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16 de Nov de 2019

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Columnistas

La épica de la Ciudad del Saber

“La siembra de banderas, [...], se ha constituido en un homenaje a aquellos que, en medio de amenazas, lo hacían desde el año 1958 y de los infaustos sucesos del 9 de Enero de 1964”

Con el fin de iniciar las festividades del mes de la patria, la Ciudad del Saber celebró hace unos días sus 20 años de existencia en un acto inolvidable que, en complicidad con un día soleado y caluroso, permitió izar una enorme bandera y la posterior siembra de la enseña patria, como se ha hecho tradicionalmente desde 2004, rememorando las acciones nacionalistas que se verificaron en los años 50 y 60.

El invitado de honor y orador de fondo de esta celebración, que convocó a miles de personas que disfrutaron de un espléndido desayuno típico, fue el expresidente Ernesto Pérez Balladares, responsable directo y gestor de ese portentoso proyecto, que tuvo la entereza y el arrojo, en la I Cumbre de las Américas de 1996, celebrada en Miami, de lanzar la idea. Ya en 1993 un grupo de empresarios concibió la utopía de crear una “plaza socrática” en lo que fue la sede del Comando Sur en la antigua Zona del Canal en un área de 120 hectáreas y más de 200 edificios, que fue transformado en un centro del conocimiento y cambió las armas por libros y los soldados por estudiantes y profesores.

A fin de hacer realidad esa soñadora idea, en julio de 1995 se creó la Fundación Ciudad del Saber, que la blindaba de los cambios electorales que se dan cada cinco años y que contó con los más prestigiosos hombres y mujeres que han llevado adelante un proyecto que es un ejemplo para el mundo.

Desde esa privilegiada posición geográfica, frente a las esclusas de Miraflores, empresarios, científicos, pensadores, artistas, líderes de las comunidades, así como organismos internacionales coadyuban a diario para generar un cambio social.

En su brillante discurso el expresidente Pérez Balladares relató las épicas que ha atravesado el país, especialmente en su lucha reivindicativa por la soberanía en todo su territorio. Allí desmenuzó un pensamiento que le había dado vuelta en la cabeza a raíz de unas declaraciones del expresidente de Chile, Ricardo Lagos, en torno a los sucesos de crisis social que se verificaron recientemente en el país austral, de que “cada generación tiene su épica” y a la nuestra nos ha tocado sembrar banderas para cosechar soberanía.

Señaló el expresidente Pérez Balladares que “a lo largo del siglo pasado, el pueblo panameño, en especial su juventud, decidió que su prioridad, su papel histórico, era iniciar, al costo que fuera, la recuperación plena de nuestra soberanía. Y Omar Torrijos lideró la parte final de esa épica, y nos dejó la inmensa tarea de implementar lo que él había logrado. Que no fue tarea fácil”. Destacó la importante participación que tuvieron figuras emblemáticas en la lucha por la soberanía como Aquilino Boyd y Ernesto Castillero, entre otros, así como la ingente labor que han realizado por convertir esa utopía que era la Ciudad del Saber en lo que es hoy, su presidente ejecutivo Jorge Arosemena e Irene Perurena, vicepresidenta, que han sabido llevar a cabo su mandato con compromiso y mística, adaptándose a la evolución que obliga la modernidad.

La siembra de banderas, que por 15 años se ha verificado en frente de las oficinas principales de la Ciudad del Saber, se ha constituido en un homenaje a aquellos que, en medio de amenazas, lo hacían desde el año 1958 y de los infaustos sucesos del 9 de Enero de 1964. La Ciudad del Saber, dijo Pérez Balladares, “sin que nos lo hubiéramos propuestos los que concebimos su creación, se ha convertido en estos veinte años, en el símbolo de todas esas luchas, de todas esas epopeyas pasadas”. Y qué mejor forma de celebrar su aniversario que reconociendo a los que hicieron posible que se llevara a cabo un proyecto tan ambicioso como utópico, un centro del conocimiento.

Ya el 15 de agosto se le había reconocido al expresidente su papel preponderante en la creación del Patronato de Panamá Viejo, que rescató de la desidia histórica más de cuatrocientos años de abandono de nuestra primera ciudad a orillas del Océano Pacífico. Ahora le tocó a la Ciudad del Saber hacer lo propio. Honrar honra. Y pensar que hay quienes proponen leyes que pondrían en manos del estado los patronatos, que han sido la fórmula de éxito para que tanto Panamá Viejo, el Museo del Canal, la Biblioteca Nacional y la Ciudad del Saber sean un ejemplo de ejecución profesional y transparente.

Arquitecta