Temas Especiales

11 de Jul de 2020

Juan Luis Correa E.

Columnistas

El coronavirus

El mundo se encuentra estupefacto ante la inminente pandemia que podría desatar este nuevo virus mortal que inicialmente afectó a Wuhan, en China, y que hoy se propaga por doquier.

El mundo se encuentra estupefacto ante la inminente pandemia que podría desatar este nuevo virus mortal que inicialmente afectó a Wuhan, en China, y que hoy se propaga por doquier. Ya conocemos de casos en el Ecuador, Brasil y México. En cualquier momento nos dirán que ya está presente en varios países de Latinoamérica, incluyendo a Panamá.

El impacto de este virus letal es todavía muy difícil de cuantificar. Las bolsas de valores de las principales plazas financieras del mundo caen estrepitosamente ante la incertidumbre que plantea para la economía mundial y ante la posible disrupción de las principales cadenas de producción en los países más afectados. No debemos olvidar, aunque nos guste o no, que la globalización trajo consigo un nivel de interdependencia entre los países que nos obliga a depender los unos de los otros para la obtención de los suministros de las principales materias primas necesarias para la fabricación de la gran mayoría de los bienes de producción que se consumen en esta, nuestra Tierra. Y en ese sentido, es importante recordar que China se ha convertido en la principal fuente de fabricación de esos componentes y de los bienes de consumo del planeta.

En varios países se agotan los productos de los supermercados. El turismo y los viajes de negocios están disminuyendo. Nestlé ha pedido a sus ejecutivos que no viajen durante marzo. En el norte de Italia hay poblaciones desiertas y la gente sencillamente opta por no salir de su casa para evitar ser contagiada. Las mascarillas protectoras se han encarecido, en muchos lugares ya se han agotado y en otros se hace muy difícil poderlas conseguir. El Gobierno de Japón está cerrando las escuelas por un mes e insta a que sus estudiantes sigan las clases por internet. Varias empresas multinacionales anticipan resultados desalentadores para este primer trimestre y en gran medida, sus ejecutivos señalan que la causa principal es debido al brote del COVID-19. El Fondo Monetario Internacional advierte que el crecimiento mundial posiblemente no podrá alcanzar el estimado de un 3.3 % y la IATA calcula que los ingresos del transporte mundial podrían caer por el orden del 5 %. La OMC también alzó su voz de alarma y nos advierte sobre el probable debilitamiento del comercio mundial de mercancías en el primer trimestre del año en curso. En pocas palabras, estamos frente a un panorama realmente desalentador como resultado de la incertidumbre que genera una crisis como esta.

A manera de reflexión, pienso que la mayoría de los lectores podría coincidir en que, en efecto, hoy vivimos en un mundo interconectado e interdependiente. Mirando hacia el futuro, cada día que pase, nos vamos a necesitar más los unos a los otros. En este mundo globalizado, lo que pasa en algún lugar del planeta, tarde o temprano, tiene algún nivel de impacto en otro lugar. Así las cosas, ¡qué maravilloso sería que esta tragedia mundial que hoy nos afecta, pudiera producir una especie de catarsis colectiva!, para que los habitantes de este único país, que es la Tierra, podamos lograr una suerte de acuerdo de cooperación mundial sobre los temas que son para el beneficio común y dejar de velar por los mezquinos intereses que a lo largo de la historia nos han distanciado, nos han dividido y nos han enfrentado, propiciando conductas repletas de odios y de malos sentimientos que han afectado las relaciones entre los distintos países del planeta.

A manera de inventario y a riesgo de quedarme corto, menciono las posibles causas de estos conflictos: el cambio climático, los niveles vergonzosos de pobreza, la imperante desigualdad, la falta de agua, el crimen y la inseguridad en las principales ciudades, el narcotráfico, la corrupción, la pérdida de valores, la evasión fiscal, la mala calidad de la educación, los conflictos bélicos, políticos y sociales, estos son, sin duda alguna, los principales generadores de tensión entre los países y por ende, entre sus respectivos habitantes.

Al concluir este escrito, es muy prematuro anticipar las consecuencias de esta inminente pandemia mundial. Muchos países han adoptado medidas drásticas y se están preparando para lo que pueda venir. Si en el camino el mundo logra ponerse de acuerdo en mecanismos de cooperación para enfrentar una situación que nos afecta a todos, rogaría que esas soluciones comunes nos queden de ejemplo y propicien una hoja de ruta para que juntos podamos enfrentar los grandes retos que en el futuro inmediato están por acechar a la humanidad.

Economista