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14 de Aug de 2020

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Mireya Lasso

Columnistas

Manejo de desechos con una clara política estatal

La generación, recolección, procesamiento y disposición de los materiales desechados por el ser humano es materia de preocupación a nivel mundial. Un estudio del Banco Mundial indica que 2/3 de los 2010 millones de toneladas de desechos generados anualmente no son tratadas. Debido al crecimiento de la población y al desarrollo económico, los desechos aumentarán 70 % en los próximos 30 años; sin embargo, ello afecta mayoritariamente a los grupos más vulnerables.

En Panamá, a pesar de la falta de datos fiables que muestren fehacientemente la situación de la gestión de nuestros residuos, una investigación reciente de la AAUD demostró que nuestra situación no escapa del problema y de sus consecuencias nefastas. La constante queja de la población que reclama recolección oportuna de desechos y el desagradable panorama de basura regada en vías y plazas públicas conforman permanentemente las evidentes deficiencias de nuestro sistema. Con una generación de 1241 kilogramos por día por habitante, resulta evidente que los desechos no recogidos o los deficientemente eliminados tienen un impacto negativo para la salud y para el medio ambiente, resultando en enfermedades —que incluyen diversas clases de cáncer causadas por residuos peligrosos—, daños al medio ambiente y a la fauna, contaminación en el suelo y en los cursos de aguas superficiales y subterráneas, atracción de roedores e insectos con parásitos gastrointestinales, fiebre amarilla, gusanos, pestes, afecciones respiratorias por causa de las quemas y conflictos sociales y políticos. A la vez, el tratamiento y eliminación de los residuos produce cantidades significativas de gases de invernadero, principalmente metano, que contribuyen al cambio climático global.

Esta conclusión es avalada por expertos del Banco Mundial, que aseguran que en el mundo “la gestión inadecuada de los desechos está produciendo la contaminación de los océanos del mundo, obstruyendo los drenajes y causando inundaciones, transmitiendo enfermedades, aumentando las afecciones respiratorias por causa de la quema, perjudicando a los animales que consumen desperdicios, y afectando el desarrollo económico, por ejemplo, al perjudicar el turismo”. Los países de ingreso mediano alto y los de ingreso alto proveen servicios casi universales de recolección de residuos, pero en Panamá solo un 64.2 % de la población del país cuenta con un servicio de recolección; los municipios son los principales responsables de brindar este servicio, mientras que el resto de los habitantes depende de particulares o directamente queman los residuos, los entierran, o los tiran en terrenos baldíos, en ríos, quebradas, lagos o al mar.

Nuestras deficiencias tienen muchas causas. No hay obligación en Panamá ni tenemos un sistema establecido de separación ni reciclaje de desechos, que se logran por iniciativas privadas. Los pepenadores son los encargados de hecho de limpiar los metales, vidrio, plástico, textiles y otros materiales, para obtener una ganancia con su venta, actividad que tiene un efecto económico positivo para ellos, pero también tiene efectos negativos de enfermedades, pobreza, explotación y abusos. Unos 600 pepenadores en todo el país trabajan por su cuenta en más de la mitad de los vertederos inventariados.

En Panamá la AAUD identificó 62 sitios de disposición final administrados por municipios, de los cuales solo dos son rellenos sanitarios con la debida impermeabilización —Cerro Patacón y Río de Jesús—, mientras que los 60 restantes son vertederos a cielo abierto. En estos últimos, el proceso de descomposición de la materia forma los lixiviados que arrastran los productos tóxicos de la basura para contaminar las aguas subterráneas que luego se utilizan para consumo humano y riego, al tiempo que se producen cantidades de gases tóxicos que pueden agravar el efecto invernadero y el cambio climático global.

Las rutas de recolección de desechos, el diseño de los vehículos de recolección y su difícil transitar por las vías públicas son poco eficientes, lo que unido a una escasa educación de la población y alta morosidad en el pago de la tasa de aseo, hacen todo el sistema de recolección de desechos altamente ineficiente y extremadamente insatisfactorio para la población. A esos factores se suma la necesidad de expansión y ubicación de plantas de tratamiento y de eliminación de residuos, lo cual dificulta aún más la prestación de servicios eficientes.

Un dilema todavía pendiente es la ubicación más eficiente de la función de recolección, manejo y procesamiento de desechos. Durante el último quinquenio fue evidente la disputa entre la AAUD y el Municipio de Panamá por el ejercicio de esa función, mientras que en otras regiones la función correspondió a los municipios.

Se hace evidentemente necesaria una firme política oficial apoyada con recursos presupuestarios adecuados, similar al tratamiento de aguas servidas que desembocan en la bahía, con el fin de lograr también el adecuado procesamiento de residuos para reutilizarlos o reciclarlos para satisfacción ciudadana.

Exdiputada