10 de Ago de 2022

Columnistas

A la juventud de la patria

“Ninguno ama a su patria porque es grande, sino porque es suya”, Lucio A. Séneca.

El 4 de noviembre de 2019, La Estrella de Panamá publicó en su página 2A las declaraciones del arzobispo de Panamá, monseñor José Domingo Ulloa, durante el Te Deum dominical en la Catedral Metropolitana, para aconsejar a los jóvenes panameños lo siguiente: “... no se dejen domesticar, pero asuman el compromiso de prepararse a conciencia, conociendo su historia personal, social, cultural, su historia de fe, de mano de los abuelos y de los mayores, solo así podrán transformar aquellas situaciones de injusticia y de inequidad que hieren a la sociedad”... “ustedes nos han confirmado que son el presente de esta Patria y que no están dispuestos a dejarse robar la esperanza; que no son meros espectadores silenciosos y alienados”.

La patria es un sentimiento que se materializa y un concepto espiritual, no una entelequia, y ese compromiso que para monseñor Ulloa deben adquirir los jóvenes, define, sabiamente y de manera general, lo que debe ser un joven patriota; conocedor de su historia y respetuoso de sus mayores.

La Patria no es solo el lugar en donde residimos, sino que hay ciertos elementos que la componen. Tiene que haber un amor al terruño, con familias y núcleos sociales que constituyen la fuerza de una nación y que mantienen muchas cosas en común como signos de identidad nacional. En ese terruño deben existir cualidades, pensamientos, conceptos de soberanía, conocimientos de su propia historia y grupos que conformen una unidad y que existan entre ellos relaciones familiares y de amistad. Como decía nuestro poeta Ricardo Miró Denis: “La patria es el recuerdo, pedazos de la vida, envueltos en jirones, de amor o de dolor”, así se forja una Patria, y dentro de ella, se necesitan Leyes, una Constitución Política e instituciones que ordenen el modo de vivir de los humanos que cohabitan en ese terruño.

Lo cívico, raíz del verdadero patriotismo, tiene una serie de pautas que conciernen a los ciudadanos, desde su infancia y que a su vez desde la escuela primaria, deben estar contempladas en las leyes educativas. Los mismos padres, tienen la obligación de fomentar en sus hijos estos conceptos propios del civismo. En los lejanos tiempos de mi niñez, nos infundían en el hogar el sagrado amor a la Patria, a la familia, a los padres, a los amigos y a todo lo que nos rodeaba; luego al comenzar los estudios primarios, se nos inculcaba la práctica del civismo, con el amor a los símbolos patrios, a los valores, a la ética, etc., conceptos que estaban consignados en la Constitución, las Leyes educativas, y en los textos escolares.

Recuerdo las enseñanzas en los libros “Quiero aprender” y el “Segundo libro de lectura”, que eran fundamentales en la formación cívica del alumno de grados básicos. Civismo y Urbanidad, materia transversal que comprometía todas las asignaturas, desde las humanísticas hasta las de ciencias; era una de las materias más importantes en el pensum educativo de entonces. Sin embargo, con el correr de las décadas, fue reducida gradualmente, hasta quedar prácticamente en cursillos sin importancia.

Observamos que esto ha dado como resultado que en nuestro país, en la actualidad, al no cultivarse correctamente el civismo, que es el que nos conduce al patriotismo auténtico, hay lo que podríamos llamar un “patrioterismo” o “patriotismo patriotero”, entendiendo por esto una ideología que “alardea de lo patriótico” de manera excesiva, ostentosa, superficial e inoportuna, perdiendo totalmente el significado de Patria. Esto es lo que está ocurriendo.

Por ello en la educación panameña debemos contemplar estos criterios, para llegar a un claro consenso de lo que es Patria y de esta manera podríamos formar a los ciudadanos en el civismo profundo para que sean ciudadanos patriotas, retroalimentados en el amor a la patria, practicando los valores cívicos y los principios éticos, tal como aparecen en el Decálogo del Patriota: “Defender la dignidad nacional; respetar los símbolos patrios; promover el estudio del folclore, la historia y la cultura panameña, impulsar la democracia participativa, el respeto por los derechos humanos, la tolerancia y la convivencia pacífica, promover la libertad, la justicia social y la solidaridad entre todos los ciudadanos y la búsqueda del bien común en los principios cristianos, apoyar la educación popular, pública, gratuita y de calidad hasta el nivel superior, defender la producción nacional como garantía para la seguridad alimentaria del país, promover y defender la calidad de los servicios públicos, así como los servicios de salud, que debe ofrecer la seguridad social y el Estado panameño, mantener la vocación civilista y la obediencia de la fuerza pública al poder civil, asegurando la desmilitarización y la neutralidad permanente de Panamá para garantizar la paz, impulsar la reforestación y la protección al medio ambiente, ser ejemplo de probidad, luchar contra la corrupción, promover la racionalidad del gasto público e impulsar los valores cívicos y morales y la imparcialidad en la aplicación de la justicia, a fin de propiciar el desarrollo de una sociedad segura, justa e integradora de todos los panameños”.

Se podría pensar equivocadamente que para ser un joven patriota hay que llegar a la inmolación, porque nuestros jóvenes para alcanzar sus postulados, en estas épocas turbulentas, pueden llegar a vivir una vida de martirologio en las que sus luchas se convierten en un calvario, como ocurre en nuestros países de Latinoamérica, donde tienen que enfrentar a la politiquería reinante que desconoce el valor de la nacionalidad y el civismo, politiquería que confunde “Patrioterismo” con Patriotismo y el utilitarismo con bienestar. Esto desalienta a la juventud y hace desistir a la mayoría; empero, los jóvenes con valores luchan por sus ideales de una patria solidaria a la que aman y en la que ponen sus esperanzas. Esos jóvenes que persisten, son los patriotas.

Decía Juan Pablo Forner en uno de sus discursos: “Solo puede haber amor a la Patria donde el pueblo es artífice de sus leyes y de su política”. El ciudadano debe cumplir con esa extraordinaria sentencia que nos lleva a fortalecer los sentimientos patrióticos, cumpliendo con nuestros deberes y velando por la creación de leyes justas y participando pacíficamente en defensa de la Patria. He allí la razón por la que destacamos las sabias palabras de monseñor José Domingo Ulloa, porque los jóvenes tienen el deber patriótico de participar en nuestro acontecer cívico y es nuestra obligación apoyarlos en ese empeño.

Hoy, 14 de noviembre, que se celebra el Día del Patriota, qué mayor homenaje en esta fecha que dedicarla a los jóvenes patriotas que hoy forjan el futuro de una patria decente, justa y soberana.

Poetisa y docente jubilada.