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18 de Nov de 2019

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Columnistas

Un devenir épico

“Las gaviotas vencen al águila... y el 31 de diciembre de 1999 Panamá rescata la plena jurisdicción nacional en la zona canalera”

El acontecer panameño sobrevive al permanente acecho de las águilas imperiales; somos violados repetidas veces y siempre conservamos la virginidad primigenia, renacemos ante la adversidad y el infortunio con mayor fortaleza anímica.

El poeta Ricardo Miró, canta a las gaviotas, aves marinas que aman los grandes espacios oceánicos. Los panameños, como las gaviotas, amamos la libertad, la independencia y el derecho a decidir por nosotros mismos, tenemos el alma de rosa y músculos de acero.

La nación panameña es aluvional, somos muchos rostros en uno, nuestra identidad es múltiple; con quinientos años de historia tiene una constante que la caracteriza: la épica de la esperanza, nunca nos rendimos, actuamos con dignidad y autenticidad.

Hombres y mujeres hacen de la Patria Sagrada una comunidad con un claro sentido de pertenencia. Los panameños hacemos de cada pena y ultraje un estandarte para superar nuestras dificultades.

El ser nacional tiene un difícil, doloroso y traumático parto, confrontamos a las águilas imperiales que nos asedian (España, Inglaterra, Francia, Estados Unidos y China). Las aves de rapiña procuran apoderarse de nuestra ruta estratégica por su impacto mundial.

1903 propicia la colisión de dos fuerzas antagónicas, los Estados Unidos con la política expansionista urge de un canal y Panamá aspira a organizar políticamente la unidad nacional, lejos del poder colombiano. El Panamá Cede permite la presencia del Coloso del Norte en el corazón geográfico del Istmo. El enclave colonial obsesiona nuestra identidad nacional y dialécticamente, surge la épica de la Soberanía.

Panamá en 1821 se independiza de España y se une voluntariamente al sueño de Bolívar, la Gran Colombia (Venezuela, Nueva Granada, Ecuador). Los panameños participamos en los batallones que luchan por la libertad de la América criolla. José Domingo Espinar se distingue como jefe del Estado Mayor de Bolívar, es su secretario privado y médico.

“El ser nacional tiene un difícil, doloroso y traumático parto, confrontamos a las águilas imperiales que nos asedian (España, Inglaterra, Francia, Estados Unidos y China)”

Los istmeños, disuelta la comunidad política de la Gran Colombia, realizan distintos intentos separatistas de Bogotá en 1830, 1831 y 1840; luego se organiza el Estado Federal de Panamá de 1855 a 1885 y se protesta contra el centralismo colombiano con el Convenio de Colón de 1861.

La Guerra de los Mil Días (1899 – 1902) une a los istmeños contra el conservatismo bogotano. Belisario Porras, Victoriano Lorenzo, Carlos A. Mendoza, Eusebio A. Morales y Domingo Díaz son los adalides del movimiento separatista, truncado por el Coloso del Norte que necesita, sin demoras, un canal. Los Estados Unidos imponen el Tratado de Wisconsin de 1903, al imperio no le conviene el triunfo de las fuerzas liberales de Panamá y prefieren negociar con una Colombia debilitada. Victoriano Lorenzo es asesinado por el contubernio de los liberales colombianos, los conservadores panameños y los Estados Unidos.

El acto separatista de 1903 hace posible la coincidencia de distintos intereses: Estados Unidos necesita un canal para afianzar su geopolítica mundial, Phillipe Bunau Varilla quiere rescatar la inversión millonaria del fracasado canal francés y la nación panameña aspira a consolidar, institucionalmente, el Estado Nacional.

Colombia rechaza el Tratado Herrán-Hay en 1903, simultáneamente Phillipe Bunau Varilla y los panameños sienten la urgencia de una acción redentora. El francés quiere salvar, por lo menos, cuarenta millones de la inversión del proyecto de Ferdinand de Lesseps; actúa astutamente entre Washington y Panamá y favorece siempre los intereses estadounidenses. Phillipe Bunau Varilla traiciona a Panamá.

Manuel Amador Guerrero y José Agustín Arango dirigen a los conservadores del Istmo y conspiran para lograr la separación de Colombia. El águila imperial con Theodore Roosevelt y John Hay se aprovecha de las circunstancias, y nos imponen el Tratado Hay - Bunau Varilla (1903) con la cláusula de la perpetuidad y la creación del enclave colonial de la Zona del Canal; son los tiempos de la Patria Boba.

El tres de noviembre de l903 surge la República de Panamá, con una soberanía mediatizada. “I took Panama”, declara Teddy Roosevelt, el águila imperial con las feroces garras atrapa a la indefensa gaviota; pero, desde ese instante trágico, miles de gaviotas en raudo vuelo, durante 97 años picotean las alas del águila y la derrotan, la perpetuidad solo les dura un suspiro en el devenir infinito del tiempo.

La historia oficial, deliberadamente, desconoce a los verdaderos protagonistas del Acto Separatista de 1903. Los generales Esteban Huertas y Domingo Díaz acuerdan, en secreto, una alianza estratégica para asegurar el respaldo del arrabal santanero, mayoritariamente liberal, al movimiento separatista.

Esteban Huertas nunca confía en la dirigencia conservadora y los hechos le dan la razón; al desembarcar las tropas colombianas en Colón, los conspiradores dejan solo a Manuel Amador Guerrero y, en esa tarde de grandes decisiones, llega al cuartel de Chiriquí una manifestación popular encabezada por Domingo Díaz. Esteban Huertas le entrega las armas y se constituye el ejército nacional al mando de Guillermo Andreve que defenderá los intereses panameños. El pueblo liberal del arrabal santanero garantiza el acto separatista de 1903.

Los liberales panameños durante la Guerra de los Mil Días derrotan a las fuerzas colombianas, pero la intervención de los Estados Unidos impide el triunfo istmeño; es más cómodo negociar con Colombia el canal, pero las contradicciones internas agudizadas por los conflictos políticos los llevan a rechazar el Tratado Herrán-Hay el 12 de agosto de 1903. Los istmeños que durante todo el siglo XIX manifiestan su determinación de ser independientes, actúan con prontitud, y se da la encrucijada entre el águila y la gaviota.

La institucionalidad republicana se logra a plenitud el 31 de diciembre de 1999. Panamá con el Tratado Torrijos-Carter asume el control del Canal. Los panameños con tenacidad y patriotismo le damos fin al enclave colonial con la épica de la soberanía que aglutina a distintas generaciones.

Los retos que debemos afrontar son muchos, pero con la firme decisión de superar los impedimentos del ayer, una juventud inteligente y profesionalmente capaz, hará del Siglo XXI la patria que todos queremos. Hoy ya lo vemos con las protestas cívicas contra las reformas constitucionales.

El poeta Ricardo Miró lo expresó con un verso, vigoroso y sonoro, vaticina la angustia de la carne y el oro amasados con sangre por la raza futura (9 de Enero).

Las gaviotas vencen al águila... y el 31 de diciembre de 1999 Panamá rescata la plena jurisdicción nacional en la zona canalera.

Nota: recomiendo para ampliar información sobre la saga nacionalista, la lectura de mis libros “Memoria de mis memorias”, “Los rostros del tiempo” y “La épica de la soberanía”.

Docente, historiador y escritor.