Panamá,25º

06 de Dec de 2019

Jorge M. Torrente V.

Columnistas

El metabolismo social

El rápido crecimiento económico de Panamá es solo la punta del “iceberg” de un desequilibrado sistema que no tiene en cuenta las necesidades básicas reales de la sociedad, como: agua potable y electricidad, sanidad básica y educación, gestión y aprovechamiento de residuos sólidos, ordenamiento territorial y planificación urbana, seguridad social y alimentaria.

El rápido crecimiento económico de Panamá es solo la punta del “iceberg” de un desequilibrado sistema que no tiene en cuenta las necesidades básicas reales de la sociedad, como: agua potable y electricidad, sanidad básica y educación, gestión y aprovechamiento de residuos sólidos, ordenamiento territorial y planificación urbana, seguridad social y alimentaria.

Panamá, como nación joven, se encuentra en una etapa prematura de maduración que se refleja en sus inestables procesos políticos, pero principalmente en cómo la población cree que sus necesidades básicas son mágicamente resueltas, cuando se percibe colectivamente la noción de “crecimiento económico”.

Cada cinco años abunda la promoción de nuevos proyectos para el “bienestar social”, importados por el Gobierno de turno, a partir de ideas que en otros países lograron tener cierto éxito, con la consigna de que su implantación local tendrá el mismo resultado. Muchos panameños interpretan como necesidad básica lo que el Gobierno les define como bienestar social, hasta que se preguntan: “¿Si hay tanto bienestar social, por qué tengo tantas necesidades básicas?”. “¿Será que no hay tanto bienestar social como se escucha por ahí?”.

Sucede que la definición de bienestar social está basada en el tradicional discurso colectivo que coloca al aspecto económico como el indicador de bienestar por excelencia. La mayoría cree que, cuanto más se habla de crecimiento económico a nivel nacional, más bienestar social se debe poder experimentar a nivel individual.

Mientras el crecimiento económico sea para nosotros el indicador de bienestar social por excelencia, sin entender la relación que guarda el crecimiento económico con las necesidades básicas reales de cada panameño, siempre aplaudiremos o reprocharemos las acciones que consideramos buenas o malas del Gobierno de turno, pero nunca entenderemos en qué medida nos representan el bienestar social que esperamos.

Que cada panameño sepa diferenciar entre la percepción colectiva de crecimiento económico y la medida en la que el bienestar social resultante pueda realmente mitigar sus necesidades básicas individuales es importante. Panamá es el 12avo país más desigual del mundo y las alternativas de bienestar social son raramente de beneficio para la mayoría de la población. Cada actor del complejo sistema social tiene una versión de la realidad adaptada a sus propias necesidades y en la mayoría de los casos las necesidades básicas reales de la población no son tomadas en cuenta.

En este sentido, ¿podrá el panameño confiar algún día en la percepción colectiva de crecimiento económico como indicador fiable del bienestar social que mitigará sus necesidades básicas?

No, esto no es ni será posible. Hay un paso intermedio, que no es obvio ni evidente, entre la percepción colectiva de crecimiento económico y el bienestar social que finalmente se manifestará en la vida de cada panameño: los recursos biofísicos.

Los recursos biofísicos engloban la comida, energía eléctrica, agua potable, bienes materiales, comida y otros que necesitamos en cantidad y calidad suficientes para suplir nuestras necesidades básicas, esos que adquirimos con el recurso económico que debe materializarse individualmente en cada panameño a partir del crecimiento económico que se percibe colectivamente. La creencia popular es que las necesidades básicas se suplen directamente a partir del recurso económico, sin entender que son los recursos biofísicos los que finalmente consumimos para suplir nuestras necesidades básicas.

Para tener una mejor medida del bienestar social que recibiremos a partir de cierta percepción de crecimiento económico, debemos medir la cantidad y calidad de los recursos biofísicos que dicho crecimiento nos representaría. El concepto de Metabolismo Social, derivado de la emergente ciencia de la complejidad, permite interpretar el flujo de recursos económicos en términos del flujo de recursos que son realmente consumidos según los patrones de consumo específicos de nuestra cultura, incluyendo los residuos y emisiones contaminantes que se generan en el proceso.

Para lograr ver esta dimensión oculta de la economía, la clave está en la magia de la información, que nace en forma de datos que se recopilan, ordenan y analizan para detectar y entender los patrones de comportamiento que nos definen como sociedad.

Sin fuentes de información confiables y validadas sobre la cantidad y calidad de los recursos biofísicos que reciben los panameños a partir del recurso económico que dice beneficiarles, no será posible llevar a cabo consensos colectivos para la toma de decisiones informadas ni será posible determinar las necesidades básicas reales del país desde el punto de vista personal de cada panameño.

Esta es nuestra situación actual: todo proyecto propuesto para el “bienestar social” se mide en base a su rendimiento económico y no en base a los beneficios que realmente aportaría a la sociedad con la medida de la cantidad y calidad de los flujos biofísicos que devendrán de éstos.

¿Qué se necesita entonces para salir de la paradoja social en la que estamos sumergidos?

Medios tecnológicos de recopilación de datos y análisis cuantitativos que nos permitan detectar y entender las carencias socioeconómicas de los panameños, mirándolas simultáneamente a través de escalas de tiempo mayores a periodos de Gobierno de cinco años, y a distintos niveles geográficos.

Correlacionar causas y efectos de la toma de decisiones de cada periodo de Gobierno y detectar fallas en estos procesos, estableciendo así un hilo de conexión de sucesos medidos y analizados, y no solo historias cualitativas cuyos detalles se pierden en el tiempo, porque no cuentan con fundamento cuantitativo para ser juzgadas más allá de la memoria de corto plazo de la población.

Un sistema de investigación científico-técnica que trabaje en tripleta Gobierno-academia-empresa, un observatorio social sólido e incorruptible, que realice estudios rigurosos en todos los ámbitos que conciernan al bienestar social del ciudadano y refuerce los sucesos históricos con mediciones reales que les fundamenten.

Solo así podremos recordar historias cuantitativas y curar la amnesia colectiva que nos lleva una y otra vez a tomar decisiones basadas en el interés de los actores sociales que la escriben y reescriben a su conveniencia.

Ingeniero