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20 de Nov de 2019

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Jorge Anel Samaniego Ríosopinion@laestrella.com.pa

Columnistas

Letras de sangre

Nuestro pequeño, pero enorme país cuenta su historia con sangre. Aún cuando se diga que acá las independencias fueron “compradas” de alguna manera, la realidad es que los momentos más aciagos de la Historia Nacional se han escrito en letras de sangre. Y es que los panameños éramos valientes. Los panameños éramos honestos. Los panameños amábamos a nuestro país. En consecuencia con esa extinta mentalidad, teníamos líderes con ideales, con capacidades intelectuales, y eran precisamente esas ejemplares figuras las que se elegían como gobernantes.

Asimismo, nuestra juventud era revolucionaria, no rebelde. No solo estaba interesada en el acontecer nacional, sino que era parte de todos los procesos, involucrándose con una entrega tal que llegaba al punto de poner los muertos para defender la justicia social, y al país.

Veo con tristeza y preocupación cómo esa mentalidad se ha ido perdiendo, al punto de que no reconoceríamos la sociedad actual si la comparamos con lo que fue la sociedad civil del siglo pasado. No hay un anhelo de justicia. No hay intenciones de cambiar el rumbo del país, sin importar que la dirección que llevamos, desde hace décadas, nos llevará inevitablemente al abismo, a un Estado fallido. No estamos tan lejos de esa realidad, y como ejemplo podemos tomar la situación actual de Chile, donde reina el caos desde hace días, y ese desorden surgió aparentemente de la nada.

Lo que sucede en Chile es el resultado de décadas de “discursos huecos”. La sociedad se hartó y, de manera violenta, estalla contra los que juzga culpables de su miseria. Es un desastre que se viene repitiendo globalmente: Honduras, Brasil, Venezuela, y más lejos de nuestro entorno, España. Y es que hay un denominador común en cada una de estas refriegas, que ya cobraron muertos: corrupción y desigualdad. Las personas se han cansado de ver cómo los bellacos de siempre se roban las arcas del Estado, a la vez que se roban su futuro y sus sueños.

Para evitar llegar a esos extremos, los ciudadanos debemos hacer un esfuerzo real de limpiar nuestra casa. Tomaré como ejemplo mi “casa”, donde me desempeño y orgullosamente me permite codearme con un grupo de mis iguales, la Sociedad Panameña de Ingenieros y Arquitectos (SPIA), y la Junta Técnica de Ingeniería y Arquitectura (JTIA).

Preocupados por los problemas de corrupción en tanta obra del Estado, empezamos a “mirar hacia adentro”. Lo que encontramos no nos gustó. Corrupción en el gremio, y entre directivos. Lejos de mirar hacia otro lado, iniciamos un proceso, que aún no termina, de revisión de nuestros agremiados y empresas certificadas. Descubrimos que algunos directivos regían una Junta Directiva y un gremio paralelo, en el que, por sumas altas de dinero, podías comprar idoneidades particulares, y por otra realera, hasta se podía certificar empresas. Corrupción y podredumbre.

El inicio del cambio se dio cuando se sancionó a aquellos involucrados en engaño, empezando por las cabezas de las direcciones. Las sanciones están estipuladas en nuestra Ley, la Ley 15, con lo que se les removió de por vida la idoneidad a algunos de los que fueron hallados culpables. Nuestras investigaciones continúan, y así cada semana son más los casos descubiertos y procesados, sacando de circulación a los impostores. Eso evidentemente incomodó a algunos miembros, pero la mayoría tiene claro que aquel que no cumple con la Ley, se va, y con un proceso Legal en su contra.

Nuestro gremio no sabe de leyes, sabemos de construcción. Respetamos la Ley, y la hacemos valer, no por conocimiento, sino por convicción. Por convicción sentamos un precedente de sanciones y escarnio público a los infractores. No somos perfectos, pero sí somos honestos. Quedan muchos “malos profesionales” dentro y fuera de nuestras filas, pero la cacería no termina, y créanme, venimos por ustedes. Siendo un gremio colegiado, ponemos nuestro granito de arena contra la corrupción.

Es por esta razón que no entiendo por qué no se manifiestan otros gremios y sancionan a sus malos miembros. Hay demasiados abogados involucrados en la inmundicia más aberrante sin que sus colegas digan nada al respecto. Entiendo que toda persona tiene derecho a una defensa, pero es que hay muchos abogados que se dedican a escoger como clientes a los peores malandrines, asesinos, narcotraficantes y hasta violadores, haciendo fortuna con eso. Tienen una visión tan torcida de la justicia, que no buscan probar la inocencia de sus clientes, sino que buscan procesos dilatorios y leguleyadas para lograr declarar “no culpable” a aquel que paga sus honorarios.

A los buenos abogados, recuerden que los miden a todos con la misma vara, a menos que se manifiesten en contra del proceder actual de sus más famosos colegas. ¿En serio Colegio de Abogados, no van a decir nada?

El gremio médico tampoco está tomando cartas en un asunto que involucra a uno de sus colegas. Está acusado de violación carnal y actos libidinosos, pero no hay sanción. A los buenos doctores, “el que calla, otorga”, reza el refrán.

Es precisamente la inacción que hemos asumido como sociedad la que ha permitido el paso de verdaderos impresentables a lo que debía ser el órgano que representa a cada panameño y que vela por un mejor país, el Órgano Legislativo. Lejos de eso la Asamblea Nacional nos sorprende cada vez más, logrando nuevos récords en lo bajo que pueden llegar a caer.

Existen buenos diputados. Tengo el placer de conocer algunos. Sin embargo, la mayoría de los miembros del hemiciclo, y en especial de la aplanadora gobernante han dejado claro que no gobiernan para el país. Lo único que les interesa es blindarse para hacer lo que les venga en gana, llegando incluso a sesionar “a puerta cerrada” en una muestra clara de desconocimiento del significado de ser servidor público.

La lógica parlamentaria parece ser “los delincuentes son malos, a menos que sean de nuestro grupo”, dando el más claro ejemplo de justicia selectiva, y manejo de influencias. Pretender que estos “reyezuelos” sean los que escriban la nueva Constitución, es lo mismo que pretender que los reos reescriban las Normas del Sistema Penitenciario.

Si bien es cierto que la vena revolucionaria y social de nuestra sociedad está dormida, no está muerta. Con cada nuevo escándalo, los diputados la despiertan un poco más, y más temprano que tarde puede despertar el soberano a escribir con nuevas letras de sangre otro capítulo histórico, enderezando el rumbo que los maleantes con corbata han torcido.

No esperemos a tocar fondo como nuestros hermanos latinoamericanos para exigir que los diputados hagan su trabajo en beneficio de Panamá, no de su partido ni de sus familiares.

Tic-tac, el reloj está corriendo.

Dios nos guíe.

Ingeniero civil, miembro de SPIA-Coici, Seccional de Azuero, inspector de la JTIA.