIA-COICI, SECCIONAL DE AZUERO, INSPECTOR DE LA JTIA.