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22 de Sep de 2020

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Jorge Luis Macías Fonseca

Columnistas

Leche condensada o leche evaporada

Realmente me llamó poderosamente la atención el último discurso presidencial, por su contenido, y por el tono utilizado. El fondo de la exposición aludía al problema de la corrupción, tanto en el funcionario como en el del sector privado.

Realmente me llamó poderosamente la atención el último discurso presidencial, por su contenido, y por el tono utilizado. El fondo de la exposición aludía al problema de la corrupción, tanto en el funcionario como en el del sector privado. La respuesta a ello sería la dura acción del primer mandatario, lo cual terminaría —según propias palabras— con procesos en el Ministerio Público, luego de ser primero privado de libertad.

Interesantemente y para reafirmar su advertencia, dejó claramente señalado que no es hechura de leche condensada por lo que no sería aconsejable ponerlo a prueba. Una definición de leche condensada es: “… leche de vaca a la que se le ha extraído agua y agregado azúcar, lo que resulta en un producto espeso y de sabor dulce que puede conservarse durante varios años envasado sin refrigeración mientras no se haya abierto. El mismo producto sin agregados de azúcar se llamó leche evaporada…”. Quede para el lector su interpretación.

Importante entonces, a siete meses de gestión, preguntar: ¿si era necesario ese tipo de discurso?, ¿si se buscaba presentar otra cara para compensar muchos desatinos en el Gobierno? o, ¿si ya la corrupción estaba haciendo mella en el estrenado Gobierno?

Una forista, posteaba lo siguiente: “Estos son los temas que ni siquiera debieran ser abordados por el presidente. La gente debe ser poseedora de una mística de principios que funjan como su mayor freno para evitar caer en eso… Hacer las cosas por convicción, no por represión”.

Desde luego la población ya comienza a formarse una imagen de lo que puede ser la gestión del “Buen Gobierno”. La defensa de funcionarios con jugosos salarios, pero además con importantes designaciones remuneradas en varias juntas directivas, la renuencia a siquiera una llamada de atención a la directora de Migración, nombramientos selectivos en el servicio exterior contrarios a la carrera diplomática e igualmente a sectores muy afectos al Gobierno, errática política de seguridad, suspensión de compras directas no claras, austeridad para muchos y abundancia para pocos, son algunos ejemplos que envían un inadecuado mensaje que le quitan autenticidad a los recados del mandatario.

El estadista lo es por su visión de país, siquiera por la estridencia, que en ningún lado es aconsejable. Y es que debe existir una mística que conduzca por adecuados senderos para el logro de objetivos plenos en una sociedad con serios problemas. Es allí en donde el primer magistrado de la nación, como conductor, debe asumir un verdadero liderazgo. Precisamente en ausencia de eso, la falta de dirección y el caos se apoderan de la administración pública, dándole también espacios al sector privado para que haga malamente aprovechamiento en favor de sus intereses. Y, por supuesto, también venza la vocinglería que nada aporta al país.

Cuando el mandatario hace una aparición pública es para llevar mensajes claros a la población sobre una gestión que debe ser de respuestas. Exponer con claridad sobre sus políticas interna y externa, para el enfrentamiento a la pobreza y a la inequidad que corroen las bases de la sociedad es su responsabilidad.

Docente universitario.