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22 de Sep de 2020

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Víctor Manuel Collado Sánchez

Columnistas

Una llovizna que nos moje la existencia

No es que el mundo está para que se acabe mañana, pero todos los que lo habitamos ya tenemos los días contados. Hay más problemas de los que nos imaginamos y otros viven peores, pese a las quejas de quienes aún gozan de comodidades.

No es que el mundo está para que se acabe mañana, pero todos los que lo habitamos ya tenemos los días contados. Hay más problemas de los que nos imaginamos y otros viven peores, pese a las quejas de quienes aún gozan de comodidades.

Pero si dejáramos el egoísmo creando espacio y tiempo a la solidaridad, algunos problemas se resolverían, otros dejarían de ser tales o serían menos.

Podemos aprender de los mundos anteriores y luego alegrarnos o lamentarnos. Pero vivamos hoy el único que nos corresponde vivir y tan plenamente para llegar a ser dignos de él, sea que este resulte igual, mejor, distinto o peor a cualesquiera de todos los que nos antecedieron.

Somos héroes y/o víctimas. No somos ni nunca seremos dioses. Cada quien tiene el derecho de sentirse conforme consigo mismo, aspirar a ser más o ser superior a lo que otros piensan. Lo único que trasciende es el valor y la satisfacción íntima ya sea que nos acepten, rechacen o nos ignoren. La máxima prioridad es superarnos a nosotros mismos. Que tus metas y no las ajenas, sean la antorcha que señale el camino por el que andes. Porque el mejor regocijo hasta un segundo antes de cerrar los ojos para siempre, es saber que viviste la vida que decidiste y no la que otros pretendieron escoger por ti.

Cada quien decide en qué, en quién cree o a qué o a quién seguir. Si lo hace honestamente lo hace bien, aunque se equivoque, porque así es como debe ser. Cualquier falsedad contamina la autenticidad de la militancia, la creencia o la ideología.

Hasta los enemigos llegan a ser útiles. De los libros malos se aprende. Los errores educan. Las derrotas fortalecen y las traiciones ayudan para seguir andando y nos preparan cuando se hace necesario cambiar el rumbo o la velocidad.

Nadie es perfecto ni el mundo entero lo es. Sin duda que las ilusiones ayudan y alientan. Pero son las acciones reales las que atrasan o adelantan. Goza, goza, siempre en compañía. Viaja y viaja, pero nunca solo. Lee, lee y lee hasta la ceguedad y luego sigue leyendo. No imagino que existan, se haya creado o se inventen otros remedios que resulten mejores para retrasar el envejecimiento inevitable y/o hacerlo más agradable. Nadie transforma la realidad en solitario, pero si lo emprendes mal acompañado convendría mejor dejarla como lo encontraste antes que empeorarla.

Que tus hijos te superen. No que te imiten. Que tu familia de sangre sea insustituible, aunque no llegue a ser la única. Y no olvidar que seleccionar amigos es una decisión supremamente difícil que perdura o se desvanece en relación directa con la calidad de los motivos o circunstancias que provocaron que los encontraras.

Si llegas a ser bueno en lo que debes hacer, llegarás a hacer lo que puedes. Esa es la máxima de una persona responsable. Pero si haces lo que no debes, terminarás no haciendo lo que puedes. Y eso es lo que distingue al aventurero irreflexivo.

Y, por esta vez, se me ocurre preguntar ¿quién habrá inventado el estribillo muy popular en las ceremonias de despedida cuando el que se retira lo hace diciendo haber cumplido con sus deberes?

La verdad sea dicha: si la persona cumplió con sus deberes no lo determina el que suelta el “testigo” o la “estafeta” en el turno para el relevo. Eso lo deciden los que se quedan participando en la carrera.

Abogado